La rana transparente y el complejo de Frankenstein, 2
por Daniel Salvo

Hace buen tiempo ya, escribí un editorial, cuyo tema eran las posibilidades de alterar (positivamente, se entiende) la genética humana, para prevenir o curar enfermedades, prolongar la vida o lo que a uno se le ocurra. Por que si el material genético es manipulable... ¿cuál es el límite, sino el deseo y la curiosidad humana?

Francisco José Suñer Iglesias tuvo a bien reproducir ese editorial en el Sitio de Ciencia-Ficción, donde se generaron algunos cuestionamientos. Entre ellos, el más importante: ¿en quienes se realizarán los experimentos genéticos?

La verdad, es un excelente punto. Uno no suele cuestionarse el antes de casi todos los avances médicos de los que disfrutamos en el presente. Incontables personas debieron haber muerto cuando se realizaron las primeras transfusiones de sangre, pensé. O lo que es igual, para hacer una tortilla hay que romper huevos. Sin embargo, esta respuesta era insatisfactoria: debió ser muy diferente la experimentación con transfusiones en casos bastante extremos -hemorragias intensas, heridas de guerra- que una hipotética experimentación con el genoma humano, puesto que el sujeto de estudio sólo pueden ser otros seres humanos, esta vez sin circunstancia de emergencia. Ciencia sin ética, que le dicen. Gracias a esas dudas, pude adquirir ciertas nociones de bioética.

¿Qué hacer? Igual estaba yo convencido -y lo sigo estando- de las bondades que la manipulación genética puede ofrecer al ser humano en el futuro. ¿Era inevitable una etapa de investigación/experimentación que implicase la utilización de seres humanos vivos? ¿No sería tal experimentación un atentado contra la dignidad humana?

La verdad es que no había tomado en cuenta este aspecto de la investigación. Sin embargo, en ciertas circunstancias históricas, parece no haberse hallado otra salida. Incontables vidas se perdieron al hacerse las primeras transfusiones de sangre, por ejemplo.

Pero esto no puede ser una excusa para la experimentación con seres humanos, salvo en casos extremos, como podría ser una enfermedad terminal para la cual existe un tratamiento genético experimental. Hace poco, un ser querido falleció de cáncer a la médula, y otro padece alteraciones mentales. Dadas las condiciones terminales de ambos, no veo razón para oponerse a una experimentación que, de ser exitosa, pudiera salvar tanto su salud física como mental.

Por supuesto, los casos de enfermedades no agotan las posibilidades de experimentación genética. Es más, tal parece que los principales proyectos en este sentido involucrarían a embriones humanos, es decir, vida humana a la que se utilizaría como material de laboratorio. Sobre este punto hay una gran discusión que merece ser vista desde todas las perspectivas posibles, incluso la religiosa.

¿Qué hacer, entonces, para obtener algún beneficio de los avances en genética en seres humanos?

En su momento, consideré una posibilidad que no mencioné: el uso de simulaciones virtuales de organismos biológicos. Si hemos utilizado simuladores de vuelo (¿recuerdan el juego Flight Simulator?) de edificios, de corrientes oceánicas, ¿por qué no utilizar simulaciones de organismos humanos y proyectar en las mismas los efectos de alteraciones genéticas?

No mencioné dicha posibilidad en el artículo anterior por la siguiente razón: mis conocimientos de informática son tan precarios como los de genética. Plantear una solución sin la absoluta convicción de que es factible es equiparar la especulación con el razonamiento. Igual podría haber respondido que en el futuro nos encontraríamos con seres extraterrestres que nos enseñarían sus conocimientos en astronáutica, ingeniería y, obviamente, genética.

Por suerte, creo que no estaba tan descaminado. En el post Los 50 mejores inventos del año 2008 del blog Candor Chasma, se menciona el test de genética 23andme, un test de saliva que básicamente permite estimar la predisposición de la persona a más de 90 características y condiciones genéticas, como la calvicie o la ceguera.

A nivel latinoamericano, me permito transcribir parte de un interesante documento (Anales de la Universidad de Chile Sexta Serie, n 12, octubre de 2000) que aunque tiene ya sus años, no ha perdido vigencia:

En el maridaje de la Biología con la alta tecnología, los computadores empiezan a transformar la forma de diseñar medicamentos desde la primera fase de descubrimiento o invención del fármaco, hasta la última etapa de ensayo en humanos. Por ejemplo, los computadores clasifican y analizan las grandes cantidades de datos que se obtienen sobre genes. Se utilizan para cribar virtualmente cientos de miles de componentes e identificar los que puedan ser candidatos a medicamentos. En algunos casos, los fármacos se prueban en órganos virtuales o en pacientes virtuales.

Esas simulaciones en computadores reducen la necesidad de utilizar conejillos de indias animales y humanos.

La difusión de los computadores refleja, además, un mayor conocimiento de los sistemas biológicos, lo cual permite la utilización de métodos más cuantitativos que antes. El descubrimiento e invención de nuevos fármacos fue en su día un proceso de prueba y error, pero los científicos confían cada vez más en la información aportada por los genes, que contienen el plan o programa de la vida. Y los genes son un código que contiene las instrucciones para producir proteínas, que son las que realmente realizan las diferentes funciones en la célula (enzimas, receptores, etc.) y que, en algunos casos, como en el de la insulina, se pueden utilizar como medicamentos. Pero en la mayoría de los casos, la búsqueda de nuevos fármacos consiste en encontrar un componente que se unirá a una proteína activándola o bien impidiéndole que funcione. En el pasado, esto se hacía lanzando miles de componentes a la proteína-blanco objetivo para ver si alguno se quedaba unido a ella afectándola. Hoy esta criba o selección se puede hacer más rápidamente y de forma más económica en un computador, explorando en él miles de componentes en un solo día. A continuación, sólo hay que probar los 200 mejores componentes que indique el computador. Incluso después de descubrir un candidato a medicamento, quedan años de trabajo por hacer. Todavía hay que probar el candidato en animales y seres humanos para asegurarse de que es seguro y eficaz. Los computadores más recientes se han empezado a aplicar a esta última fase del desarrollo de fármacos en simulaciones de órganos o de enfermedades.

Las simulaciones por computador no serán nunca un sustituto de las pruebas clínicas, pero quizás podamos hacer menos pruebas clínicas y más eficaces.

Simular una prueba clínica exige algunos datos sobre la rapidez con la que el medicamento es absorbido por la sangre, cuánto tiempo permanece en la misma y a qué parte del organismo va, así como información sobre sus efectos en diferentes dosis. A menudo estos datos proceden de fases anteriores de pruebas clínicas, de estudios animales o de datos sobre medicamentos similares. Con un modelo informático, se pueden hacer pruebas clínicas en pacientes virtuales en cuanto a la distribución por edades, peso, sexo o gravedad de la enfermedad.

Las complicaciones, como por ejemplo que algunos pacientes olviden tomar su medicina, se programan en la simulación, y se pueden ensayar diferentes diseños: ¿proporcionarán 1.000 pacientes suficiente información o harán falta 2.000? ¿Deberán ser examinados al día siguiente o dos días después de tomar el medicamento?

Este ejemplo ilustra, claramente, los cambios que se están produciendo en la investigación farmacéutica y la importancia y urgencia de intensificar la introducción y uso de los sistemas bioinformáticos-computarizados en la formación de las nuevas generaciones de químico-farmacéuticos, a la vez que ponen más al alcance de nuestro medio investigaciones y creaciones de fármacos hasta ahora inalcanzables por su elevado costo. Además, son muy escasos los profesionales que dominan tanto la biología como la informática, situación que deberá ser también considerada en los programas de postgrado que ofrezca nuestra Universidad, pues si bien la nueva era en medicina no ha llegado del todo, sus fundamentos están siendo establecidos hoy.

Y para los que puedan leer en inglés Michael Anissimov en Accelerating Future

El futuro también puede tener cosas buenas.

© Daniel Salvo
(1.303 palabras)
Publicado originalmente en Ciencia Ficción Perú el 1 de noviembre de 2008