Criminalizando al espectador
por Alfonso Merelo

Ayer he comprado un par de películas la primera es puramente de diversión, una de la serie Bond y la otra para documentarme para un ensayo que está en proceso de escritura ahora mismo.

Al disponerme a ver una de las dos películas, la de James Bond, lo primero que me he encontrado es un anuncio del Ministerio de Cultura que me cuenta que el copiar el DVD que estoy reproduciendo es un delito y que la propiedad intelectual es una cosa que hay que proteger.

¿Me han visto cara de ladrón, de pirata informático o de mantero?

¿Qué hace un anuncio así en una película que acabo de comprar?

Yo he comprado un producto y se me da otro diferente que no tiene nada que ver ni siquiera con el cine. Y, lo que es mas grave, lo tienes que ver por narices. Es el arranque del DVD y no se puede parar o pasar. Te lo tienes que tragar enterito.

Imaginemos que esto también se hace en los CDs de música. La primera canción siempre sería un anuncio radiofónico hablando de lo mala que es la piratería. ¿Qué dirían los autores? ¿Qué dirían los consumidores?

Entonces por qué se maltrata de esa manera lo audiovisual.

Podríamos extender la cosa hasta el infinito. Veamos.

Al comprar un coche nuevo un anuncio que dijera Robar coches está penado con cárcel, así que ojito.

Cuando se arranquen los automóviles, en el panel del ordenador aparecerá un anuncio de esta manera Si te pasas de velocidad y te pillamos te vas a enterar, so listo; u otro que dijera Estas mamao hasta las cejas ¿cómo vas a conducir así, so majara?

En las latas de comida preparada, por ejemplo la fabada, que está muy conseguida la verdad, se etiquetaría así: La receta de este plato es propiedad de «Fabada La Costa». Si usted hace este plato no puede usar esta receta. La infracción del copyright legal puede llevar acarreadas penas de cárcel.

Y así sucesivamente. Absurdo ¿verdad? Pero es muy real.

Lo cierto es que estoy muy harto de que se me criminalice preventivamente.

Pero que muy harto.

© Alfonso Merelo
(356 palabras)
Publicado originalmente en Memorando el 29 de marzo de 2009