La Alondra del Espacio
por Omar Vega

En 1905 Albert Einstein publicó su famoso paper que establecía la Teoría de la Relatividad Especial. Esta teoría definió las relaciones entre el espacio y tiempo, y la manera como el paso de éste último depende de la velocidad de un objeto con respecto a un marco de referencia. Se trataba del modelo más complejo y elegante del universo desde que Isaac Newton definiera su mecánica celeste en el siglo XVII. Las consecuencias de la teoría de Einstein no sólo cambiaron nuestra forma de ver el universo, sino que también alteraron la naturaleza de la guerra. Pues de las mismas inocentes matemáticas cósmicas se derivó la famosa ecuación de la equivalencia de la masa y la energía (E=mc2) la cual condujo directamente al desarrollo de la bomba atómica.

La Teoría de la Relatividad Especial pudo ser un gran avance para el desarrollo de la ciencia, más para los escritores de ciencia-ficción trajo una desastrosa limitación. Cuál ley mosaica inscrita en las tablas de la ley, la Relatividad impuso una limitante insalvable: nada puede viajar más rápido que la velocidad de la luz.

Al principio tal limitación pudo parecer ridícula. Después de todo, a la velocidad de la luz se llega a la Luna en un segundo. ¿Para que se necesita más velocidad? Sin embargo, la luz demora desde el Sol 8 minutos en arribar a la Tierra, y para que alcance los planetas exteriores se debe esperar horas. Si bien dentro del sistema solar ésta limitante sólo impone un retardo en las comunicaciones, las cosas se vuelven más graves cuando queremos viajar a las estrellas, que están separadas de nosotros a distancias que la luz tarda años y siglos en recorrer. Es más, para cruzar la galaxia montados en un haz de luz se requeriría 100.000 años, y para llegar a nuestras galaxias vecinas tardaríamos millones de años.

Pero un escritor de ciencia-ficción no puede tener tanta paciencia. Por eso, en 1928, cuando E. E. Doc Smith escribió su serial La Alondra del Espacio, tuvo que inventar un medio de superar la velocidad de la luz. En la obra, el protagonista, quien es obviamente un científico, descubre un catalizador que mezclado con cobre convierte la materia en energía pura, prediciendo la energía nuclear años antes que se hiciera realidad. Su nave, La Alondra del Espacio, dotada de energía infinita para fines prácticos, puede entonces emprender un viaje hacia los confines del universo a cientos de veces la velocidad de la luz.

Esa novela, publicada en la legendaria revista de ciencia-ficción Amazing Stories, es considerada la primera space-opera de la historia, pues en ella se describe por vez primera viajes interestelares. Luego de su publicación, gran parte de los autores de ciencia-ficción que siguieron no hicieron más que copiar su temática una y otra vez, y la velocidad de la luz ya no limitó la fantasía humana.

Hoy en día, millones de personas en todo el mundo están convencidas de que el futuro existirán imperios galácticos, los cuales serán integrados por naves espaciales que viajarán a cientos de veces la velocidad de la luz, cruzando las galaxias en meses. Y si bien, debido a la Relatividad, ese es un sueño que tal vez nunca se cumpla, al menos podemos disculpar a Smith por su habilidad para hacernos soñar con un futuro grandioso. Además, reconozcámosle su capacidad de prever el lado obscuro de la Relatividad: la energía nuclear.

© Omar Vega
(574 palabras)
Publicado originalmente en Argo Navis el 1 de octubre de 2008