La máquina de escribir de Dios
por Jesús Poza Peña

Ahora que está tan de moda hablar del LHC y los medios de comunicación insuflan en los ignorantes la posibilidad de que un agujero negro generado por partículas subatómicas se trague la Tierra, parece que las verdaderas noticias llegan del Fermilab. En este laboratorio situado en la Costa Este americana, se encuentra el segundo acelerador de partículas más grande del mundo (después del propio LHC)

Uno de sus experimentos, llamado MiniBooNE, que consiste básicamente en un detector de neutrinos, informó en la primavera de 2007 de un hallazgo que implicaba la existencia de un nuevo tipo de neutrino llamado estéril. Hasta entonces se creía que existían tres tipos de neutrinos (electrón, muón y tau) que oscilaban de una de sus variantes a la otra. Pero la aparición de esta cuarta forma implicaría, según los científicos, la existencia de dimensiones extra más allá de las tres del espacio y el tiempo.

Un nuevo experimento, MicroBooNE, acaba de ser aprobado con el fin de encontrar pruebas definitivas de la existencia de este tipo de neutrino. Si el modelo propuesto resulta ser cierto, nuestra realidad sería una brana, es decir un objeto tetradimensional incrustado en un bulk, otro objeto supradimensional que elevaría las dimensiones hasta un número de 10.

La reflexión a la que lleva esta idea puede resultar mareante. Buscando alguien que me la explicara acerté a dar con un sitio Web muy curioso: http://www.tenthdimension.com/.

Rob Bryanton, autor del libro del mismo nombre nos propone una forma de imaginar estas 10 dimensiones bastante sencilla y muy visual. Según este escritor la tercera dimensión sería una especie de plegamiento en las dos anteriores, lo que permite que nos movamos entre ellas.

Del mismo modo otras dimensiones nos ayudarían a movernos por las demás, al ser éstas plegamientos, atajos entre ellas.

La forma de explicarlo es realmente original, pero las implicaciones que conlleva son abrumadoras. Veamos, yo, como escritor, creo personajes que viven en un mundo de ficción con sus propias normas de espacio y tiempo, es decir, sus propias dimensiones. Sin embargo yo no estoy sujeto a ellas. De hecho si lo estuviera no podría escribir mi cuento o novela, ya que el tiempo transcurriría para mí a la vez que para mis personajes. Pero el escritor tiene múltiples herramientas que le permiten moverse extradimensionalmente con respecto a sus personajes. Toda la vida de mi protagonista puede transcurrir durante la novela, pero no toda la mía. Yo necesito y puedo ir hacia delante o hacia atrás, más rápido o más lento, puedo saltarme años, puedo elegir una época de la vida de mi personaje u otra para describirla.

Ahora supongamos que Dios existe. Si creó el Universo y nos creo a nosotros, tiene por fuerza que ser exógeno a este Universo, como yo lo soy a mi novela. Y por fuerza necesitará atajos que le ayuden a moverse por el Universo para crearlo o modificarlo a su gusto sin tener que recorrer las inmensas distancias del espacio y el tiempo que le sujetarían a sus propias reglas de ficción. Pues ahí están las demás dimensiones que investigan en el Fermilab. ¿Y si esas dimensiones extras son la máquina de escribir de Dios? ¿Y si son la manera en que escribe nuestros Flash-Backs y Flash-Forwards? Imaginaos la situación: nuestro Universo con cada uno de nosotros dentro es un libro de cuatro dimensiones, las necesarias para crear la ficción, y Dios nos escribe usando las demás dimensiones entre las que nuestra existencia está incrustada, igual que yo uso mi ordenador para llenar las páginas de mi libro. Si es capaz de escribir algo así, también será capaz de leerlo. ¿Y si incluso tiene lectores y puede vender su manuscrito? ¿Es Dios una criatura de 10 dimensiones, una persona creativa en un mundo de seres decadimensionales? Desde luego nuestro mundo sería un best-seller.

Como escritor no puedo imaginar un libro mejor, y si yo tuviera la capacidad de Dios no me cabe duda de que dedicaría toda mi creatividad a escribir novelas tan asombrosas como ésta que vivimos. Es el ideal, el sueño de cualquier novelista: poder crear tu propio universo.

© Jesús Poza Peña
(691 palabras)