Especial Duodécimo Aniversario
Vivita y coleando
Especial Duodécimo Aniversario
por Jesús Poza Peña

Cuando me decidí a escribir Ciencia-ficción, lo hice principalmente por dos motivos. Primero: porque es éste un género en el que todavía no ha aparecido esa gran novela que lo convierta en mito, como EL QUIJOTE hizo con los libros de caballería o PEDRO PÁRAMO con la literatura indigenista. Hay muchas grandes novelas de Ciencia-ficción, pero ninguna tan definitiva como las dos que he nombrado. Eso significaba una cosa; todavía se podía, y se puede, crear artefactos nuevos y hermosos en el género.

Y segundo: el acceso a la publicación era relativamente fácil, ya que el género contaba, y cuenta, con multitud de editoriales, sitios Web y revistas de todo tipo donde se puede encontrar espacio.

Ahora nos dicen que la Ciencia-ficción se muere, que se la come el género de Espada y Brujería, que su nombre no es el nombre que debería tener.

Las sociedades y los fenómenos que derivan de ellas son espontáneos, ya que dependen de la voluntad individual de muchas personas diferentes. Esto es negado por el socialismo, en un sentido amplio del término, que vestido con diferentes ropajes, domina hoy la escena cultural. El socialista desea tener control sobre esas voluntades individuales, desea planificar la sociedad y sus fenómenos; de ahí que quiera cambar el nombre que los lectores libremente escogieron para su género favorito. Es un esfuerzo vano, ya que, como digo, toda planificación social está condenada al fracaso.

Respecto al género de Espada y Brujería, es poco lo que hay que decir. Si le gana terreno a la Ciencia-ficción, ole sus huevos. Eso significa que algo están haciendo bien. Además es un género hermano que resulta muy atrayente para leer y escribir. Quizá lo que la Ciencia-ficción necesita para mejorar sus ventas sea un poco de genio empresarial: que los editores hagan rentables sus publicaciones como cualquier empresario que lanza un producto al mercado, en lugar de sentarse a esperar que las novelas triunfen por sí solas. Claro que eso supone invertir y arriesgarse a perder. Y hay que reconocer que es un arduo camino, sobre todo en un país donde la mayoría de la gente no lee ni un libro al año.

Y así se llega a la muerte de la Ciencia-ficción: un invento puramente intelectual de un mundo de la cultura controlado férreamente por élites. Los autores generalistas se pasan a la Ciencia-ficción, pero abominan del término. ¿Por qué? Para establecer una distinción clara entre ellos y la plebe editorial: esos que escriben Ciencia-ficción. En definitiva necesitan matar el género para alimentarse de sus restos, como auténticos carroñeros. Su única meta es crear una barrera, impedir el acceso a la publicación de tantas y tantas personas que escriben Ciencia-ficción con el fin mantener su propio corralito, su status superior ganado arrimándose a una ideología política u otra, no por méritos literarios.

Nuestro género no está muerto, sino bien activo. Mucho más vivo que la corriente de literatura generalista que no produce una obra realmente novedosa desde hace más una década, como reconoce hasta el propio Juan Marsé. Ellos son los que están muertos; ahogados en su endogamia. Por eso pretenden vampirizarnos. Pero para evitarlo debemos hacernos fuertes; denunciar el intrusismo (si alguien quiere escribir Ciencia-ficción que se arriesgue y no la publique como si le diera vergüenza reconocerlo) esforzarnos por hacer novelas que gusten al público y no a nosotros mismos y mantener una estructura abierta que permita la continua renovación. Que otros hagan Tecno-thrillers: yo escribo Ciencia-ficción.

© Jesús Poza Peña
(589 palabras)
Jesús Poza es colaborador habitual del Sitio de ciencia-ficción