Especial Duodécimo Aniversario
Muerte de la ciencia-ficción. Y de las palabras
Especial Duodécimo Aniversario
por Iván Olmedo

Andan diciendo por ahí —a ver, los del fondo, que atiendan— que eso de la ciencia-ficción sólo es ciencia-ficción si va de batallitas espaciales, de cosas marcianudas o de culebrones lúdico-festivos ubicados en Alfa Centauro, con láseres, guirnaldas holográficas y bailes de fin de carrera de cadete espacial. Y que lo otro, lo prospectivo, elucubrante y tremendamente sesudo no debería llamarse ciencia-ficción, por no mezclarlo con la morralla antes citada, sino leerlo, tratarlo y bendecirlo como auténtica literatura. Verás… Zipi y Zape es un tebeo, colega, pero es que Watchmen también es un tebeo… y lo dicho anteriormente respecto a la poco afortunada idea de empezar a ponerse tiquismiquis con las denominaciones de origen me está recordando mucho a la moderna imbecilidad de denominar a ciertos cómics Novelas Gráficas, como si esta Alta Distinción Nominal no sólo sirviese para separar las viñetas buenas de las malas, sino, mucho peor, para acabar de constatar que los tebeos son un subproducto anómalo y, si sale alguno bueno, es que no es un tebeo, es literatura.

Pues Watchmen no es una novela, amigos, ni Sandman, ni Miracleman, ni Maus… son tebeos. Igualmente, si un escritor morrocotudo, cítame tú uno, si un autor Nobelizado, Consagrado o Idolatrado escribe una novela de ciencia-ficción… es eso, ciencia-ficción. Y porque la ciencia-ficción es un género, no una calidad ni un gramaje, tan ciencia-ficción como el bolsilibro de traje de goma. Igual hasta encontraremos algún elitista incauto que esté leyendo ciencia-ficción sin saberlo, como quien confunde el pollo con el pato (cosa que, por otra parte, nunca he sido capaz de entender) Verás… PLAN 9 DEL ESPACIO EXTERIOR es ciencia-ficción, colega, pero es que 12 MONOS también lo es. Y eso no lo duda nadie, ¿verdad? Verdad.

Llegados a este punto, me es muy fácil recurrir a la palabra que sienta como un guante a esta situación: vergüenza. Sí, tras estos dimes y diretes se esconde en el fondo una única razón: la vergüenza. Al igual que del tebeo (cosa de críos) se pasa a la literatura de verdad; de la ciencia-ficción (cosa de inmaduros) se pasa a… la literatura de verdad. Nuestra sociedad nos ha enseñado a avergonzarnos de leer tebeos, de ver dibujos animados y de leer ciencia-ficción o fantasía y en cuanto vemos una brecha que nos permite escapar tangencialmente de esa letra escarlata que nos marca, corremos aliviados hacia ella.

No todos, desde luego. Y por suerte. Y así, nuestra despendolada vergüenza se topa de morros con la abyecta corrección política que nos ahoga y ambas se fusionan en un cálido abrazo, se besuquean con complacencia y se toquetean un poco el culito mutuamente. Eufemismos… se juntan el hambre y las ganas de comer y todo se va al carajo. Porque hoy ya no se puede llamar a las cosas por su nombre. Porque al igual que nos educan para sentir vergüenza, también lo hacen para que sintamos miedo. Y al igual que sucedió con el Comics Code norteamericano (sí, los tebeos otra vez, es que dan mucho juego para explicar esto) nos han enseñado a autocensurarnos y a ponernos límites antes que nada, por si acaso. Y está bien ser precavido, pero no papanatas. Tener el ojo avizor no significa lo mismo que poner el ojo.

Y las cosas pierden su nombre, digo, porque —lo sé de muy buena tinta— igual que nuestros muertos lo son, a veces, por el fuego amigo y una decapitación una herida incompatible con la vida, igual, digo, un cojo o un sordo ya no es un minusválido, sino una persona con otras capacidades. ¿Por qué...? Vergüenza. Porque antes de que el cojo o el sordo sienta vergüenza de su situación —que no veo por qué, es igual que si yo me avergüenzo de ser bajito y calvo, es lo que hay— alguien vela por él (o ella) y le intenta convencer de que es mejor referirse a su problema con una expresión estúpida que, además no se entiende. Así que ya no es minusválido, sino que posee otras capacidades. Vamos, que es la leche; un mutante de la Marvel, poco más o menos.

Así, podemos colegir entonces que, quizás, existe la ciencia-ficción y además un género otras capacidades. ¿O será al revés? Sí, parece más claro, existe literatura de verdad y también otras capacidades. Por lo tanto CITA CON RAMA y LA NARANJA MECÁNICA son buenos ejemplos de literatura, pero las novelas de Star Trek y La trilogía de las islas son… en fin, lo dicho: mutantes marvelosos Y de este modo, mientras unos certifican que la ciencia-ficción ha estirado la pata, en los cines no hay más que películas de ciencia-ficción. Si no me crees, vete haciendo una lista y resumen de los argumentos. Mientras otros se empeñan en buscar explicaciones a algo que no las necesita; y justificaciones a algo que no las merece, se sigue leyendo ciencia-ficción. A veces con conocimiento de causa y todos los puntos sobre las íes. Otras, haciendo mucho el canelo con la pose y con la ilusión de que, igual que en un restaurante caro, cuanto más te clavan y menos entiendes el nombre de lo que estás consumiendo, mejor será. Porque aquí viene a acabar todo: en ponerle a las cosas el nombre que a cada cual le sale de los cederrones.

A lo mejor todo lo comentado no tiene relación alguna, y me hago un lío. A lo peor, simplemente, es que, cuanto más pienso, menos entiendo. Vamos, que cuanto más me fijo, menos veo. O que soy malpensado por naturaleza. Vaya usted a saber….

© Iván Olmedo
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Iván Olmedo fue bibliotecario de Cyberdark actualmente mantiene Blogdemo