Especial Duodécimo Aniversario
El epígrafe más acertado
Especial Duodécimo Aniversario
por Antonio Quintana Carrandi

En nuestro mundillo resurge, cada cierto tiempo, la cuestión de si el epígrafe ciencia-ficción es el adecuado para el género o, si por el contrario, debería buscarse otro más ajustado. Es, como digo, una polémica antigua de la que, como buen aficionado al género de toda la vida y en todas sus variantes, empiezo a estar un poco harto. Llevamos casi un siglo conviviendo con el término ciencia-ficción y, hasta el momento, nos ha ido estupendamente. ¿Por qué, entonces, algunos siguen insistiendo obsesivamente con este asunto?

De acuerdo; tal vez en sus orígenes el término ciencia-ficción no pareciera la mejor elección para definir un género que aglutina tan extensas y variadas temáticas, pero a día de hoy no tenemos otro mejor. En el pasado se intentó sustituir el desafortunado epígrafe, con resultados francamente risibles. En algunas revistas antiguas se refieren a nuestro género con términos como fantasía científica, ciencia y adelantamiento y otras perlas parecidas. Desde la época conocida como La edad de Oro hasta nuestros días, han sido muchos los lumbreras que han pretendido suprimir la expresión ciencia-ficción. Pero ninguno lo ha logrado, hasta la fecha, y eso por una razón de una lógica aplastante: no han conseguido encontrar otro término, otro epígrafe, otra expresión que defina tan bien este abigarrado y complejo género. Personalmente apuesto por la validez del término ciencia-ficción. ¿Para qué complicarnos la vida con tonterías? Por supuesto que habrá quien insista obsesivamente en el tema, alegando machaconamente que el dichoso epígrafe no define exactamente el género. A esos recalcitrantes habrá que recordarles que, muy a menudo y sin rasgarnos las vestiduras, empleamos palabras o expresiones inadecuadas para referirnos a muchas cosas. Un ejemplo: ¿por qué a la cama le llamamos cama / y a la cómoda, cómoda / si la cómoda es la cama y no la cómoda?

Bromas aparte, esto me lleva a otro espinoso asunto relacionado con el mismo tema. Últimamente se ha hablado mucho de la conveniencia de crear algo así como un nuevo género literario, en el que englobar todas aquellas obras que, perteneciendo al género de la ciencia-ficción, sean consideradas como buena literatura. Estamos ante otro desatino típicamente progre. Creo que los impulsores de semejante genialidad no son, ni mucho menos, verdaderos amantes del género, si no un grupo de snobs convencidos de que nadie sabe más del tema que ellos; un cónclave de pedantes, con veleidades intelectualoides, que pretenden imponer sus estrechos criterios al resto de los aficionados a la ciencia-ficción. La idea de estos señores rebasa las fronteras de la ocurrencia para entrar de lleno en las de la estulticia pura y dura. Su lema parece ser: si tiene valor literario, no puede ser ciencia-ficción. Olvidan los defensores de semejante majadería que en la ciencia-ficción, como en cualquier otro género, hay sitio para todo, para la literatura de gran calidad y para el puro entretenimiento.

Tomemos, por ejemplo, MERCADERES DEL ESPACIO, de Frederik Polh y C. M. Kornbluth. Es una de las mejores obras de lo que se ha dado en llamar ciencia-ficción especulativa, pero además también posee un notable valor literario, por lo que se la encuadra en la llamada ciencia-ficción seria. Ahora veamos MAMÁ COMPUTADORA, de Lou Carrigan (Antonio Vera Ramírez) un bolsilibro, una novela de a duro, una obrita concebida como literatura de consumo, de mero entretenimiento. La novela de Polh y Kornbluth merece figurar en cualquier biblioteca pública, en las que no tienen cabida los bolsilibros. ¿Significa esto que la obra de Carrigan es mala y la del dúo Kornbluth / Polh buena? Yo pienso que no. Se trata de dos novelas distintas, concebidas con objetivos muy diferentes. Una es una utopía sobre lo que podría ocurrir si el sistema económico acabara imponiéndose al sistema político; otra es un relato sobre un encuentro en la tercera fase, o Primer Contacto, si se prefiere. Una fue escrita por dos autores anglosajones de renombre universal, capaces de prever, hace medio siglo, los efectos de una globalización gestionada por los señores del comercio; la otra no es más que un relato intrascendente, escrito por uno de los mejores autores de literatura de evasión que ha dado España. Son, por tanto, obras muy distintas, tanto en temática como en intenciones. Pero ambas pertenecen al género de la ciencia-ficción. La novela de Carrigan no pasará a la gran historia del género, ciertamente, pero no es menos ciencia-ficción que la de Polh y Kornbluth.

En realidad, lo que acabo de exponer es válido para cualquier tema o género. El Western u Oeste también nos aporta excelentes ejemplos. CENTAUROS DEL DESIERTO, de John Ford, es considerada la mejor película del Oeste y una de las mejores de la historia del cine. ¿Es necesario crear un nuevo género cinematográfico para diferenciarla de los insulsos y a menudo plomizos spaghetti westerns? En el campo literario tenemos a Zane Grey, James Oliver Curwood y James Warner Bellah, por citar a tres de los autores más representativos. La prosa de estos escritores era sencillamente maravillosa y sus novelas estaban impecablemente escritas. Se les considera maestros del género, sus obras gozan de gran prestigio y han sido publicadas por las editoriales más importantes, en cuidadosas traducciones que respetan al máximo sus valores literarios. Pero no dejan de ser novelas del Oeste. Como las de Estefanía, Carrados, Silver Kane o el ya citado Carrigan. ¿Qué es más Oeste, Grey o Carrados, Curwood o Kane, Carrigan o Warner Bellah? ¿Hemos de crear también un género distinto para englobar las obras de los tres norteamericanos, y así diferenciarlas de las noveluchas de entretenimiento de los autores españoles? ¡Por favor! Un poco de seriedad. Aprendamos a diferenciar las cosas, no mezclemos churras con merinas. En la ciencia-ficción, como en el resto de los géneros, existen dos variantes principales: la de consumo, de simple entretenimiento, y la seria o de más enjundia, en la que llevamos décadas incluyendo aquellas obras que, por su extraordinario valor literario, lo merecen. No es preciso crear un género nuevo para la ciencia-ficción con valores literarios importantes. space-opera, ucronías, utopías, clásicos de siempre y novelas de a duro... Todo es ciencia-ficción, y todo tiene cabida en este género. Junto pero no revuelto.

© Antonio Quintana Carrandi
(1.040 palabras)
Antonio Quintana es colaborador habitual del Sitio de ciencia-ficción.