Búsqueda activa de inteligencia extraterrestre: ¿Merece la pena?
por Carlos Cotta

La idea de los proyectos SETI es bien conocida: explorar el espectro electromagnético en busca de señales que sugieran la existencia de civilizaciones alienígenas. Se trata de algo muy parecido a la búsqueda de una aguja (que no sabemos siquiera si existe) en un pajar, y de hecho lo infructuoso de todas las iniciativas SETI sugiere que a pesar de lo enorme del pajar hay pocas agujas en él, están muy bien escondidas, o simplemente no sabemos reconocerlas. La paradoja que supone la ubicuidad (supuesta) de la vida en el Universo con la falta de evidencia de vida inteligente es la que conduce a hipótesis como la de la Tierra Rara.

Esta falta de resultados ha inducido a parte de la comunidad científica a proponer estrategias de búsqueda más invasivas, como puede ser el denominado SETI activo: emitir señales que atraigan la atención de hipotéticos alienígenas, con idea de que éstos actúen de manera análoga y podamos detectar su presencia. Sería algo así como llamar a la puerta para ver si la casa está habitada. Un enfoque más extremo es el denominado METI (Messaging to Extra-Terrestrial Intelligence) planteado por el astrónomo ruso Alexander Zaitsev, y en el que la finalidad no es tanto llamar para obtener una respuesta, sino simplemente llamar para decir que existimos (el matiz es del propio Zaitsev, y a fuer de ser sinceros no demasiado relevante en términos prácticos)

Ha habido varios mensajes de este tipo, de los que quizás el más célebre fue el enviado desde Arecibo en 1974, y en cuyo diseño participaron entre otros Frank Drake y Carl Sagan. Este mensaje no llegará a su destino —M13, el Cúmulo de Hércules— hasta dentro de 26.000 años, por lo que se trata de un acto fundamentalmente simbólico. Otros mensajes posteriores como por ejemplo el Cosmic Call 2 sí llegarán en breve a su destino (Casiopea en 2036 en este caso) La cuestión es qué puede pasar si hubiera alguien escuchando. Más aún, ¿qué pasaría si el mensaje lo recibe una civilización hostil con medios técnicos suficientes para plantarse aquí?

Éste es un temor recurrente y bastante razonable (al menos en la misma medida de la propia idea de SETI) por lo que no puede obviarse a priori. No obstante, según los cálculos del propio Alexader Zaitsev, se trata de un riesgo independiente del propio METI. Para llegar a esa conclusión, Zaitsev ha estimado la fracción del firmamento iluminada por señales de astronomía radar y la duración de estas transmisiones, y ha cotejado esta estimación con la correspondiente a las señales METI. La comparativa puede verse en una pequeña comunicación titulada Detection Probability of Terrestrial Radio Signals by a Hostile Super-civilization.

Para Zaitsev hay una relación de 1/2000 en la fracción de firmamento iluminado y de 1/500 en duración de la transmisión, siempre a favor de la astronomía radar. Por lo tanto —concluye— la probabilidad de que seamos detectados a través de nuestra actividad astronómica es un millón de veces superior a la de serlo debido a METI. Dado que no parece razonable pedir la supresión de la astronomía radar (sumamente útil por ejemplo para el estudio de NEOs) la conclusión sería que no hay que temer a METI. Sin entrar en consideraciones cuantitativas sobre la estimación de Zaitsev, y suponiendo que ésta es correcta, la cuestión que surge en cualquier caso es ¿para qué vamos a perder entonces el tiempo con METI (e incluso con SETI activo) si nuestra propia actividad tecnológica ya nos delata?

© Carlos Cotta
(668 palabras) Créditos
Publicado originalmente en La Singularidad Desnuda el 9 de mayo de 2008
CC by-nc-sa 2.5