El futuro en que vivimos
6. La tinta ya no mancha
por Francisco José Súñer Iglesias

Las experiencias y buenas sensaciones al respecto de Pedro Jorge y Alfonso Merelo, además de una serie de necesidades que lo alejaban de la categoría de capricho inútil, me impulsaron la semana pasada a comprar el Papyre, un aparato de origen chino que se puede encontrar en otras muchas encarnaciones.

Se trata de un libro electrónico distribuido en España por Facthor Innovación, y que por lo que se, al día de la fecha no se puede comprar más que por correo (plazo de 48 horas, cumplido escrupulosamente y entrega Nacex mediante) Todo lo dicho por Pedro y Alfonso se cumplió al pie de la letra al abrir la caja y empezar a trastear con el aparato: la presentación es impecable, no ya tanto por la útil (imprescindible, diría yo) funda de piel sintética, sino por el cuidado contenido de la caja, desde todo el cableado, USB y de alimentación, necesario para hacer funcionar el aparato, hasta un detalle de amabilidad como es el pequeño, y consistente, destornillador de estrella de 3mm cuya única finalidad es abrir y cerrar la tapa del compartimento de la batería, muy similar a la de cualquier móvil.

Por lo demás el manejo es sencillo, su navegación mediante flechas de avance y retroceso es cómoda e intuitiva, y la lectura, gracias a la sorprendente calidad de la pantalla, con un ángulo de visualización de 180º y con unos reflejos bastante menos molestos que los del papel satinado (al igual que con él, hay que encontrar el ángulo adecuado) También dispone de una capacidad de configuración suficiente como para ajustar el tamaño y tipo de letra a cada necesidad, el aparato recuerda la página en la que se ha dejado de leer, y además se pueden marcar páginas adicionalmente. Reproduce MP3, con lo que se puede escuchar música durante la lectura, y aunque disponible, su capacidad de reproducción de imágenes es limitada a causa de su pantalla en blanco y negro.

Lee los formatos de texto más habituales: PDF, DOC, RTF, TXT, HTML, y el específico de libros electrónicos FB2. En la tarjeta SD que trae de serie (además de un lector, por si no se dispone y que, en un nuevo detalle de calidad, es compatible con el reciente estándar HC) Facthor proporciona toda una serie de ejemplos en forma de biblioteca libre, lo que significa una buena colección de clásicos, de más de cuatrocientos volúmenes.

No todo puede ser perfecto. En comparación con lo que nos ha acostumbrado otros artilugios Papyre es lento, su procesador ARM9 a 200 Mhz puede ser adecuado por su bajo consumo, pero no por su agilidad, que sobre todo se echa en falta al cargar documentos extensos, no obstante, durante la lectura ya no resulta tan molesto. El formato de los documentos es otro problema. Generalmente suelen estar pensados para su impresión en papel A4 o similar, y en la pantalla de Papyre, sobre todo los PDF, quedan diminutos, aunque tiene tres niveles de zoom, llegando el último a pasar a modo apaisado para aprovechar más ancho de pantalla. Haciendo unas y otras pruebas he descubierto que el formato TXT es el menos problemático, excepto por el intento de Papyre por ocupar todo el ancho de pantalla partiendo las palabras mediante guiones, no siempre de forma afortunada. También se echa en falta la posibilidad de hacer anotaciones, aunque no es una necesidad imperiosa, pero si el realizar búsquedas de texto, cosa por el momento imposible. Y por último está el precio, 300 euros, que tal y como están las cosas lo alejan de muchas economías.

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Ya hace tiempo (justo cuatro años) escribí sobre la extraordinaria capacidad de ciertos dispositivos de interpretar la escritura manuscrita y convertirla en bits sobre la marcha. Los horizontes que aquello abría eran fabulosos, nuevas formas de comunicarse con los ordenadores, nuevos horizontes en la difusión de la cultura, sin embargo, comparado con aquel Tablet PC, Papyre supone un extraño retroceso tecnológico. La propia tecnología en que se sustenta, a excepción de la sorprendente pantalla ePaper, no supone ninguna revolución respecto a lo que pude experimentar hace cuatro años, es más, las capacidades del Tablet PC eran mucho más avanzadas y diversas, bien es cierto que a costa de una duración ridícula de las baterías y una evidente torpeza general a causa de una configuración hardware poco ambiciosa.

No obstante, no hay que poner a Papyre a la misma altura que un PC de propósito general con habilidades especiales. Se trata de una máquina especializada, competente en lo que tiene que hacer, y que deja vislumbrar (esperemos que esta vez si) lo que será el futuro, pero no mutando en un artilugio capaz de lavar la ropa si hiciera falta, sino en un libro electrónico cada vez más cómodo y funcional.

No se tampoco si acabará con los libros tradicionales. La costumbre es demasiado fuerte y el fetichismo que rodea al libro de papel muy intensa. Dispositivos como Papyre acabarán con toda seguridad con los millones de hojas de papel impresas con la única finalidad de leer cómodamente informes y documentos, también se convertirán en aliado de la prensa electrónica, nada más cómodo que descargar la primera edición del día durante el desayuno y leerla camino al trabajo, y por qué no, hacer lo propio con el programa de radio o televisión de la madrugada y verlos o escucharlos igualmente.

La literatura también ganaría de no ser tan sensible a la piratería, aunque soluciones imaginativas también puede haber. No sería extraño encontrarse libros con publicidad, formatos como el PDF son ideales, por un lado permiten al profesional ajustar el texto adecuadamente y por otro incrustar esa publicidad con casi plena seguridad de que nadie se tomará el pesado trabajo de quitarla, si es lo bastante inteligente y respetuosa para con el lector, el autor y la obra.

Hacer cábalas sobre el futuro es divertido y arriesgado, de momento me conformo con maravillarme y disfrutar con el futuro en que vivimos.

© Francisco José Súñer Iglesias
(994 palabras)