El cielo de silicio
por Enric Quilez Castro

Hay dos temas que aparición recurrente en las historias de ciencia-ficción: la religión y la inteligencia artificial. Pero la combinación de ambas no es algo demasiado frecuente. Últimamente, he estado viendo el remake de Galáctica, Estrella de Combate y dicho concepto aparece de manera bastante sugerente.

En la serie, los Humanidad se ha extendido por la galaxia y ha colonizado doce sistemas estelares (las doce colonias) con unas ciertas reminiscencias bíblicas de las doce tribus de Israel. Para facilitar la tarea, la Humanidad crea a los cylon, unos robots más o menos inteligentes que acaban sublevándose y le declaran la guerra a los humanos.

Tras unas décadas de armisticio, los cylon vuelven, ahora con forma humana. Son prácticamente indistinguibles de los seres humanos y aparentemente, sienten y tienen conciencia de ellos mismos. Además, son unos fanáticos religiosos monoteístas, que creen en una especie de misterioso Dios único que parece guiar sus acciones.

Un nuevo ataque cylon destruye las doce colonias y los seres humanos deben emprender una larga diáspora en busca de la tierra prometida: la Tierra. Lo que decía: muy bíblico. Pero también muy actual. Es evidente que los guionistas se han inspirado en el 11-S en muchos aspectos: el ataque sorpresa de los cylon, la terrible quinta columna de los cylon humaniformes, el fundamentalismo religioso….

Otro universo fantástico en el que la religión tiene su papel, aunque mucho más restringido, es el de los robots asimovianos. En uno de los relatos de YO, ROBOT, en RAZÓN (REASON) aparece un robot que cree ser una especie de profeta enviado por Dios.

Aunque tal vez una de las apariciones más memorables de la religión en la ciencia-ficción corresponda a uno de los episodios de la serie humorística The Red Dwarf (El enano rojo) en que uno de los protagonistas, el robot Kryten habla del cielo del silicio, en el que parecen creer todos los seres mecánicos (salvo la tostadora psicótica, que es más bien cartesiana)

Cuando uno de los humanos le pregunta a Kryten si el cielo del silicio es como el cielo de los humanos, da lugar a una sarcástica y memorable respuesta por parte del robot:

—¿El cielo de los humanos? ¡Santa inocencia! Los humanos no van al cielo. El cielo es algo que se inventó alguien para que los humanos no se volvieran locos.

Lo que me lleva a preguntarme, si alguna vez creamos una inteligencia artificial auténtica, algo prácticamente humano, ¿no deberemos incorporar también la experiencia religiosa en su programación? ¿O surgiría espontáneamente? Ciertamente, es un tema fascinante.

© Enric Quilez Castro
(426 palabras)
Publicado originalmente en El mundo de Yarhel el 30 de enero de 2008