Del inevitable divorcio entre la ciencia-ficción y la fantasía
por Manuel Nicolás Cuadrado

Me gustaría transmitirles unas pequeñas reflexiones de género, de esas inocuas, vacuas y prescindibles que no llegan a ningún sitio y que tanto me gusta contar.

En casi cualquier librería patria podemos observar un stand (perdón, quería decir balda llena de libros) donde pone: Sección: Fantasía Y Ciencia-ficción. Estarán ustedes pensando ¿y que me está contando este ahora? Si siempre ha sido así, ¿no?

No solo nos hemos acostumbrado ya a esta conjunción de géneros en las librerías, si no que además los propios fandoms, algunos blogs, la mayoría de las publicaciones e incluso muchas asociaciones se auto proclaman: seguidores de la Fantasía Y la Ciencia-ficción.

¿Desde cuando han contraído santo e indisoluble matrimonio estos dos géneros? ¿Desde cuando se han jurado amor eterno, en la salud y en la enfermedad, en la alegría y en la tristeza, en la riqueza y en la pobreza y hasta que la muerte los separe? ¿Es que acaso estamos no ante un matrimonio si no ante una pareja de hecho? ¿Es tal vez una unión de géneros del mismo sexo y estaríamos ante un matrimonio gay?

Un amigo mío me sopla que incluso antes era peor. En fechas no muy lejanas las librerías nos deparaban un oscuro concubinato. ¡Antes era un trío! Fantasía, Terror Y Ciencia-ficción.

No sé por qué extraña razón El Terror abandonó el hogar conyugal para marcharse a vivir por su cuenta y riesgo en su propia sección de la librería. Sería porque ya estaba harto de los otros dos tortolitos que siempre estaban cuchicheando a sus espaldas. Que alguien me lo explique, por favor.

Cuando voy a esa librería-chocolatería de cuyo nombre no quiero acordarme y me encuentro el SOLARIS de Lem, justo al lado de EL SEÑOR DE LOS ANILLOS de Tolkien, me da por pensar, a parte de saltárseme las lágrimas de pena, que este matrimonio tiene los días contados.

Sí amigos, es triste «de pedí» pero más triste es «de robá». La Fantasía ocupa el 90% de las estanterías, mientras que la Ciencia-Ficción empequeñece sus ofertas a pasos agigantados. Es como ese matrimonio en el que uno de los cónyuges triunfa en el mundo profesional, laboral y social y el otro se va empequeñeciendo paulatinamente, encargándose de llevar a los niños al cole, bajar la basura y sacar a mear al hurón (¿no saben que los hurones se han puesto de moda como mascotas?) Ante esa situación, la cosa aboca inevitablemente en divorcio. Pero tal y como están las cosas actualmente, parece que en este proceso legal de disolución la Fantasía se va a quedar con la casa, la guardia y custodia, el coche, el piso de Torrevieja (Alicante) y hasta con el alicatado de los cuartos de baño (Fantasía = Barbie divorciada)

Antes de hacer una perorata a favor del eslabón débil de esta pareja, lo mejor es analizar el porqué de este fracaso matrimonial.

Primero, por que esta pareja nunca ha existido como tal. Son géneros distintos completamente, tanto en origen como en desarrollo. Por lo tanto es un matrimonio nulo de pleno derecho. Otra cosa es que el público lector guste de ambas ramas literarias y la librería decida poner en el mismo sitio los libros. Y otra cosa es también que a algunos autores les plazca hacer pacer sus musas en ambos estilos.

Segundo, por que las relaciones sexuales entre los cónyuges han sido pocas y de baja calidad. Los únicos hijos nacidos de esta relación (aquellas obras que mezclan ambos géneros) son por lo tanto pocos y desmerecidos. Recuerdo algún título de Wolfe, alguna cosa del Warhammer 40.000 y se me acaba la memoria. Seguro que ustedes conocen algún que otro hijo de esta escabrosa unión.

Tercero, por que la fantasía, actualmente, gana por goleada en producción y ventas a la Ciencia-Ficción. El saber por qué se está produciendo esto es la clave para entender el problema.

A saber:

¿Por qué comparamos a la Ciencia-Ficción con la Fantasía? ¿Por qué no la comparamos con la Novela romántica o con la de libros de auto-ayuda? Pues por que la conclusión sería la misma: actualmente la Ciencia-ficción es un fenómeno minoritario. Hay que aceptarlo como tal y empezar de cero.

El público objetivo mayoritario de los libros de Fantasía son los jóvenes, que son los únicos que por lo visto leen algo. Y la consumen compulsivamente. La consumición de Ciencia-ficción por parte de este porcentaje de la población es selectiva y cuantitativamente inferior a la Fantasía. Algo de space opera y un poco de tecno-punk. Pero el hard ni tocarlo, y los clásicos (Welles, Bradbury, Asimov, etc) porque se les obliga a leer en la escuela (los que lo hagan, claro)

El público lector adulto mayoritario, rehuye como a la peste a la ciencia-ficción (y a la fantasía también) salvo cuando algunos de sus autores renombrados favoritos les da por escribir ciencia-ficción, pero entonces no la llaman ciencia-ficción, si no tecno-thriller, acción-futurista, parábola-temporal, etc., etc. y asunto arreglado.

Y por último está un lector adulto que le gusta cualquier modelo de ciencia-ficción, mientras sea interesante, comprensible y legible (cuidado, que ni si quiera estoy hablando de «buena») En este grupo me incluyo yo y creo que otros cuatro más. Somos tan pocos que ni siquiera salimos en las estadísticas.

También está el caso de los propios autores en el fenómeno denominado: la pescadilla que se muerde la cola. Si un escritor de fantasía y ciencia-ficción vende más de uno que de otro, inevitablemente terminará escribiendo más de uno que de otro. Y cuando los cuatro memos de antes les indicamos que ya podrían escribir algo de ciencia-ficción, la respuesta es la misma: es que de lo otro se vende más, la cosa está muy malita y hay que dar de comer a los churumbeles.

Pues desde esta tribuna me decanto a favor de la parte maltratada. Y cuidado, no he dejado de leer ni fantasía, ni terror, ni novela histórica, ni ensayo, ni clásicos, ni nada. Me gustan todos. Pero la Ciencia-ficción me gusta también y mucho. ¿Por qué va a tener que desaparecer del mapa? Me niego ni siquiera a considerarlo.

La Ciencia-ficción es un género de pleno derecho, autónomo, totalmente integrado en la literatura (le pese a quien le pese) y que aunque actualmente no goce de muy buena salud, en absoluto está muerto. Solo le falta un empujoncito y que algunos autores se animen a escribir, a imaginar, a relatar y a soñar. Dennos Ciencia-ficción, por favor, aunque solo sea para dar por saco.

© Manuel Nicolás Cuadrado
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