Las vacas moverán el mundo
por Daniel Samper

Mientras otros se preocupan por los combustibles fósiles, el agujero de ozono, la escasez del agua y las centrales nucleares, yo estoy convencido de que el verdadero peligro, y al mismo tiempo la mejor solución, son las vacas. Más exactamente, los gases que expelen las vacas.

Un amigo mío argentino me hizo ver de qué manera las vacas provocan el efecto invernadero. Es aterrador.

Resulta que una sola vaca es capaz de producir cada día entre 800 y 1.000 litros de gases contaminantes. Los produce por delante y por detrás y, si tuviera cómo, los produciría también por los costados. Se trata de emisiones del gas denominado metano, fuerte contribuyente al efecto invernadero, aquella célebre capa tóxica de la atmósfera a la que debemos la rebeldía de mares y vientos, el calor excesivo y el frío que pela.

Mil litros diarios es una barbaridad. Imaginen un envase grande de bebida y piensen que la vaca llena con sus gases esas mil botellas. Ahora multipliquen la cifra por 1.250 millones y tendrán el dato de los vientos vacunos que todos los días taponan el cielo.

Solamente en Argentina, donde hay 55 millones de cabezas de ganado (y lo demás que tiene el ganado, aparte de la cabeza) la emisión diaria de gases alcanza a 50 mil millones de litros. Calculan que las deliciosas vacas gauchas expulsan un tercio de la emisión total de gases tóxicos de su país, lo que las hace casi tan contaminantes como los automóviles.

Ese es el problema. Ahora bien: ¿qué estamos haciendo para remediarlo? Los colombianos, nada que yo sepa, a pesar de que tenemos 22 millones de vacas o toros que expelen cada día 20 mil millones de litros de pestilentes céfiros. Los argentinos, en cambio, se están poniendo las pilas.

El amigo mío del que les hablo me manda de Buenos Aires (¡qué nombre más paradójico para el tema que tratamos!) un recorte del diario La Nación correspondiente al 10 de julio. Allí vemos una vaca con un enorme tanque rojo a la espalda, y una explicación que dice así (el que no lo crea, que acuda a internet y se cerciore con sus propios ojos):

Luego de rumiar el alimento, los gases generados en el estómago —que deberían ser expelidos como eructos— van a parar directamente al tubo rojo de plástico colocado sobre el animal para medir los gases contaminantes que produce.

Estas vacas con caparazón, estas vacas tortuga que parecen versiones bovinas de hombres rana, cumplen por ahora una meritoria misión investigativa:

Este simple y novedoso sistema —un tanque conectado con una manguera al estómago de la vaca—, que hasta ahora no se había usado en el mundo, les permitió a los investigadores obtener información precisa sobre estas emisiones de gases de efecto invernadero que produce la hacienda y estudiar cómo reducirlas a partir de un cambio de alimentación de los bovinos.

No quiero criticar los esfuerzos que están haciendo los argentinos con sus insólitos eructómetros. Pero temo que no pasa del estado de su ciencia: dizque cambiarles la alimentación a las vacas... ¿Para darles qué? ¿Bife de chorizo, como si fueran caníbales? ¿Paella? ¿Ajiaco? ¿Sal de frutas?

No. Muchas gracias, Argentina, pero aquí se necesita ya el talento científico que caracteriza al colombiano. A nombre de mis colegas, los biólogos colombianos, propongo que, en vez de reducir la producción de metano en las vacas, la multipliquemos. Y en vez de usar tanques para medirla, los empleemos para almacenar los gases expelidos. He leído que el metano es un combustible explosivo, por lo que estos malos aires pueden ser la solución para la crisis energética.

Imagínense: ustedes compran una vaca; la instalan en la cocina; la entuban por los dos extremos; una de las mangueras, la roja, va a la estufa y la otra, la azul, al calentador; de este modo, con los mil litros de gases del animal tienen ustedes fuego para cocinar y agua hirviendo todo el día.

Cuando disponga de más tiempo propondré carros impulsados por eructos de vaca y, si se trata de buses, que necesitan más poderío, por ventosidades de toro.

Como ven, los problemas del combustible y el medio ambiente se solucionan con inventos concretos, no con soluciones gaseosas.

Bueno, en este caso sí.

© Daniel Samper
(710 palabras)
Publicado originalmente en Diario El Tiempo el 15 de agosto de 2008