Dos solitarios de metal
por Dixon Acosta

A causa de la noticia del descubrimiento de agua congelada en el planeta Marte, suceso que confirma que los seres humanos hemos perdido algo de capacidad de asombro, pues en otra época habría sido una información trascendental, me he detenido a ver una imagen de la sonda espacial Phoenix, es una fotografía (o quizás una recreación artística, no sé) de un atardecer marciano, recortado por la sombra de este autómata que no se detiene en su trabajo cotidiano.

De inmediato he asociado esa imagen, con la de otro ser de metal que a pesar de sus circuitos y tornillos ha demostrado tener un gran corazón, me refiero a WALL-E, protagonista de una de las mejores películas de ciencia-ficción de la historia, también podría decirse que se trata de una de las mejores películas animadas de la historia o para simplificarlo, es una de las mejores películas de la historia. No entraré en detalles sobre este bello relato, económico en diálogos y generoso en música e ilustración, tampoco en las diversas lecturas que genera, como el significado del amor, su carga nostálgica, el claro mensaje ambientalista, es mejor que cada uno vea la cinta y saque sus propias conclusiones.

Sólo diré que WALL-E, es el más reciente robot cinematográfico de una larga lista de seres cibernéticos que han poblado nuestros sueños. La primera fue una mujer, la malévola robot de METRÓPOLIS (1926) luego se han sucedido nombres como Robby, un robot que trascendió su condición de personaje de ficción en PLANETA PROHIBIDO (1956) para convertirse en un sujeto con identidad propia, que ha venido apareciendo en múltiples ocasiones, tanto en cine como en televisión, como cuando se encontró con otro famoso autómata, Robot de la serie PERDIDOS EN EL ESPACIO, sin olvidar a Gort el gigante autómata de ULTIMÁTUM A LA TIERRA (1951) los icónicos C-3PO y R2-D2 de LA GUERRA DE LAS GALAXIAS (los únicos que tomaron parte en toda la saga, sobreviviendo a los caprichos de Georges Lucas) los terribles asesinos de TERMINATOR, ROBOCOP (1987) con su drama existencial incluido, Johnny 5 (protagonista de CORTO CIRCUITO, en 1986) que para algunos tiene un parecido demasiado familiar con WALL-E, las mujeres soñadas de LAS ESPOSAS PERFECTAS (2004) así como Andrew Martin el robot que deseaba ser humano en EL HOMBRE BICENTENARIO (1999) caso similar al de David el niño robot de INTELIGENCIA ARTIFICIAL (2001) versión cibernética de Pinocho. Es una larga lista y como siempre la selección mencionada es caprichosa y subjetiva, aunque podría decir en mi defensa, que aunque no están todos los que son, son todos los que están.

En la memoria también aparecen los robots de la televisión, como el ya citado Robot, fiel amigo de Will Robinson (LOST IN SPACE) Hymie ó como lo conocimos en español, Jaime (de la graciosa serie de espías El superagente 86, ahora resucitada en el cine) los robots que aparecían en la serie animada de Los Supersónicos, Mazinger Z (padre de todos los gigantescos robots que llegaron de la manga japonesa) Sidero otro robot japonés del serial Sankuokai (versión oriental de LA GUERRA DE LAS GALAXIAS) Twiki el pequeño robot amigo de Buck Rogers en la serie norteamericana del mismo nombre, los temibles cylon de las diversas producciones de Battlestar Galactica, KITT el coche robot de Knight Rider (El auto fantástico) pariente lejano de los Transformers, Data la versión cibernética del Sr. Spock en Viaje a las estrellas, la nueva generación, Bender el robot animado de Futurama, entre muchos otros.

Pero volviendo al parecido que le encuentro a la sonda Phoenix con WALL-E, no es sólo una imagen coincidente, es el trasfondo. Se trata de dos almas de metal, solitarias en planetas deshabitados (en los cuales se sospecha hubo vida) condenados a repetir todos los días el mismo trabajo, por lo cual honran el nombre que Karel Capek imaginó para estos artefactos, producto de la revolución industrial capitalista que no ha terminado. Estos dos robots, pasan su tiempo buscando vida y en el caso de WALL-E, compañía, aparte de la cucaracha mascota sobreviviente al cataclismo ambiental de la Tierra. Aunque si una cucaracha (o algún homólogo cósmico) llega a aparecerle a la sonda Phoenix en suelo marciano, todos lanzaremos un grito de emoción en este planeta, planeta habitado por humanos soñadores y robots soñados. ¿Algún día se invertirá la ecuación?

© Dixon Acosta
Bogotá, Colombia.
(728 palabras)