Vinieron del espacio exterior
por Alejandro Caveda

Desde que Orson Welles provocó involuntariamente el pánico con su personal retransmisión de LA GUERRA DE LOS MUNDOS de H. G. Wells el temor a una invasión alienígena se ha convertido en uno de los recursos clásicos de la literatura y el cine de ciencia-ficción. Pero mientras que los marcianos de Wells llegaron a nuestro planeta a bombo y platillo, organizando su conquista como si de una estruendosa campaña militar se tratara, sus sucesores han preferido ser más disimulados y actuar con más sigilo en sus siniestras maquinaciones.

Por ejemplo, en INVASORES DE MARTE (1953) los marcianos secuestran habitantes de un pequeño pueblo estadounidense para lavarles el cerebro y convertirles en quintacolumnistas para que saboteen el programa aeroespacial norteamericano. En esa misma línea, los invasores de AMOS DE TÍTERES (1951) de Robert A. Heinlein son criaturas parásitas que, en contacto con los seres humanos, pueden controlar a su anfitrión. Por su parte, Jack Finney da un paso más en su novela LA INVASIÓN DE LOS LADRONES DE CUERPOS (1954) ya que sus intrusos alienígenas son esporas vegetales que tienen la habilidad de duplicar y suplantar a su modelo humano. Se trata este de un título clásico dentro del género que ha conocido infinidad de imitaciones, homenajes y hasta cuatro adaptaciones a la gran pantalla, en la más reciente de las cuales (titulada, escuetamente, INVASIÓN) los invasores adoptan la forma de microorganismos parásitos que modifican el ADN de su huésped, pero sin duplicarlo ni destruirlo, lo que permite curar a los infectados una vez hallado un antídoto.

Más recientemente la teleserie V planteaba la posibilidad de que los alienígenas se presentaran ante nosotros como amistosos visitantes para ir haciéndose con el control del planeta mediante una acertada combinación de astucia, propaganda y manipulación política que recordaba en buena medida a las tácticas del nazismo durante la segunda guerra mundial, impresión reforzada por los uniformes y emblemas de los Visitantes, así como por el símbolo de la Resistencia: la V de la victoria de Winston Churchill.

Todos estos ejemplos parten de la presunción de que exista una gran desigualdad tecnológica entre los terrícolas y sus invasores. Sin embargo, otros autores han preferido partir de la premisa de que tras el primer ataque la humanidad se ha organizado para devolver el golpe y llevar la guerra hasta el territorio del enemigo o, cuanto menos, lejos de nuestro planeta.

El mismo Heinlein escribió la que puede considerarse obra canónica del género: TROPAS DEL ESPACIO (1959) recientemente llevada también a la gran pantalla por el cineasta Paul Verhoeven y que ha inspirado a toda una serie de novelas similares como LA GUERRA INTERMINABLE de Joe Haldeman (1974); EL JUEGO DE ENDER de Orson Scott Card (1985) u ORFANATO de Robert Buetler (2004) Algunos autores como Gordon R. Dickson, Jerry Pournelle o David Weber se han especializado en esta vertiente militarista de la ciencia-ficción, que conoce tantos seguidores como detractores, mientras que otros como Harry Harrison se han encargado de desmitificarla en títulos como BILL, HÉROE GALÁCTICO (1961) o la segunda entrega de las aventuras de la RATA DE ACERO INOXIDABLE (1970) donde el autor expone, haciendo gala del sentido del humor que le caracteriza, las dificultades y trastornos de cabeza que suponen, precisamente, invadir un planeta.

Con todo, la perspectiva de imaginar nuestro mundo en guerra o invadido por alguna potencia alienígena sigue cautivando la imaginación de una legión de lectores y espectadores, como demuestra el éxito de películas como INDEPENDENCE DAY (1996) o las ya mencionadas STARSHIP TROOPERS (1997) e INVASIÓN (2007) Y aunque parezca increíble, en estos tiempos de ciencia-ficción post cyber-punk y after New Wave todavía queda quien disfruta haciéndose una maratón en DVD de V e imaginándose lo que sería retozar con un par de lagartonas tan sexys como Diana y Lidia entre pinchito y pinchito de cobaya. Que caray.

© Alejandro Caveda
(643 palabras)
Publicado originalmente en El zoco de Lakkmanda el 20 de abril de 2008