Homosexualidad, bisexualidad y transexualidad en la ciencia ficción
por Enric Quilez Castro

Es curioso que un género, como es la ciencia-ficción, considerada tradicionalmente transgresora (o al menos, con algunos autores transgresores) se haya demostrado realmente conservadora y mojigata con algunos temas, como con la homosexualidad.

Es cierto que hay algunas novelas que incluso podrían catalogarse de obras maestras que abordan el tema en cierta manera, como es el caso de LA MANO IZQUIERDA DE LA OSCURIDAD de Ursula K. LeGuin o VENUS MÁS X de Theodore Sturgeon, pero lo cierto es que ello no abunda en absoluto.

La sexualidad y sus diferentes expresiones sí que ha sido tratado con un cierto rigor en este género. Así, tenemos novelas como las de la serie de El centro galáctico de Gregory Benford o PLAYA DE ACERO de John Varley en las que se exploran los cambios de sexo que se han convertido prácticamente en una moda social.

En otras novelas y relatos, lo que se analiza es cómo se comportaría uno de los sexos si desapareciese el otro. Así tenemos al menos un par de relatos en que tal cosa sucede: HOUSTON, HOUSTON, ¿ME RECIBE? de James Tiptree o en CUANDO TODO CAMBIÓ de Joana Russ, donde el mundo está formado únicamente por mujeres y MÁS TEQUILA, de Joaquín Revuelta. Pero en ambos casos, la homosexualidad surge como algo artificioso, impuesto por unas circunstancias anómalas.

Algo parecido sucede en el relato HISTORIAS PARA HOMBRES de John Kessel, con una sociedad matriarcal que mantiene a los hombres relegados al papel de meros espectadores, sin poder real.

Pocas son las narraciones en que la homosexualidad es tratada con una cierta naturalidad o se analizan los prejuicios que sobre ella se tienen. Tal vez una de las pocas excepciones sea el relato de Theodore Sturgeon, EL MUNDO BIEN PERDIDO, en que un par de extraterrestres sufren persecución por ser pareja y del mismo sexo, siendo víctimas de los prejuicios tanto de su mundo natal como de los de la Tierra.

Pero en la mayor parte de los casos, como mucho suele incluirse algún personaje homosexual, que rara vez es el protagonista y, cuando lo es, suele disfrazarse su homosexualidad como algo marginal o como una bisexualidad encubierta. Un buen ejemplo de ello lo tenemos en EN ALAS DE LA CANCIÓN de Thomas Disch, quien debiera tener mayor sensibilidad con dichos temas pues él mismo es homosexual declarado.

Otras obras con personajes homosexuales son LA GUERRA INTERMINABLE (homosexualidad forzada por la superpoblación) DUNE, con el repugnante barón Harkonnen, malo, vicioso y degenerado, justo el arquetipo de cierto homosexual que aún subsiste por desgracia en el imaginario colectivo de demasiada gente.

También están los conocidos casos de EL MAESTRO CANTOR de Orson Scott Card, EL LIBRO DE LOS CRÁNEOS, de Robert Silverberg, donde uno de los cuatro protagonistas es homosexual y otro de ellos, también pero reprimido, lo que acaba originando una tragedia, LA LLEGADA de Joe Haldeman, 334, nuevamente de Thomas Disch, etc.

Un caso que se aparta de la norma es el tratamiento que da a la homosexualidad o a la bisexualidad un autor tan conservador como Robert Heinlein. Lejos de censurarla, la considera como una libre expresión de la sexualidad y, en este caso, predomina su ultraliberalismo a una posible moral tradicionalista. Así, una pareja de homosexuales educan a una niña en TIEMPO DE AMAR o en VIERNES, la protagonista es bisexual.

Otra posible excepción la encontraríamos en la escritora Poppy Z. Britte, cuyas novelas de vampiros, están pobladas por protagonistas sensuales y gays.

También se ha tratado el caso de un mundo habitado única y exclusivamente por hombres homosexuales en ETHAN DE ATHOS de Lois M. Bujold, aunque la situación tiene su trampa, como era de esperar.

Finalmente, me gustaría citar el caso de Ray Bradbury, uno de mis escritores favoritos pero que en este tema es verdaderamente reaccionario. En uno de sus relatos, el protagonista, al enterarse de que su hijo es gay, decide repudiarlo y volver a empezar de nuevo, esto es, tener otro hijo con una secretaria a fin de asegurarse descendencia.

En conclusión, creo que la homosexualidad es un tema todavía claramente tabú en la ciencia-ficción. No olvidemos que la mayor parte de ésta es de origen norteamericano y, allí, esta temática es todavía menos tratable que en Europa. Esperemos que algún escritor se decida a romper el tabú y a tratar el tema con la seriedad que se merece.

© Enric Quilez Castro
(731 palabras)
Publicado originalmente en El mundo de Yarhel el 22 de febrero de 2007