La Luna, esa astronave: de Espacio 1999 al registro de patentes
por Carlos Cotta

Espacio 1999 era y es una de mis series favoritas. Quien tuviera ocasión de verla en su momento recordará la premisa argumental de la serie: debido a una serie de explosiones nucleares en un vertedero radiactivo lunar, la Luna es lanzada fuera de su órbita hacia el espacio exterior. Con ella viajarán por todo el Cosmos los habitantes de la Base Lunar Alfa, capitaneados por el comandante Koenig (Martin Landau) y con la inestimable colaboración de la dra. Russell ( Barbara Bein) En su viaje hacia el planeta Meta (nombre idéntico en la versión original) encontrarán todo tipo de razas alienígenas y fenómenos desconocidos.

La serie era fantástica tanto por estética como por guión. Con respecto a lo primero, aunque los uniformes no pueden evitar los pantalones acampanados propios de la época de producción, la concepción retrofuturista del interior de la base, con formas redondeadas, predominio del blanco, paneles de interruptores, y osciloscopios es encantadora. La tecnología disponible era la imaginable en la época, y es ciertamente evocadora: impresoras de papel continuo, terminales de texto, y teclados empotrados en el escritorio. En cuanto a las armas ligeras, los protagonistas disponían de pistolas láser multi-función con un diseño muy particular, que incluía diferentes disparadores para aturdir, matar, desintegrar, soldar, etc. Mención especial merecen las naves espaciales: las celebérrimas Águilas (hay fotos detalladas de la maqueta usada en la serie aquí) Al parecer, George Lucas rechazó el diseño inicial del Halcón Milenario por ser muy parecido a éstas (dichos diseños se emplearon después para las corbetas CR90)

Con respecto al guión, tocaba muchos aspectos filosóficos acerca de la naturaleza del Cosmos, y el papel del hombre en él. De hecho, a lo largo de toda la primera temporada se da a entender que todo lo que está sucediendo es de acuerdo con un plan cósmico, y que no es casualidad que encuentren ciertas razas o planetas en momentos específicos. Aunque la segunda temporada cambió a un estilo más trekkie, en el que predominaba la acción y los encuentros con alienígenas nada amigables, el cierre final de la serie (realizado en un capítulo especial para conmemorar el año 1999) engarza perfectamente con el espíritu original, proporcionando a la vez una conclusión satisfactoria, y la posibilidad de una continuación de la serie.

Me ha venido a la mente esta reseña de Espacio 1999 a partir de una búsqueda que he realizado en la Oficina de Patentes Europea. Resulta que una de las patentes registradas tiene por nombre Astronave Universal: La Luna, y ni más ni menos propone usar la Luna como vehículo para viajes estelares de mil años, con varios miles de conquistadores universales como tripulación.

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La verdad es que la descripción de la idea es realmente de impresión: se propone construir una red de centros de vuelo y de centros de comunicación, conectados por raíles magnéticos. Habrá una ciudad que alojará a los tripulantes, dividida en varios niveles, y convenientemente apantallada contra la radiación. El centro de mando estará aparentemente en el centro de la Luna (!) y desde allí se podrá conseguir el movimiento deseado mediante novedosos sistemas de dirección. Por supuesto, se incluirán fuentes de energía capaces de satisfacer la demanda de todos estos sistemas durante varios miles de años. De esta manera, se podrá viajar a estrellas situadas a años luz de distancia (lógico, ya que salvo el Sol no hay ninguna otra estrella a menos de un año luz de aquí) aunque no haya planetas en los que aterrizar.

En fin, la patente no está en vigor porque el autor de la idea no ha pagado la tasa de renovación, así que si alguien se anima puede retomar el proyecto. En ese caso, rogaría por favor a la persona en cuestión que —antes de la partida— tuviera en cuenta en sus planes la sustitución de la Luna por otro cuerpo de similares características. Más que nada por aquello de seguir permitiendo que la Tiera sea un lugar habitable.

© Carlos Cotta
(659 palabras)
Publicado originalmente en La Singularidad Desnuda el 21 de diciembre de 2006
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