PDF, para que te quiero
por Francisco José Súñer Iglesias

El formato PDF ha traído una buena cantidad de beneficios a la publicación electrónica. Por lo pronto es el estándar de facto de la impresión industrial. ¿Quiere usted conseguir que aquello que tan laboriosamente ha compuesto se imprima tal cual? Expórtelo a PDF y en la imprenta serán felices. Pero cuidado, si usted no es un profesional del ramo, o al menos no tiene una larga experiencia en el campo de la maquetación, es preferible que deje esa tarea a quien realmente sepa como hacerlo. En la imprenta se lo agradecerán más todavía.

En el mundo virtual el PDF también ha supuesto una pequeña revolución. Los textos pueden ser igualmente maquetados y distribuidos sin que exista el peligro de que configuraciones inesperadas destrocen el texto antes de imprimirlo o, simplemente, se modifique el mismo (con facilidad) si esa no es la voluntad del autor. Eso ha permitido, con las excepciones de rigor, que los fanzines hayan abandonado definitivamente el problemático mundo del papel para convertirse en elegantes publicaciones electrónicas que, sin perder la esencia, llegan a más lectores y más lejos, posibilitando tanto la lectura en la pantalla como su impresión y disfrute en lugares poco proclives al despliegue electrónico.

No obstante, se echa en falta un poco más de sentido común por parte de los promotores de estas publicaciones. Más de una parece especialmente diseñada para no ser leída en absoluto, ni en la pantalla, por la poco afortunada maquetación, que no se adapta de ninguna manera al formato, ni en papel, a causa de su abigarrada composición llena de pesadas ilustraciones en color y textos culebreantes, con fantásticas fuentes incrustadas capaces de volver loca a la impresora doméstica más avanzada y hacer perder la paciencia a las profesionales no destinadas específicamente a la impresión de publicaciones.

Se maqueta con más ilusión que cabeza, pensando en brillantes papeles satinados e imprentas offset de alta velocidad, y no en el medio al que van destinadas. El trabajo resultante puede llegar a rozar la perfección: composiciones, volúmenes, reparto del texto y distribución de las imágenes casi ideal, bello, digno de ser el suplemento de alguna revista generalista.

Pero que no sirven de gran cosa.

En la pantalla surgen varios problemas. Uno de los más molestos es la doble o triple columna. La dualidad de estas publicaciones (pantalla-papel) hace que sus dimensiones habituales sean las del A4. Eso significa que con tamaños de letra adaptados a estas medidas se haga casi imposible su lectura en el modo de página completa del visor PDF, pese a que los monitores son cada vez más grandes y asequibles, por lo tanto hay que optar por el modo ancho de página. Con texto corrido se van pasando pantallas y páginas sin mayores complicaciones, pero hay quien se empeña en usar la composición en columnas.

Si se trata de facilitar la lectura en pantalla, la columna es una torpeza: rompe el flujo normal de la lectura, obliga una vez llegado al final a subir de nuevo a la parte superior de la misma página, que en la pantalla implica además hacer un desplazamiento vertical que en los más de los casos desconcierta y acaba hastiando.

Otra tentación irresistible es usar decenas de ilustraciones coloristas. El resultado suele ser impactante, una publicación de aspecto apabullante... que no se puede imprimir, o al menos resulta difícil y costoso en términos de tiempo y recursos.

Ahora sumemos todos estos factores y ¿qué tenemos? una publicación que enviada a la imprenta dará un resultado francamente impresionante y sin duda profesional, pero que distribuida tal cual resulta pesada (la banda ancha no es tan universal como se piensa) engorrosa y de lectura fastidiosa.

En el otro extremo están las publicaciones orientadas fuertemente a su lectura por pantalla. El formato apaisado usado por muchas es ideal, una página, un pantallazo, pero el problema es obviamente el desconcertante resultado a la salida por la impresora, no tanto por la orientación del texto como por los fondos elegidos en algunas ocasiones que emborronan el papel, y otras por la enorme cantidad de páginas resultante que obligan a jugar con las opciones de impresión de dos o más páginas por hoja, lo que a su vez puede convertir en ilegible el resultado si los tipos de letra son demasiado pequeños.

¿Significa que para evitar estos problemas se debe renunciar a dar un aspecto agradable y profesional a las publicaciones? En absoluto, no es necesario y menos aún deseable volver a la tosquedad de los antiguos fanzines, pero tampoco se debe perder la perspectiva y diseñar pensando en kioskos y librerías. Hay que tener claro el medio de distribución, sus especiales características, los diferentes medios en los que va a ser reproducida la publicación y diseñar en consecuencia. En este caso la exuberancia sólo provoca problemas, el minimalismo se adapta mucho mejor, pero para que un diseño minimalista sea también elegante y atractivo es preciso que detrás haya talento y buen gusto, y somos muchos los que no estamos llamados por ese camino.

Eso también hay que tenerlo claro.

Actualización del 14 de enero de 2009. Otro uso bastante absurdo de los archivos PDF es la difusión de comunicados, anuncios y notas de prensa de toda clase. Por su propia naturaleza, los archivos PDF no se pueden editar alegremente, es necesario un programa que permita copiar el texto para darle posteriormente la forma propia de cada publicación. Eso, para las publicaciones profesionales no es un problema, se supone que tienen todas las herramientas necesarias, pero en el caso de los editores aficionados, a no ser que se pirateén o compren esos programas, caros en general, un PDF y nada, es casi lo mismo.

© Francisco José Súñer Iglesias
(947 palabras)