La rana transparente y el complejo de Frankenstein
por Daniel Salvo

Hace unos meses, gracias a la Internet, nos enteramos de la siguiente noticia: científicos japoneses han obtenido una variedad de ranas de piel transparente, lo cual permite ver el funcionamiento de sus órganos sin necesidad de abrirla. El objetivo de esta alteración es la lucha contra el cáncer. También dicen que es para evitar que los adolescentes estadounidenses se traumen al realizar el consabido diseccionamiento de ranas que es parte de su formación, según el tópico difundido por Hollywood. Y se rumora la pronta obtención de ranas luminosas...

Por cierto, estas alteraciones de especies vivientes no deberían asustarnos en lo más mínimo. Los seres humanos hemos venido alterando la naturaleza desde que asumimos el papel de especie superior. La papa fue originalmente un tubérculo venenoso que fue transformado en la planta que salvó de la hambruna a Europa. Y tanto los lindos perritos pekineses como los peligrosos pitbulls son productos de incontables cruces entre canes.

De un modo u otro, podemos concluir que el ser humano está habituado a convivir con los productos modificados de la naturaleza. Está habituado a manipularla —a largo o mediano plazo— y obtener así un resultado. Casi nadie parece haberse percatado que de los cerdos grasosos de antaño hemos pasado a los esbeltos porcinos de la actualidad. Y nos parece bien consumir más carne y menos grasa.

Sin embargo, la sola mención de la expresión manipulación genética provoca siempre una sensación de alerta. Causa cierto rechazo la idea de que en el futuro próximo aparezcan otras especies o variedades demasiado exóticas de las ya existentes.

Este temor, a mi parecer, es injustificado. La manipulación genética no es más que el mismo proceso que hace miles de años produjo al perro pekinés y a la papa, sólo que con más tecnología y velocidad. Si podemos vivir comiendo cerdos menos grasosos, igual podemos convivir con ranas de piel transparente (digo, es un decir, no debe ser una visión muy agradable en verdad)

¿A qué le tememos, realmente? Todo parece indicar que esta actitud recelosa frente a la manipulación genética no es más que una nueva versión del complejo de FRANKENSTEIN: que nuestras creaciones se vuelvan contra nosotros.

Pero hay más aún. Si bien es cierto que ciertos alimentos transgénicos (o mutantes) no han resultado completamente inocuos, también lo es que cualquier tipo de alimento, animal o vegetal, puede tener efectos colaterales. La caigua que en Perú comemos rellena puede ocasionar ceguera si se consume en exceso. El cerdo contaminado puede contagiarnos una mortal cisticercosis. Y todo ello sin manipulación genética de por medio.

Puesta la peligrosidad de la naturaleza modificada en su verdadera perspectiva, la pregunta ¿a qué le tememos cuando hablamos de manipulación genética? casi cae por su peso.

Tememos la manipulación genética del hombre.

La tememos, por que no es lo mismo volver comestible un tubérculo, criar una nueva mascota o conseguir mejor carne, que obtener un nuevo ser humano, nuevo en cuanto gozaría de todas las ventajas de las que el homo sapiens carece: longevidad, inmunidad, inteligencia aumentada….

Lo que tememos es que aparezca una nueva especie de ser humano, que primero nos mire por sobre el hombro y luego nos reemplace. A diferencia de la situación anterior, en la cual la manipulación genética no afectaba al ser humano, en el futuro la manipulación genética logre lo que para algunos es un sueño y para otros una pesadilla: la aparición de OTRA ESPECIE INTELIGENTE en nuestro mundo. Adiós al rey de la creación. Adiós a nuestro lugar en la cúspide de la cadena evolutiva (si es que alguna vez estuvimos en él, claro está)

Como lo advirtieron FRANKENSTEIN, EL HORLA, SLAN, GATTACCA, los X-MEN y tantas otras obras de la ciencia-ficción, de un modo u otro ha de aparecer un nuevo tipo de ser humano, otra especie inteligente. Lo que algunos esperaban de la evolución (proceso a muy largo plazo y difícilmente demostrable) podría lograrse dentro de poco gracias a la ciencia. Por lo pronto, ya tenemos la secuencia completa del genoma humano. Ya sabemos por donde empezar….

¿Podrán coexistir ambas especies? ¿Dominará una a la otra? ¿La exterminará? Dado el comportamiento del ser humano actual, incapaz de coexistir pacíficamente consigo mismo, parece que la respuesta es obvia: es muy probable que el superhombre del futuro (¡ Nietzche, equivócate por favor!) prescinda de nosotros.

© Daniel Salvo
(721 palabras)
Publicado originalmente en Ciencia Ficción Perú el 1 de septiembre de 2007