Especial Undécimo Aniversario
La ciencia-ficción como motor de la realidad
Especial Undécimo Aniversario
por Íñigo Fernández

Eran los tiempos de las primeras películas de LA GUERRA DE LAS GALAXIAS cuando cursaba el bachillerato. Recuerdo a un profesor de dibujo lineal —diseñador de profesión— que, pese a ser bastante cascarrabias y engreído, nos tenía a todos con la boca abierta por haber fabricado una réplica móvil del famoso R2D2. Recuerdo, de igual forma, su socarrona respuesta cuando uno de los compañeros le preguntó si iba a construir un C3PO: Hijo, cualquiera sabe que es imposible elaborar un robot bípedo. Eso es cosa de la ciencia-ficción.

Hoy, a casi treinta años de distancia, confirmo que aquel hombre sabía de robótica lo mismo que yo de física cuántica, pero reconozco que gracias a él hoy no dejo de asombrarme al constatar los logros alcanzados por la ingeniería robótica ha desarrollado desde entonces y empiezo a comprender que sea natural que la ficción supere a la realidad.

Cuando observo a Asimo caminando y subiendo escaleras, recuerdo las palabras de mi profesor y no puedo evitar preguntarme ¿hasta dónde llegaremos? siendo siempre la misma: no lo sé. ¿Y es que cómo saberlo cuando las posibilidades son infinitas y tienen por límite la imaginación?

Como historiador, acostumbro a hablar del pasado y a explicar los hechos desde la óptica de la larga duración, es decir, tengo la manía de remontarme en el tiempo para encontrar sus orígenes. Así, y en el contexto del devenir histórico, tres décadas son poco menos que nada, un estornudo en la vida de una persona común si se comparan con los cinco mil años de civilización humana.

Sin embargo, después de impartir cátedra o al hacer a un lado los libros de historia reflexiono en estos últimos treinta años y encuentro cambios abismales, transformaciones asombrosas que me permiten ver cómo se ha pasado de las personas ocultas en cuerpos de robots a autómatas que se disfrazan de humanos, maravillarme con androides que tocan el violín, que hacen los quehaceres del hogar y que cuidan a los niños mejor de lo que muchas personas serían capaces de hacer; en otras palabras, de estar en contacto con una realidad que constantemente se ve retada y superada por la ficción.

Vivimos en un mundo que se mueve rápidamente y que se encamina hacia el futuro a pasos agigantados mientras que la mayoría de sus habitantes somos espectadores que no tenemos más opción que dejarnos llevar. Los avances de la ciencia, en lo general, y de la robótica, en lo particular, nos sumergen en una vorágine incontrolable y nos hacen sentir que nos encontramos haciendo un viaje cuyo destino final ignoramos por completo. No obstante ello, prefiero ver las cosas de otra forma, como un reto para cambiar nuestra forma de percibir la realidad y de pasar del es imposible al no es posible por ahora, y de entender que si bien lo dicho por Isaac Asimov en YO ROBOT, Philip K. Dick en ¿SUEÑAN LOS ANDROIDES CON OVEJAS ELÉCTRICAS? o George Lucas en LA GUERRA DE LAS GALAXIAS, sólo por citar algunos casos, no es una crónica precisa del porvenir, al menos si nos plantea una serie de posibilidades a futuro.

Nadie puede negar que los robots se encuentran integrados a nuestra existencia ya sea en las fábricas, los hospitales, la policía o la calle. El desafío a partir de ahora será encontrarnos con androides cada vez más parecidos a los seres humanos físicamente, humanoides que nos parecerán emigrados de libros y películas —lo son, en realidad— y que nos harán ver que la ciencia-ficción, más que un género literario, se está erigiendo en un motor de la realidad.

© Íñigo Fernández
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Íñigo Fernández es historiador y colaborador del Sitio de ciencia-ficción.