Especial Undécimo Aniversario
Habrá una vez un robot
Especial Undécimo Aniversario
por Dixon Acosta

La ciencia-ficción es un género que vive en tiempo futuro, por ello, las fábulas en este caso no deben empezar con el érase una vez, hay que cambiar la fórmula.

Habrá una vez un robot que pueda reemplazar en todas sus funciones a un humano... comienzo de un cuento especulativo, que ha pasado de ser un interrogante a una afirmación que se da por cierta, pero el simple planteamiento, provoca necesaria preocupación e incluso miedo físico. Es un tema paradójico, pues le tememos a un logro humano que al mismo tiempo nos debería enorgullecer.

De hecho, la prevención tendría mucho más sentido si fuéramos perros, los cachorros autómatas fabricados en Japón, cada vez se parecen más al mejor amigo del hombre. Podrían entonces estos clones mecánicos amenazar la existencia del perro, por razones de economía, salubridad o para comodidad de algunos padres, evitando que sus hijos experimenten el dolor de conocer una pérdida a edad temprana, por la muerte de su mascota? Personalmente espero que esta situación no se produzca, pero como toda situación imaginada, siempre será factible.

Dejando de lado a las mascotas y concentrándonos en el miedo futurista que parece ya ancestral, de tanto leerlo y verlo en las películas, sobre la amenaza velada de los robots. El imaginario sólo concibe a los mecanismos con apariencia humanoide, pero olvidamos que actualmente convivimos y dependemos de toda una serie de mecanismos de inteligencia artificial, empezando por ordenadores o computadores, pero que cada vez más llegan a ser determinantes en la vida cotidiana, como los dispositivos de entretenimiento. Estoy seguro que durante las recientes fiestas navideñas, las cartas de los niños pidiendo regalos al niño Dios, Santa Claus ó los Reyes Magos, incluían una variada gama de dispositivos electrónicos para escuchar música, juegos y teléfonos celulares.

La invasión electrónica ya empezó, e incluso en algunos hogares los efectos negativos comienzan a evidenciarse con las nuevas adicciones, sutiles pero que pueden resultar tan destructivas como las drogas tradicionales, paradójicamente muchos padres, para alejar a sus hijos de sustancias alucinógenas, promueven la dependencia de los dispositivos electrónicos, desde la vieja televisión hasta los últimos desarrollos audiovisuales, creando una nueva generación de adictos, pero este es tema de otro análisis. Por el momento, volvamos a la imagen tradicional del potencial enemigo, el robot a imagen y semejanza de su creador.

En I ROBOT, Isaac Asimov siembra las primeras inquietudes sobre el tema, así como pronostica hitos, como los inventos que produzcan los mismos robots. Momento cumbre de la era robótica, cuando el robot termine su rol de esclavo (recordar que el término robot se origina en una locución checa que significa sirviente) para convertirse en amo creador. Como afirmaba en otro artículo, a diferencia de otras materias pendientes como la carrera espacial, la robótica es uno de los temas que sigue evolucionando, casi al ritmo que la literatura y el cine lo han vislumbrado. Los desarrollos de las empresas japonesas así lo demuestran, desde que hace algún tiempo, se presentó en sociedad a Asimo, un robot con facha de astronauta que podía caminar como un ser humano, lo que ya resultaba un prodigio, ahora nos sorprenden menos, con más avances espectaculares.

Aunque la literatura y el cine han especulado bastante sobre los riesgos de la robotización y se siguen repitiendo los pronósticos apocalípticos, seguimos disfrutando el momento de la fascinación con los avances cibernéticos, pero en lugar de insistir si algún día los robots se levantarán contra los seres humanos, creo válido observar algunas consecuencias más cercanas que efectivamente podrían perjudicar a ciertos grupos de la población. El sentido del robot es servir a la gente y de hecho ya existen mecanismos que realizan operaciones peligrosas o complejas, la pregunta que podría alarmar a todo el sector de trabajadores, es hasta qué punto resultaría atractivo para empresarios y capitalistas reemplazar a toda la fuerza de trabajo por mecanismos a los cuales no hay que pagarles ni prestaciones, ni seguridad social ni pensiones de jubilación.

¿Habrá entonces un nuevo ludismo? Aquel movimiento social de los artesanos, obreros y trabajadores manuales que en los albores de la revolución industrial protestaron violentamente contra las máquinas. Un interrogante que se desprende, tiene que ver con la Migración, como fenómeno social y político. Es claro que algunos de los países del primer mundo, toleran y promueven los flujos migratorios, porque hay un grupo de personas dispuestas a realizar labores poco calificadas y menos gratificantes. ¿Qué pasará con millones de migrantes laborales y sus familias, si son gradualmente reemplazados por robots u otras formas de inteligencia artificial?

En consecuencia, en materia de robots no sólo debe preservarse las tres leyes que el buen profesor Asimov concibió para garantizar la supervivencia de los seres humanos, quizás también deban considerarse las leyes de trabajo, seguridad social, así como las políticas migratorias. Todo ello, para que la fábula de la que hablamos al comienzo pueda tener un final feliz.

© Dixon Acosta
(818 palabras)
Dixon Acosta es colaborador habitual del Sitio de ciencia-ficción