Especial Undécimo Aniversario
Obsesiones antropomórficas
Especial Undécimo Aniversario
por Jacinto Muñoz

¿No os parece una tontería toda esa manía de construir robots humanoides?

Es cierto que en la invención original de los hermanos Capek, esta palabra designaba un tipo de criaturas antropomórficas, más exactamente criaturas de origen orgánico, indistinguibles externamente de los humanos y auténticos predecesores de los famosos androides, conocidos como replicantes, que imaginó Dick y lanzó a la fama mundial, más allá de las fronteras de la ciencia-ficción, Ridley Scott. Pero no es menos cierto que casi desde que Henry Ford se decidió a mejorar las doctrinas de Taylor, las máquinas o ingenios electrónicos programables, capaces de manipular objetos y realizar operaciones antes reservadas solo a las personas (DRAE dixit) se han reproducido de forma exponencial hasta rodearnos por todas partes, ocultas bajo las apariencias más dispares y haciéndonos creer que todavía somos nosotros los que controlamos el mundo.

Por ir a lo mas elemental: ¿Es una lavadora un robot? ¿Y un lavavajillas? ¿Y un semáforo controlado por ordenador? O, volviendo a Henry y sus cadenas de montaje, ¿lo son esos bonitos artilugios que ensamblan, pintan y hasta ponen remaches?

La respuesta no importa demasiado, de lata o piel sintética, los chismes con aspecto humano, han sido los reyes en el mundo de la especulación científica, los destinatarios de las tres leyes o los que con chupa de cuero y gafas oscuras se desviven, ingratos, por destruir a su creador. Es la primera imagen que a todos nos viene a la cabeza cuando nos encontramos con la palabreja. Un robot es algo con cabeza, tronco y extremidades, salvando los bajos, que pueden ser sustituidos por ruedecillas o similares.

Y vuelvo con las preguntas: ¿Tiene algún sentido práctico construirlos así?

Resulta simpático el robot violinista, o Asimo subiendo escaleras. Sin embargo, cualquier sintetizador medianamente bueno y programado, reproduce más y mejor música y no imagino yo a una empresa de logística sustituyendo los montacargas, los palés y los toros por filas de muñecos con mochililla acarreando paquetes de un piso para otro. Tampoco he visto en la tan de moda domótica, ningún diseño de casa inteligente que incluya un mayordomo mecánico, quizá quedara original, sólo que al parecer es mas práctico y económico instalar un motorcito que mandar a nuestro automatizado James subir y bajar persianas.

Es decir, que como la madre experiencia enseña, en cualquier área de la actividad humana que se nos ocurra, una máquina de diseño específico, será mucho mas barata y eficaz que un supuesto hombre artificial multipropósito.

Entonces: ¿Por qué molestarse en construir un androide violinista? ¿Por qué ese empeño en imaginar un futuro lleno de robots copiados de Adán?

¿Por emular al creador con aquello de: a su imagen y semejanza? ¿Por qué nos sentimos solos en la inmensidad del Universo? ¿Por qué las mujeres son seres incomprensibles y conviene ir preparando una alternativa? (aplíquese al hombre en caso de diseñadoras) ¿Por nuestro irreductible antropocentrismo? ¿Por llamar la atención?

No. La respuesta es mucho más sencilla. Este tipo de artefactos son como los Clic de Famobil, los Madelman o las Muñecas de Famosa camino del portal: juguetes. No máquinas o ingenios electrónicos programados, sólo juguetes, único campo en el que comienzan a extenderse cosas con aspecto humano, programados para hacer caca, pis y balbucir mamá. Reconozco que el muñeco violinista igual sale un poco caro como regalo para los niños, pero me apuesto algo a que sus promotores no jugaron lo suficiente de pequeños.

© Jacinto Muñoz
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Jacinto Muñoz es colaborador habitual del Sitio.