Especial Undécimo Aniversario, 2
El robot del futuro
por Enric Quilez Castro

Si bien los últimos avances en robótica son bastante espectaculares, parece como si esto de producir robots androides con algunas capacidades similares a las de los seres humanos no va tan rápido como las novelas y relatos de ciencia-ficción de mediados del siglo XX nos hicieron creer que sucedería.

Claro que no es algo que afecte únicamente a la robótica. Todos hemos oído hablar del coche del futuro o de la casa del futuro, pero seguimos teniendo coches de conducción manual, a lo sumo con un salpicadero con muchas lucecitas y unas casas pequeñas y caras que para qué hablar.

Supongo que con la robótica pasa algo parecido. ¿Para qué gastarse verdaderas fortunas en investigación y desarrollo para producir un robot que cocine y friegue la casa si existe -por suerte o por desgracia- mano de obra barata que lo va a hacer mucho mejor? Supongo que la tecnología suele invertir allí donde no es posible encontrar competencia humana a mejor precio.

En fin, que los robots humaniformes que soñó Isaac Asimov, si bien podrían ser factibles en un futuro no muy lejano (ya saben, el robot del futuro) tal vez no se construyan nunca o al menos no se construyan en masa. Hay demasiada gente sobre la faz del planeta como para que sean realmente necesarios.

Una de las tesis de estas novelas de ciencia-ficción es que los robots se convertirían, haciendo honor al origen etimológico de la palabra, en poco menos que esclavos cualificados, sin derechos, al servicio de la sociedad humana.

Ello plantearía un dilema ético, pues si un ser es tan parecido a un ser humano en inteligencia que cuesta de distinguirlo —una especie de test de Turing llevado a la práctica—, ¿no estaríamos tratando con seres dotados realmente de inteligencia? ¿Y si además tuviesen conciencia?

Lo que está claro es que los avances en inteligencia artificial, tanto los aplicados a la robótica como los que no, están muy lejos todavía de producir seres dotados de algo parecido a la inteligencia humana, aunque sean capaces de reproducir con éxito algunas funciones más o menos complejas del cerebro humano.

Supongo que el principal escollo es que ni los especialistas se ponen de acuerdo en definir qué son cosas tales como la inteligencia o la conciencia, por lo que su reproducción artificial se torna muy complicada.

Recuerdo que hace años, en un reportaje que vi, aparecían un par de brazos robóticos que interpretaban el YESTERDAY de los Beatles. La verdad es que me emocioné. Hoy día, la potencia de cálculo de los ordenadores es tal, que ese logro parecería ridículo. Tanto la informática como la robótica han llegado a unos niveles de sofisticación verdaderamente sorprendentes, pero creo que la implantación de las tres leyes de la robótica quedan todavía muy lejos en el tiempo....

© Enric Quilez Castro
(468 palabras) Créditos
Enric Quilez Castro mantiene el interesante blog El mundo de Yarhel.