Especial Undécimo Aniversario
Soñando en robots
Especial Undécimo Aniversario
por Francisco José Súñer Iglesias

Mientras los sueños se escapan por la chimenea la realidad entra por la ventana. Esta ha sido una constante de la ciencia-ficción a lo largo de su historia, los maravillosos inventos que prometían un futuro lleno de bienestar y comodidades o no se han materializado o lo han hecho de formas impensables por sus creadores, y en cualquier caso, otros muchos han aparecido sin que nadie hubiera tenido la clarividencia de preverlos. Infinidad de pequeños artilugios, desde tan simples como asombrosos pelapatatas hasta complejos pero a la vez invisibles sistemas de control, hacen la vida más sencilla sin que nadie pensara que las cosas podrían tomar esa dirección precisa.

La robótica ha sido siempre uno de los centros de atención del género, e incluso desde antes, el anhelo de dar vida a la materia inanimada ha puesto en jaque a ingenios poderosos e inflamado la imaginación de escritores y artistas. Desde el Talos maravilloso de la mitología griega hasta el monstruo creado por Victor Frankstein, toda una serie de invenciones y seres de casi cualquier material eran requeridos para liberar al hombre de las tareas más pesadas. El monstruo de Frankstein sea probablemente la primera invención que, más allá de la cábala y el soplo de los dioses, da al ingenio humano el crédito de poder crear algo semejante a él. Era el apogeo de la revolución industrial y una época de descubrimientos y asentamiento del método científico como impulsor del conocimiento.

Desde entonces miles de invenciones han querido recrear mecánicamente la figura humana, escritores y pensadores han sentados las bases filosóficas sobre las que establecer la convivencia con estos émulos del ser humano, casi cada día salta la noticia de que tal o cual departamento de investigación ha lanzado un robot capaz de imitar con asombrosa precisión los movimientos de sus creadores, e incluso es capaz de moverse por casi cualquier entorno sin problemas.

Serían cuestiones para dejar boquiabierta a media humanidad de no ser por una simple cuestión, son máquinas con nula inteligencia.

Aunque los investigadores han logrado crear programas capaces de mantener conversaciones sin que sus interlocutores caigan en la cuenta de que no son humanos, de que otros sean invencibles al ajedrez, incluso de programar autómatas para que aprendan y ganen experiencia, todavía falta mucho para poder decir que una de esas máquinas tiene la chispa de la verdadera inteligencia, de la que va más allá de la pura especialización y el aprendizaje automático, la que se adapta a cualquier circunstancia más allá de unas pautas básicas, sencillamente porque esa inteligencia es la que establece las pautas, prácticamente de la nada en un proceso de creación continua.

Una máquina, por muy bien que imite el movimiento humano, sin esa chispa de inteligencia no deja de ser un juguete asombroso. Puede que algún día tengan capacidades que vayan más allá de la mera simulación, pero de momento están todavía en el ámbito de los sueños.

© Francisco José Súñer Iglesias
(489 palabras)