Compitiendo
por Francisco José Súñer Iglesias

Hace poco he sido jurado del Domingo Santos y, sinceramente, la experiencia ha sido descorazonadora. El reglamento del premio imposibilita que sea declarado desierto, de modo que, desde mi punto de vista (esto que digo no vincula al resto de la organización del concurso) el ganador acabó siendo el menos malo de los relatos. Ninguno alcanzaba un mínimo aceptable para ser considerado un vencedor digno, y las causas eran muchas, pero la principal es que muchos autores no saben lo que supone presentarse a un concurso literario.

En mis tiempos de escribidor era capaz de ganar regularmente premios y accésit en los Juegos Florales de mi barrio mediante el sencillo método de releer los ganadores de las ediciones anteriores y, sobre todo, averiguar quienes eran los jurados. Una vez hecho esto ajustaba el argumento y tratamiento del tema a los parámetros generales de los anteriores ganadores y, si los conocía, a los gustos de los jurados. Esto puede escandalizar a más de uno; ¿dónde queda la independencia creativa? Sencillamente para las aventuras extra-competitivas.

Mi experiencia deportiva me orientaba a preparar el concurso, podía haber (y había) autores con más talento y mejores ideas, pero los parámetros que me era posible controlar y potenciar eran debidamente controlados y potenciados. Ahora, ya de la parte del jurado, me sorprende la absoluta falta de competitividad de los autores. En este último Domingo Santos he encontrado una buena cantidad de defectos fundamentales, desastrosos para alguien que quiere ganar un concurso (y lo más grave, para cualquiera que escriba)

Presentar un relato a un concurso significa competir, y la competición en estos casos no está enfocada a la superación personal, sino a ganar. Exclusivamente.

En un concurso literario no hay perdedores. Gracias al anonimato exigido para participar raramente se sabe quien ha quedado por el camino, como tampoco se sabe porque los relatos descartados han quedado por debajo de los límites de calidad exigidos. No hay enseñanza, no es posible adquirir experiencia, solo ganar, y a lo sumo, conseguir aparecer en una antología.

Como siempre es mejor ser positivo, ofrezco estos consejos a los autores menos experimentados para que sean capaces de presentar a los concursos obras que, al menos, no hagan sufrir al seleccionador:

:: Piensa. Busca temas interesantes, elabora historias consistentes, perfila personajes sólidos, estructura argumentos... ¡Pero antes de empezar a escribir! El mito del pánico al folio en blanco es una estupidez; si no tienes nada que contar es obvio que no puedes contar nada. Si empiezas a escribir un relato sin saber que estás escribiendo es condenarte al fracaso. Escribe solo cuando sepas qué vas a contar. No improvises. No te creas el genio que no eres. Recuerda las proporciones: 10% de inspiración, 90% de transpiración.

:: Deja en paz el procesador de textos. Estás escribiendo un relato, no preparándolo para la imprenta. Todos los formatos sobran. Lo único que vale es el argumento y el estilo, si no te concentras en eso, el relato no vale nada por muy elegantemente presentado que esté. Si te aburres o te has quedado sin inspiración agarra una escoba y barre la casa, o sal a tomar el aire, o emborráchate, lo que sea, pero deja de escribir. Inmediatamente.

:: Sin menoscabo de lo anterior: repasa varias veces el texto, se pulcro, puntúa con corrección. ¡No envíes relatos con faltas de ortografía!

:: No divages. Estamos hablando de una competición, si pretendes que los jurados esperen a llegar a la mitad del relato para averiguar que quieres contar olvídate de ganar. Los jurados deben leer muchos relatos, y una forma sencilla de realizar la selección previa es dar unas pocas páginas de margen para que el relato tome cuerpo, y si no lo ha hecho en un tiempo razonable, descartarlo.

:: Que en las bases se haya establecido un máximo de palabras por relato, sin indicar un mínimo, no significa que el relato deba tener exactamente ese número de palabras. Cada idea tiene un recorrido y un desarrollo, si la que estás trabajando no necesita más de la cuarta o la mitad de la extensión indicada déjalo así, pero no lo infles artificialmente o acabarás con cualquier simpatía que hayas despertado durante su comienzo.

:: No intentes impresionar al jurado con el uso exhaustivo de todos los términos del diccionario de la Academia y todas sus acepciones. Los jurados suelen ser gente leída y huelen el exceso de lejos. Sé contenido, concéntrate en construir un buen argumento y mejor desarrollo, evita que las palabras-árbol oculten el relato-bosque. La máxima Si no puedes deslumbrarles con tu talento, ciégales con tu palabrería jamás puede ser una opción. Esto no significa que descuides el lenguaje: has de pulirlo hasta que brille, y siempre es mejor pocas palabras bien elegidas que muchas amontonadas sin casi relación entre sí.

:: De igual modo que el arranque del relato debe ser absorbente, el final debe estar a la altura. Si tras cientos o miles de palabras resuelves la historia abruptamente date por perdido. No hay nada más desagradable que pensar que ha ocurrido un error de impresión, o que el archivo estaba en mal estado y se ha perdido un buen fragmento del relato y darse cuenta que no, que la cosa acaba así, por las buenas.

:: Un arranque impactante, un final redondo y la brevedad bien entendida no implican precipitación. Todo tiene su tempo. No amontones acontecimientos, es mejor reducir escenas y desarrollar bien unas pocas antes que montar un collage que acaba por hacerse caleidoscópico e incomprensible.

:: Nada de experimentos. Es una competición, y los jurados tienen mucho que leer, no les mareés con idas y venidas en la línea temporal ni juegues con la ambigüedad vital de los personajes. Recuerda: línea clara, planteamiento, nudo y desenlace. Personajes bien perfilados. Trabaja el argumento y el estilo. No cocines un plato de espagueti. No obstante, si dentro de esos parámetros tienes talento para experimentar (que probablemente no lo tengas), puedes arriesgarte, el aire fresco siempre es bien recibido.

:: No recicles relatos para sucesivos concursos, hay jurados que son requeridos una y otra vez por unos y otros organizadores. Si leen repetidamente el mismo relato el deja vù les lleva a pensar que el relato no es inédito y es posible que se te descalifique, o al menos se aparte el relato discretamente.

:: Una vez creas el relato terminado se sincero contigo mismo (insisto, no te creas el genio que no eres) Tienes miles de ejemplos con los que compararte. Compárate con ellos. Si sales malparado de la comparación (no te autoengañes) rompe, rasga, y recomienza. Por supuesto: nunca pidas la opinión de tus allegados. Te quieren, y no querrán hacerte daño.

Habrá más cuestiones a tener en cuenta, pero con estas tienes mucho ganado. Presentarse a un concurso (concurso, no premio, el matiz es importante) implica muchas cosas que normalmente se olvidan. Parece que escribir y enviar un relato basta.

No.

Eso está bien para revistas y e-zines, donde es más que seguro que, de rechazarlo, el editor te devolverá el relato explicándote porqué no lo puede publicar, pero un concurso es una competición.

Olvidar eso es condenarse al fracaso.


Enlaces de interés

Guillermo Ríos apunta varios aspectos fundamentales del arte de escribir en: Los cinco pilares de la sabiduría narrativa

© Francisco José Súñer Iglesias
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