El autor como editor y la propiedad de los medios de distribución
por Jacinto Muñoz Vivas

Al viejo debate, traído ya en más de una ocasión a estas páginas, del autor editor de sus propias obras le queda poco tiempo. El triste peregrinar del modesto aficionado, el convencido de su valía frente a la incomprensión del mundo o el prudente guardián de la memoria del diario del abuelo; en busca de algún preclaro editor está a punto de terminar.

Lejos van quedando los manejos de supuestas editoriales a la caza de nuevos talentos, que tras elogiosa ponderación del manuscrito, pasaban no menos ponderada minuta a cuenta de costes de impresión y distribución. Costes que sin duda, el futuro afamado autor, recuperaría con prontitud gracias la masiva venta de su magnífica obra.

Lejos porque ya se divisa la fértil tierra de promisión, ya la están pisan nuestros pies, ya esta aquí la red de redes, la gran tela de araña mundial, el paraíso en la tierra de todos aquellos que algún día decidieron que tenían algo que ofrecer al mundo, o a sus amigos, o a su familia, o a la vecina del quinto. Internet, el mágico invento que en un clic-clac permite al creador, ya sea bueno, regular, malo o pésimo, poner a disposición de millones de potenciales lectores el resultado de su obrar.

En otros mundos que no tocaré aquí, el peso de los medios de producción profesionales quizá sea un poco más elevado pero la música y el cine ya se están moviendo y cuando dentro de unos años un buen equipo con software profesional esté al alcance de cualquiera, quien sabe, pero en la cosa de escribir, una web, un blog, un wiki y a tirar millas, incluso las perversas editoriales de las que antes hablaba, se han convertido en bondadosas entidades que aceptan sin costes nuestros PDF, los publicitan en sus tienda virtual y los convierten en libro impreso en caso de que algún comprador así lo solicite (obvia decir que no se han transmutado en oeneges, sin gasto ni trabajo por su parte, se limitan a publicar en su web de ventas nuestro PDF garantizándose le venta de los ejemplares que pida el autor y los de sus amigos y parientes)

Está es la realidad amigos, el libro como soporte masivo de información ha muerto. Ya se que muchos de nosotros seguimos siendo viciosos del olor a tinta y el tacto del papel entre los dedos, pero tal perversidad sólo durará, tirando largo, una generación y media.

Mas todo paraíso tiene su serpiente y esta nueva situación plantea entre otros estas cuestiones:

¿Cómo separar la paja del trigo en tan ingente cantidad de información mezclada con basura?

¿De qué vivirán los creadores?

Y una tercera y fundamental. ¿De qué vivirán los distribuidores, editores y sociedades de autores?

Detrás de todo esto subyace el mismo problema de siempre: el poderoso caballero, valga la cita fácil. Si por su bajo coste y uso masivo se pierde el control de los medios de producción habrá que controlar los de distribución.

Desplazados en el corte del pastel por las operadoras de telefonía y servidores de Internet, los financieros de las grandes productoras y editoriales se devanarán los sesos buscando pasta mientras ponen diques al mar en forma de múltiples prohibiciones, algunos como EMI parece que se han rendido, y otros, los mas espabilados como nuestra SGAE, han ido directamente a las fuentes estableciendo un impuesto (¡privado!) sobre cualquier cachivache presente o futuro capaz de almacenar y/o reproducir información digitalizada. Pero no se puede encerrar el mar en una botella y la afluencia masiva de creadores y lectores terminará por...

Más allá hay monstruos, que decían los viejos navegantes, los otros, los de verdad y no se lo que nos deparará el futuro sólo que la vida se adapta al medio, lo que hoy es negocio mañana no lo será y muchas han sido las grandes especies y corporaciones que se han extinguido a los largo de la historia. Los nuevos fenómenos encontraran su nicho ecológico y soluciones que ya apuntan terminarán triunfando, otras no. Sitios como este en que me leen (espero) servirán para aventar la paja, otros más poderosos harán lo mismo pagando además a los genios que les cedan contenidos. Muchos, se conformaran que uno vea su obra y otros mejores y mas espabilados se buscarán la vida. ¿O no creéis que si George R. R. Martín hubiese publicado su magna obra por capítulos en una web personal, pidiendo a cambio un modesto donativo, no se hubiese forrado igual?

A los viejos lectores siempre nos quedará el París (perdón otra cita fácil, quería decir el papel) pero será menos y para un público minoritario, esperemos que al menos los libros ganen en calidad.

© Jacinto Muñoz Vivas
(782 palabras)