Saramago y la ciencia-ficción
por Adhemar Terkiel

Bien sabido es, y no voy a descubrir nada nuevo al decirlo, que existe una gran cantidad de prejuicios por parte del público en general hacia la ciencia-ficción. Esos mismos prejuicios conllevan a que un número importante de autores y obras literarias con claros elementos propios del género, sean ignorados como tales por sus lectores y también por los críticos. No debemos olvidar que hasta el propio Ray Bradbury llegó a negar su condición de tal en alguna oportunidad. Kurt Vonnegut Jr. nunca admitió que su literatura pudiera pertenecer a la ciencia-ficción a pesar de las evidencias. Y ni que hablar de Anthony Burgess negando su NARANJA MECÁNICA como la obra mayor que realmente fue, para exaltar otras novelas muy inferiores por él escritas.

Pero ahora quisiera referirme al caso concreto de José Saramago, el escritor portugués galardonado con el premio Nobel de literatura en 1998 y a una importante parte de su creación que, a pesar de no tener el reconocimiento como tal, posee gran parte de los elementos propios del género.

Para empezar, debemos nombrar un hecho que parece anecdótico pero que no lo es tanto. En su vasta obra es muy común que los personajes carezcan de nombres y siempre se los denomina por alguna de sus características propias como ser su profesión o algún distintivo en su físico o su vestimenta. Ese recurso ya había sido utilizado en 1881 por H. G. Wells cuando escribió LA MÁQUINA DEL TIEMPO en la que el protagonista era nombrado como el viajero a través del tiempo y así con el resto de quienes aparecían en la historia.

Este conocimiento de la obra de Wells se reafirma cuando leemos EL ENSAYO SOBRE LA CEGUERA, una típica novela de ciencia-ficción acerca de una epidemia de ceguera blanca, contagiosa e incontrolable que termina afectando a casi todos los habitantes de una ciudad; para ser exactos, únicamente la protagonista conserva la visión durante el transcurso de toda la historia. Con el antecedente de EL PAÍS DE LOS CIEGOS del mismo Wells y EL DÍA DE LOS TRÍFIDOS de John Wydham, ambos indiscutiblemente leídos en forma previa por Saramago, pero con la seguridad de que la inmensa mayoría de sus lectores ignoraría la existencia de estas dos obras, el autor portugués realiza un notable cuadro especulativo sobre lo que ocurriría en la sociedad, la reacción de los pobladores si tal epidemia se convirtiera en realidad. Y eso es ciencia-ficción por donde se lo mire.

LA BALSA DE PIEDRA, comienza con una introducción brillante desde todo punto de vista sobre el momento en que Europa se parte en dos a través de una fisura en la cadena de los Pirineos, justo en la frontera entre Francia y España, convirtiendo a la Península Ibérica en una balsa que se aleja flotando sobre el Océano Atlántico y aproximándose al tercer mundo. Más adelante, el autor se desvía del tema central al describir un grupo de protagonistas y el viaje realizado por ellos a través de paisajes realistas, con lo que la propuesta original culmina por diluirse.

Menos conocido pero no de menor calidad, CASI UN OBJETO es un conjunto de relatos donde la ciencia-ficción en su forma más clara prevalece. Para eso, hay que saltearse el primer relato SILLA, una alegoría sobre la caída de Salazar contada a través de una carcoma que devora la pata de una silla haciendo caer al anciano que en ella se va a sentar.

El relato de mayor longitud en este libro (casi cien páginas) es COSAS, el cual transcurre en un futuro cercano en un país gobernado por una dictadura, en el cual los objetos inanimados cobran vida atacando a los humanos hasta lograr su completa extinción. Todo ello relatado a través de los ojos y el pensamiento de uno de los últimos hombres en caer, habiendo hecho previamente una aproximación a la verdad. Y esto también es un muy claro ejemplo de ciencia-ficción.

Podría extenderme más en la obra de este autor ya que aún quedan algunos buenos ejemplos por mostrar, pero a modo de muestra creo que con lo nombrado ya sería suficiente para que los críticos de ciencia-ficción comenzaran a tener en cuenta a Saramago, y lo comenzaran a incluir en sus comentarios en el momento de realizar sus apreciaciones.

© Adhemar Terkiel
(720 palabras)