Proyectos
por Francisco José Súñer Iglesias

Regularmente se encuentra en la red el anuncio de un nuevo proyecto (hablando siempre de iniciativas amateur y sin ánimo de lucro) para glosar la vida de tal o cual autor, crear una (y van) biblioteca virtual, echar a andar el portal definitivo sobre el género o, más modestamente, expandir los límites del universo. A la ambición, como al campo, no se le puede poner límites.

El entusiasmo que se derrocha y las ganas de trabajar de sus promotores son encomiables, las ideas se agolpan a cual más brillante, y la infraestructura web resulta deslumbrante, todo parece indicar que el proyecto cuenta con amplias posibilidades de arrasar en visitas y usuarios y morir de éxito, un estado extático y contradictorio, en el que la idea y la ejecución han sido un rotundo acierto arrollando la parte financiera, incapaz de soportar por mucho tiempo los elevados gastos que implican un tráfico elevado (recuérdense los problemas de Cyberdark o Dreamers)

A medio camino se quedan proyectos como este, que al tran-tran siguen un ritmo constante de crecimiento, sin grandes alharacas, sin grandes altibajos, sin guadianismos, convirtiéndose en una referencia firme y sin estridencias (como también es el caso de Stardust, NGC 3660, etc.)

Sin embargo, hay un tipo de proyectos desconcertantes. Aquellos que piden desesperadamente aquí y allá colaboradores y aportaciones, como si en ello les fuera la vida, y todavía se permiten el lujo de mostrarse contrariados cuando la respuesta a estas peticiones es, por decirlo de alguna forma, tibia.

Hace poco, en un , Tobias Grumm expresaba su frustración al no obtener la respuesta adecuada ante las peticiones de colaboración en ciertas iniciativas lanzadas dentro del portal. Aquello me hizo reflexionar. ¿Cómo podía ser posible que un sitio como SeDice, con una gran masa de usuarios, pudiera tener problemas de mano de obra? Obviamente el propósito principal de SeDice, esto es, dar cobijo a la Diáspora Naranja tras el cierre de Cyberdark como portal dedicado a los artículos especializados y a los foros sobre el género, ha tenido gran éxito, pero parece que otro tipo de iniciativas no tienen tanto tirón como éstos últimos.

Sin particularizar en los problemas al respecto de los administradores de SeDice, si es posible diagnosticar una serie de causas bastante evidentes que arrojan luz sobre el fracaso de según que iniciativas:

Nula planificación. Lanzar un proyecto significa tener muy claro hasta donde se quiere llegar y cuanto tiempo se está dispuesto a invertir en ello, marcarse hitos y, con todo, ser lo bastante flexible como para efectuar los correspondientes reajustes cuando algo no sale como debiera (¡o sale mejor de lo calculado!) Incluso es posible negar uno de estos límites: marcar sólo uno implica que el otro se puede disparar sin problemas hasta el infinito, lo que tampoco es del todo descabellado. En cualquier caso se debe tener plena consciencia de ambos y dejarlos bien acotados, de lo contrario se puede caer en un...

Exceso de ambición. No es lo mismo elaborar una biografía lo más completa posible de un autor que pretender elaborar un amplio estudio sobre los relatos de la Edad de Oro que hablan de hombres-planta. Existe un punto en el que la simple compilación de información no basta y hay que ir más allá, hurgar en gruesos librotes y revistas polvorientas, quemarse las pestañas en webs estridentes que algún bibliotecario de Wisconsin ha publicado con mejor voluntad que buen gusto, asegurarse de no olvidar ningún ejemplo relevante, en definitiva, ir más allá de las propias fuerzas, lo que implica...

Falsa medida de los recursos disponibles. Tener una idea brillante no significa que esa idea se vaya a desarrollar por si misma en pocas horas, semanas o días. Hace falta un lugar adecuado donde alojar el proyecto, gente que trabaje en ello, que esa gente tenga unas ciertas habilidades y saber hasta donde se puede llegar con esos mimbres. Empezar a recopilar material indiscriminadamente a partir de un esbozo de idea solo se puede hacer desde una falsa...

Fe injustificada en el futuro. Creer que el propio entusiasmo va a bastar para arrastrar tras de si una legión de colaboradores es simplemente risible. Como creo haber dejado claro, todo lo que no se empieza con unas bases bien asentadas en cuestiones de material humano, plazos, tamaño y complejidad tiene pocas posibilidades de acabar con éxito, es absolutamente necesario empezar a trabajar siempre desde la consciencia clara de las posibilidades del equipo y la bondad de la idea, porque además, ésta puede que tenga un...

Nulo interés a nivel general. Esta es la variable que más afecta a la repercusión de un proyecto, aunque no así a su elaboración. Por eso, en este pequeño artículo la palabra éxito hay que entenderla más como Fin o terminación de un negocio o asunto que en el sentido de Buena aceptación que tiene alguien o algo, es decir, que gane premios o no, se vea invadido por miles visitantes o no, lo verdaderamente importante (y divertido) del proyecto ha sido su elaboración y culminación. Sin embargo, es fundamental no caer en el error de pensar que el interés intrínseco de un proyecto va a atraer a los colaboradores como moscas a la miel. Wikipedia hay una, wikis polvorientos y semiabandonados, muchos.

En definitiva: quejarse de que un proyecto no avanza por falta de colaboradores es un acercamiento al problema bastante pobre. Más interesante resulta analizar porqué hay tan pocos colaboradores, ajustar los parámetros en los que se mueve el proyecto y relanzarlo con objetivos quizá menos ambiciosos, pero si más realistas.

© Francisco José Súñer Iglesias
(926 palabras)