Está muy bien eso del cariño
por Francisco José Súñer Iglesias

Da la impresión de que los aficionados al género están muy, pero que muy faltos de cariño. La reciente publicación en el diario El País de un artículo hablando del estado de la Fantasía «made in spain» ha conmocionado de forma bastante curiosa la blogocosa, listas y foros, convirtiéndose en la noticia de la semana: un artículo, por otro lado correcto y bien informado, pero en absoluto espectacular, ha hecho saltar lágrimas de emoción, suspiros anhelantes y aflojado sonrisas tiernas.

Está bien que la gente se sienta bien, pero tampoco me parece la cosa tan importante como para dar volteretas de alegría. Hay una realidad bien palpable en forma de literatura de género fantástico con cada vez mayor implantación, y eso no debería extrañar. A mi al menos no me extraña, los autores españoles (y en español) se han ganado el respeto para sus apellidos, ya no hace falta que un Aguilera se convierta en Eagle para que el lector no desconfíe del producto, es más, el lector busca los Aguilera, los Negrete, los Fernández etc., etc., sabiendo que va a encontrar buenas historias bien contadas.

Por otro lado, el fin de ciclo que muchos agoreros temían vistos los antecedentes históricos al respecto, no se ha producido, las colecciones de pequeñas, medianas y grandes editoriales mantienen una regularidad notable gracias al puntal económico que suponen para muchas de ella las series de éxito, cuando parecía que las videoconsolas e Internet iban a acabar con los libros y todos los demás medios audiovisuales cada uno ha encontrado su nicho, y precisamente gracias a Internet, como medio poderoso de promoción, se difunden y conocen muchas novedades que antes permanecían en el olvido.

Las cosas podrían ir mejor: un harrypotter todas las semanas, tiradas mínimas de diez mil ejemplares, un nivel más homogéneo (hacia arriba, se entiende) en correctores, maquetadores e ilustradores, pero como soy de la opinión que sólo de la cantidad puede salir la calidad, hasta las ediciones más torpes tienen su hueco (y sobre todo muchos espejos en los que mirarse)

Sin embargo lo que sigue sin cambiar, al menos en las generaciones más talluditas, es un cierto sentimiento de inferioridad, una necesidad de reconocimiento de la afición propia, un querer estar asimilados dentro de la Gran Cultura y dejar de ser vistos como consumidores de subliteratura. Particularmente es algo que siempre me ha traído al pairo, por eso el reportaje de El País me ha parecido igual de bien e igual de mal que los otros miles de reportajes que publica este periódico al cabo del año, no por ello me siento mejor visto por amigos, compañeros y forasteros sin filiación conocida. Ni siquiera sirve como vehículo para el fomento y conocimiento del género, excepto quizá para algún recién iniciado: a quien no le interesa seguirá sin interesarle, a quien ya esté enviciado con esto considerará el artículo bastante bien documentado pero sin que aporte nada nuevo.

Aunque también se puede ver desde el punto de vista de que hablen de mi aunque sea mal, que no digo que no.

© Francisco José Súñer Iglesias
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