El camino hacia la ciencia-ficción
por Daniel Salvo

En esta época en la que todos plagiamos, considero necesario decir que he plagiado el título del presente editorial del libro publicado por James Gunn, THE ROAD TO SCIENCE FICTION

La primera opinión que tuve sobre la ciencia-ficción era tan alienada y primitiva como esta: que se trataba de un género nacido y desarrollado en países anglosajones, en los que los efectos de la revolución industrial se dejaron ver primero, y que por consiguiente, un autor no anglosajón de ciencia-ficción no sería otra cosa que un epígono de esa ciencia-ficción original. Así, las obras de Verne, Wells, Bradbury, Asimov, Heinlein y demás, tarde o temprano, tendrían su versión vernácula, según el país correspondiente. Algo así como escribir DE LA TIERRA A LA LUNA de Julio Verne cambiando a los protagonistas norteamericanos y franceses por peruanos, jamaiquinos y lapones.

Después de todo, esto no tendría nada de malo. ¿Acaso la novela en si no ha sido inventada en Europa? ¿Los versos endecasílabos o los sonetos pertenecen a un país o escritor en particular? Sin contar el hecho de que el propio idioma castellano en el que nos expresamos gran parte de latinoamericanos tampoco es oriundo de estas tierras...

Pero hay más. Quiso el destino que algunas personas tuviéramos algo de curiosidad (como pudimos carecer de ella, y todos contentos) acerca de las probables creaciones literarias (y de las otras) en el campo de la ciencia-ficción, producidas en países tan exóticos como el Perú, Guatemala, Israel o Filipinas. Aunque para los gringos, Alemania ya es un país exótico. En todo caso, se descubrieron cosas sorprendentes: previa y conjuntamente al florecimiento de la ciencia-ficción en Inglaterra y los Estados Unidos (las épocas de Gernsback, Astounding y los pulps, cuyo conocimiento son algo así como la cultura general del aficionado a la ciencia-ficción) existían ejemplos propios de la narrativa de ciencia-ficción.

Uno de estos ejemplos sería la novela LIMA DE AQUÍ A CIEN AÑOS, de J. M. del Portillo, publicado en el Perú en 1843, cuya temática gira en torno a un viaje en el tiempo, tomando como punto de partida 1843 para culminar en un 1943 en el cual se ha restaurado el Imperio Incaico en el Cusco y la ciudad de Lima está llena de telégrafos (y de arquitectura francesa)

Ahora bien, esta novela no es un caso aislado. Ricardo Palma refiere que en la Biblioteca Nacional del Perú existía un manuscrito anónimo de título bastante sugerente: VIAJE AL GLOBO DE LA LUNA, fechado en 1790. Lamentablemente, dicho manuscrito parece haberse consumido en un incendio.

Más aún, si damos una mirada al contexto de países vecinos, encontramos también ejemplos de narrativa de ciencia-ficción que sorprenderían a más de uno. Parece que el realismo o el realismo mágico no han sido totems tan respetados como parecía.

Y es que aquello que origina en un escritor la necesidad o deseo de escribir ciencia-ficción (o como se llame, ahora que vivimos en una época en la que todo se cuestiona) está más allá de todo cálculo, deuda, compromiso o conveniencia marketera: los autores no anglosajones del género saben que escriben en un contexto poco favorable para la ciencia-ficción. Digamos que no es lo que se espera que escriba un peruano, un cubano o un congoleño. De ahí que a algunos escritores no les quede más remedio que precisar que algunas de sus obras no son ciencia-ficción.

Sin embargo, esos autores siempre han estado con nosotros. En Bolivia, en Ecuador y en todo el mundo, ha habido, hay y habrá pronto autores que recorran el camino hacia la ciencia-ficción.

Lo menos que podemos hacer es seguirlos.

© Daniel Salvo
(612 palabras)
Publicado originalmente en Ciencia Ficción Perú el 1 de marzo de 2007