Valor(es)
por Jesús Poza Peña

Habitualmente los gurús de eso que se llama (que ellos mismos llaman) Literatura Universal, acusan a los géneros populares de falta de valores. Generalmente se refieren a valores literarios, y casi todas sus críticas se centran en la fantasía; esa capacidad para concebir mundos que pueden, o no, diferir grandemente de la realidad cotidiana. Pero también se quejan de la falta de valores sociales, políticos, de la falta de compromiso. Es decir, acusan a la Literatura Popular de ser apenas un vehículo de entretenimiento. No sé por qué esto debería ser algo malo. Pero además es simplemente mentira.

La prueba palpable de mi afirmación es 300 (tanto el tebeo como la película) No cabe duda de que 300 es un espectáculo visual único. Su mayor fuerza reside en las espectaculares escenas de combate que, lo mismo en el papel que en la pantalla, se convierten en coreografías; una danza cruel de golpes y salpicaduras de sangre. Para la mayoría eso es todo, ahí termina 300; pero para el atento lector o espectador hay todo un sistema de valores que subyace a la numantina resistencia del rey Leónidas.

Ya de por sí es notable la elección de momento histórico; los griegos (representados en Esparta) luchan contra los persas. No es casual; valga como alegoría del presente. Grecia representa el fundamento de la sociedad occidental, de hecho en el tebeo, Esparta adquiere el rol de fuerzas armadas griegas, que levantan una muralla para que los persas no alcancen Atenas. Deja la democracia para los atenienses, le dice Leónidas a los suyos. Esparta lucha, Esparta muere por defender esos valores aunque, como símbolo de las fuerzas armadas, haya escogido para sí misma el sistema de jerarquía lineal.

Es más, entre gritos de guerra y exhortaciones a sus soldados, Leónidas recuerda una y otra vez que los espartanos son hombres libres que se enfrentan a un ejército de esclavos: las cien naciones del imperio persa. No es difícil hacer una analogía con nuestra propia batalla de las Navas de Tolosa, donde los ejércitos del enemigo llegaban de los más lejanos rincones del Islam. Pero además, Zak Snyder añade a la trama original el relato de Esquilo sobre la reina Gorgo, específicamente la parte en que la reina se atreve a hablar con el emisario persa. Ante la protesta de éste, ella le contesta que las mujeres de Esparta gozan del derecho a la palabra porque son las únicas que dan a luz hombres de verdad. Tal es la igualdad que en Occidente existe entre hombre y mujer. Tampoco es casual que Jerjes esté siempre exigiendo a sus enemigos que se arrodillen, al fin y al cabo Islam significa literalmente abandono o sometimiento, en referencia a la postura en la que los fieles rezan: siempre de rodillas, humillados. Jerjes pretende en cierto modo una castración de sus enemigos, los reduce a algo inferior que él mismo a la vez que los tienta con poder y riquezas. Puede que no sea casual el aspecto de carroza ganadora del Día del Orgullo Gay que luce el rey-dios.

En fin, no es fácil que los apologistas de la Alianza de Civilizaciones se sientan a gusto viendo o leyendo 300. De ahí las críticas que tachan la película de fascista. Tiene que ser duro verse reflejado en los éforos o el consejo de ancianos que no desea combatir por hacer honor a la Carneia, mientras en el frente se suceden las escenas de heroísmo.

No se puede negar que 300 está llena de valores y compromiso; los valores de Occidente fundamentados en los derechos del individuo y el compromiso con la defensa de esos mismos valores. 300 toma partido contra quienes ahorcan homosexuales en grúas y mutilan o lapidan a las mujeres.

Por eso 300 no sólo tiene valores, sino que su virtud principal es precisamente el valor, en el sentido de arrojo, para ocupar las posiciones más difíciles, aquellas que reciben el mayor castigo en un mundo de la cultura controlado por quienes se oponen a este tipo de tesis.

He aquí que la fantasía y la Literatura de Género dejan de ser mero entretenimiento para convertirse en algo más. Pero no lo hace descaradamente y abandona su idiosincrasia para tornarse vulgar propaganda, (cosa que no puede decirse, sin ir más lejos, del cine español; al que todos contribuimos generosa y obligatoriamente a través de nuestros impuestos) sino que es fiel a sí misma y deleita visualmente a la vez toma que posiciones. Estoy convencido, sin embargo, que esos gurús de los que hablaba al principio no cambiarán un ápice su postura (no lo hicieron con EL SEÑOR DE LOS ANILLOS y los pueblos libres que luchaban contra el mal que viene del Este) probablemente porque si un día reconocen que la fantasía puede dar hermosas obras de arte dotadas de valores únicos y libres, su propia mediocridad quedaría al descubierto.

© Jesús Poza Peña
(814 palabras)