Cultura de Masas
por Jacinto Muñoz Vivas

El noventa por ciento de lo que se publica es basura para vender mientras lo bueno, las grandes obras, las que profundizan en la verdad de la condición humana, su realidad, su futuro, sus logros y sus fracasos, permanecen en olvidadas carpetas de discos duros por la racanearía de editores que sólo viven para el beneficio y la estulticia de un público que lo hace para la evasión y la sopa boba.

Esta afirmación, variando el porcentaje y con más o menos rotundidad, la he oído en numerosas ocasiones y no estoy en nada de acuerdo con ella, porque la habitual contraposición entre una cultura, música, literatura, cine, teatro, etc. de consumo y otra de calidad, no deja de ser en el fondo una falacia que presupone una élite intelectual guía y generadora de progreso y una masa inercial de ignorantes, tirando del carro en dirección contraria.

Para ser franco, os diré que, como tantos, también pasé por esa fase en que creía ser un genio incomprendido, dotado de una sensibilidad mas profunda que la de la mayoría de mis amigos, dedicados ellos, más sensatos en su adolescencia, a pelearse con sus padres, ligar, practicar deportes y correrse juergas. Puesto en sinceridades, confieso que también frecuenté alguna de estas actividades y gracias ellas fui aprendiendo algunas cosas de la vida, entre otras, que pensar que la mayor parte de la humanidad son becerros sin inquietudes es un error, que la cultura y la sociedad que la genera están intrínsecamente unidas, incluido el pueblo llano, cuya supuesta incapacidad para apreciarla, suele deberse más a la falta de alimento material que al espiritual.

Puede parecer una deducción un poco precipitada, pero a poco que echemos un vistazo a nuestra historia, encontramos pruebas de que el arte de calidad, siempre ha encontrado reconocimiento en las masas, siendo estas en muchas ocasiones el principal destinatario de su realización. En un breve y muy incompleto recorrido podríamos hablar de Homero, Eurípides, Ovidio, Bocaccio, Shakespeare, Lope, Cervantes, Quevedo, Alonso Cano, Velázquez, Mozart, Beethoven, Stevenson, Federico Chueca, Lorca y un largo etcétera, de genios cuya obra fue apreciada por el pueblo de su época y, o bien somos de los que pensamos que la estupidez humana va inevitablemente a peor o concluimos que en el siglo XXI la humanidad en general, aún mantiene la capacidad de admirarse con lo bello.

Mirando el otro lado del párrafo inicial, el que habla de la tacañería de los dueños del dinero, valga la redundancia, nos encontramos con realidades muy mundanas; comenzando por la ILÍADA, pasando por la ENEIDA de Virgilio, siguiendo por las Catedrales y el arte sacro y terminado donde queramos, casi todas las grandes obras de arte de la historia, fueron financiadas con claros propósitos partidistas y con objetivos bastante pragmáticos. De hecho, Mozart fue uno de los primeros músicos que se desentendió de su mecenas para poder vivir con libertad de su talento, pero estoy seguro de que los empresarios teatrales que estrenaron sus Óperas, los clientes que le encargaron composiciones o los editores que publicaron las partituras, no lo hicieron del todo por amor al arte.

No quiero pecar de simplista, aunque lo sea, también es evidente que existen, han existido y existirán los genios incomprendidos o denostaos por su generación (J. S. Bach que pasó por su época sin más gloria que la de ser el padre de su entonces famoso hijo J. C. Bach, o Kafka que ordenó destruir todos sus escritos no publicados poco antes de morir, son ejemplos clásicos) personas que en mayor o menor grado tienen más capacidad, intuición o creatividad que sus coetáneos, son puntas de lanza, la vanguardia que ve un poco más allá, pero el resto de la tropa vamos detrás y formamos parte del mismo ejército y suya es la carga final, la que gana o pierde la batalla.

¡Que épico me ha quedado! aunque pensando bien la broma, me gusta la imagen de la humanidad como un ejercito en lucha por su futuro. Un ejército donde no todos están capacitados para realizar las mismas tarea, pero son todos, en su caminar por el tiempo, los que se ocupan de cribar lo malo de lo bueno, lo que aporta de lo que no aporta y aunque dejaremos algún muerto insepulto por el camino, la piedra de toque de la excelencia, no es la extravagancia ni la rareza. Podemos empeñarnos en presentar como arte unos cuantos garabatos de color sobre un lienzo que sólo sean capaces de admirar selectos críticos, si no pasamos el examen del sentido común de las gentes que pueblan la historia, no transmitiremos nada y estaremos siguiendo caminos equivocados. Así y todo pudiera ser verdad que el noventa por ciento de lo que se publica es basura comercial, mas en ese caso, por aquello de que el universo busca situaciones de equilibrio, podríamos deducir que el noventa por ciento de lo que no se publica sigue la misma norma.

© Jacinto Muñoz Vivas
(825 palabras)