La otra cara de la Nanotecnología
por Christian Jacq

Como toda ciencia emergente, la nanotecnología presenta innumerables ventajas, muchas son las aplicaciones que permitirán mejorar la calidad de vida de la sociedad actual. Sin embargo, junto a todos estos aspectos positivos, merece la pena reflexionar sobre los posibles riesgos igualmente. Los posibles impactos de la nanotecnología en el medio ambiente o en nuestra salud han sido objeto de preocupación en determinadas instancias. El gobierno británico, por ejemplo, encargó un informe independiente sobre las posibles consecuencias de estas nuevas tecnologías a la Royal Society y a la Royal Academy of Engineering. El informe, publicado hace menos de dos años, consta de diez capítulos y en él se reflexiona tanto sobre los aspectos beneficiosos, como sobre los posibles riesgos.

Cada vez son más las voces que proponen un aumento considerable en las inversiones destinadas a evaluar los posibles riesgos de las nuevas tecnologías. Una de las mayores preocupaciones es ganar la batalla de la opinión pública y evitar, en la medida de lo posible, que la nanotecnología tenga el mismo impacto negativo en la sociedad que en su momento tuvieron los alimentos modificados genéticamente. Una percepción negativa de la misma podría poner en peligro grandes inversiones, se prevé que para el año 2015 la nanotecnología genere hasta un billón de dólares en la economía mundial y que emplee a más de dos millones de personas en todo el mundo. En la actualidad, la inversión en I+D en nanotecnología supone 9000 millones de dólares, siendo el mayor inversor EEUU; sin embargo, éste tan sólo invierte 39 millones de dólares en estudios orientados al conocimiento del efecto que las nanopartículas pueden tener en el medio ambiente y en el hombre.

Las nanopartículas, debido a su pequeño tamaño, son fácilmente asimilables por los organismos ya sea por inhalación, ingesta o incluso a través de la piel. Lo cierto es que esto no es nada nuevo, en la atmósfera se encuentran numerosas nanopartículas derivadas, entre otras cosas, de la quema de combustibles fósiles. La aplicación de la nanotecnología podría conllevar un aumento considerable de la exposición a estas partículas, cuyas consecuencias deben ser investigadas, especialmente las derivadas de su mayor movilidad y reactividad.

El cambio de escala hasta los nanómetros (la millonésima parte de un milímetro) genera nuevas propiedades. Así, el cobre puede modificar sus propiedades ópticas, e incluso materiales inertes como el platino (metal noble por excelencia) pueden adquirir propiedades catalíticas. Por tanto, debido a que las propiedades son tan diferentes a las de sus homólogas en una escala mayor, los efectos adversos no pueden ser deducidos de los conocimientos que ya se tienen sobre los materiales macroscópicos. Se debe investigar y profundizar en las nuevas propiedades. A la hora de hablar de materiales nanométricos debemos diferenciar dos tipos de nanoestructuras; por un lado, los nanocomposites donde las nanopartículas están incorporadas o embebidas en otra sustancia-soporte, y por el otro lado, las nanopartículas libres que son las que en principio entrañarían más riesgos debido a su mayor movilidad y reactividad. Estas partículas libres pueden acabar en el interior de la célula con gran facilidad, una vez dentro quedan en muchos casos cubiertas por una capa de proteínas. Esto puede ocasionar que residuos de aminoácidos que en circunstancias normales están enterrados en el núcleo de la proteína queden expuestos en la superficie. Estas secuencias de aminoácidos son reconocidas por la célula como epítopos crípticos y pueden desencadenar señalizaciones no deseadas.

La nanotecnología además, puede reducir enormemente los costes de producción de un gran número de productos, lo que podría acarrear sobreproducción, con el consiguiente impacto en la economía de los países productores y en el medio ambiente. El intento por parte de la administración de controlar éstos y otros riesgos podría llevar a la aprobación de una normativa excesivamente rígida que, a su vez, crease una demanda para un mercado negro que sería tan peligroso como imparable porque sería muy fácil traficar con productos pequeños y muy peligrosos como las nanofábricas.

En definitiva, se deben valorar adecuadamente los pros y los contras de esta nueva era. El hecho de que la nanotecnología ofrezca enormes posibilidades para el futuro, no puede obviar que también existen riesgos que deben ser estudiados para minimizar su impacto en la medida de lo posible. Se debe llegar a una situación de equilibrio, evitando por un lado un escenario excesivamente restrictivo y regulado, que ralentizaría en gran medida el desarrollo de las nuevas tecnologías, pero tampoco interesa un marco normativo excesivamente laxo que no tenga en cuenta los posibles riesgos. De esta forma el desarrollo de esta nueva revolución tan prometedora llegará a buen puerto.

© Christian Jacq
(866 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Creamos el Futuro el 26 de diciembre de 2006
CC by-nc-sa 2.5