Saber vender
por Alfredo Álamo

Que quede claro, antes de nada, que no tengo ningún complejo en clasificar mis escritos como ciencia-ficción, terror, fantasía oscura o épica bizarra. Son definiciones, más o menos acertadas, como si hablas de comedia madrileña o de la Generación X. El problema viene con su mal uso. A ver si me explico.

Todas esas definiciones vienen cargadas de referencias, ideas que, enviadas al grupo de gente que las comparte, encuadran el relato, cuento o novela en un sitio determinado. Cuando esos referentes no se comparten, o son mal interpretados, aparece uno de los problemas, que no el único, a la hora de eliminar los estigmas que sufre la literatura fantástica.

El otro día hablábamos del slipstream (o metaficción, o transrealismo, o como sea) que suele ser un tipo de literatura fantástica cuyos referentes son ambigüos y poco encuadrables. slipstream es un termino muy yanki, y casi parece más una calificación para determinar su nivel de ventas que otra cosa. De todas formas sigue siendo literatura fantástica, en tanto en cuanto trate temas irreales, apele a la maravilla, haga ficción especulativa… Aunque en el Qué leer no sepan muy bien dónde ponerlo.

En el mundo literario anglosajón, y posiblemente en el francófono, también existe esa concepción de que la literatura fantástica es de segunda, pero no de cuarta regional, que es lo que pasa por estos lares. Así tienen, a parte de un mercado más grande, más facilidad para acceder a esa categoría slipstream, o de que la ucronía llegue a mainstream en algunos casos.

Al final, no nos engañemos, el que manda es el lector. Y el lector medio español asocia lectura a actividad cultural seria, de ahí su reticencia a una literatura, la fantástica, que cree, en su totalidad, pueril y falta de ideas. ¿Desconocimiento? Si ¿Falta de iniciativa por nuestra parte —escritores y editores— para salir del corralito? Es posible.

Cierto es que las grandes editoriales venden libros de mayor o menor calado fantástico y los venden bien. Siempre y cuando no están cargados de muchos referentes en ciencia-ficción, fantasía épica, terror gore… Para eso siempre es útil una buena solapa explicativa de lo cool, metareferencial (el imaginativo paralelismo social es una de mis frases-solapa favoritas) en definitiva, no-fantástico, no-pueril y no-cf (que nadie mente la bicha)

El homenaje pulp está bien visto, no sé si por ser una cosa muy pop-camp-kitsch. Los autores ya conocidos en el mainstream que deciden escribir una novela fantástica tienen una especie de bula papal para hacerlo, aunque algunos crean descubrir la coca-cola con sus ideas.

También es cierto que sin tener esas referencias se carece del sentimiento barroco que sucede en mucha ciencia-ficción y fantasía actual, la del tengo que hacer algo que no se haya hecho antes y mucho más mejor ande vamos a parar que a veces resulta en vueltas de tuerca poco comprensibles.

En la última Hispacón (DH2006) Víctor Conde comentó en una de las mesas redondas, que muchas editoriales sólo valoraban la publicación de un libro si el argumento de dicha novela podía resumirse en una frase atractiva. Por un lado da miedo pensar en eso, pero por otro, si la editorial contempla esos parámetros, es mejor que aquellos que quieran trabajar con editoriales grandes lo tengan en cuenta, hay que venderse, que los relatos resulten atractivos y, aparte de esa frase concepto, explicar referencias y teoría literaria. Si quieren caldo, dos tazas, vamos.

Con las editoriales de fantástico resulta más sencillo acceder a una primera fase: autores y editores manejamos los mismos referentes, lo cual no quita ni un ápice de dificultad a conseguir una obra de calidad y que decidan publicarla. Las dos cosas no siempre van juntas, de todas formas.

Me dejo muchas cosas por decir, me temo. Pero para eso están los comentarios.

© Alfredo Álamo
(640 palabras)
Publicado originalmente en Los monstruos felices el 21 de diciembre de 2006