Especial Décimo Aniversario
Una boda de lata
Especial Décimo Aniversario
por Dixon Acosta

En la simbología de los aniversarios y matrimonios, se consagran los diez años como bodas de lata, aunque otros preferirán estaño, como nombre más elegante, menos displicente. Pero no deja de ser apropiado, celebrar un proyecto dedicado a la ciencia-ficción con el metal, pues dicho elemento, pareciera ser la materia prima (aparte de la imaginación) de los creadores de este sin par género. La lata es la entraña o paradójicamente el alma de los cohetes espaciales, de los robots japoneses, de las máquinas portentosas que imaginaban los escritores del pasado, así como sigue estando presente en las fibras y circuitos de los computadores u ordenadores, cuerpos físicos de la dimensión etérea cibernética. Es posible que el metal, como en las viejas corazas y armaduras, vaya cediendo terreno ante los compuestos plásticos y orgánicos de los retos presentes y futuros de la ciencia-ficción, pero en este caso, sirve para hablar sobre la importancia del número diez, tema que se retomará más adelante.

Por el momento, la idea es pensar en lo que representa un proyecto personal no profesional. Como toda iniciativa particular, cuenta con dificultades como el sustento económico, la disponibilidad de tiempo y el hecho de no recibir ninguna recompensa monetaria, más allá de la satisfacción íntima de desarrollar un pasatiempo, una vocación o tal vez, una pasión desaforada. La gran ventaja es precisamente esa, al menos en teoría, ejercitar una actividad placentera, hasta alcanzar la llamada realización personal. Sin embargo, no todos los proyectos personales prosperan, el mejor ejemplo es el matrimonio, la máxima apuesta al futuro, hasta el punto de afirmar que sólo la muerte puede terminarlo, pero en ocasiones el proyecto acaba en poco tiempo. Sobre lo económico, eso que parece mover el sol por estos días, es claro que hay proyectos personales que pueden convertirse en opciones profesionales lucrativas, muchas personas han convertido sus pasatiempos en formas de vivir, de sobrevivir, como algunos coleccionistas. Pero cuando se trata de un proyecto cultural, de entrada se identifica como algo quijotesco, mucho más si tiene ver con literatura y peor aun, si se trata de ciencia-ficción, un género tradicionalmente marginado. Es cuando el responsable de la iniciativa, se convierte en apóstol de una causa perdida, mucho más si el proyecto se ubica en esa dimensión desconocida, llamada Internet.

El mundo virtual, ofrece muchas ventajas, la globalización, el alcance ilimitado del mensaje, la relativa democratización, es decir, abierta a todo aquel que tenga libre acceso a los medios, pero expuesto a un gran peligro, la fragilidad del sistema. Es arriesgarse no sólo a las amenazas intrínsecas de la red, con sus virus, piratas y otros delincuentes, sino también al peligro de ser fugaz, efímero, estar hoy y mañana ser recuerdo. Es cuando la página cibernética pierde la batalla con la de papel, esta última a pesar de su aparente ostracismo, en la forma de libro seguirá siendo vehículo trascendente. En ocasiones la inestabilidad de un proyecto en Internet, está vinculado a lo económico, de nuevo. Crear y mantener un lugar cibernético no es barato, aparte del tiempo y energía que demanda su diseño original y actualización permanente. Nada más frustrante que acudir a la dirección conocida y encontrar el letrero de cerrado, la indicación de no poder abrir sus puertas por alguna razón, mucho más triste cuando el cierre se debe por razones de financiamiento. Por eso llegar a las bodas de lata o estaño en ese universo paralelo, es un gran mérito, mucho más cuando se trata de un proyecto personal, sin ánimo de lucro, como es el caso del Sitio de ciencia-ficción.

El diez, aparece como el número de los mandamientos, Maradona y otros astros del fútbol como Valderrama lo han portado en su espalda cual signo de excelencia, las listas de los mejores llegan hasta el diez (en inglés les dicen el top ten) Bo Derek era la mujer diez. En mi tiempo de colegial, era la cifra soñada en la libreta de calificaciones. Esta apología de la décima cifra, es el pretexto numérico, para celebrar las bodas de lata del Sitio, proyecto personal de alguien que ha pedido no ser mencionado, pero quien merece todas las felicitaciones por su terquedad de mantener su idea con buena salud. Al autor del proyecto, la congratulación desde la otra orilla del idioma español, pues esa es una gran virtud del Sitio, preocuparse por llegar a los aficionados de la ciencia-ficción tanto en España como en América Latina. En nombre de los latinoamericanos, asiduos visitantes del Sitio, los mejores deseos para el proyecto y su promotor.

En Colombia solemos decir que dar mucha lata, es algo fastidioso, molesto, pero en este caso, ojalá que el Sitio siga dando mucha lata, que vengan más bodas de lata en el futuro. Al fin y al cabo, el futuro es la ubicación geográfica de la ciencia-ficción.

© Dixon Acosta
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Dixon Acosta es colaborador habitual del Sitio de Ciencia-Ficcion y QuintaDimension