Especial Décimo Aniversario
Profesionalidades e Internet
Especial Décimo Aniversario
por Raúl Alejandro López Nevado

Antes de averiguar cuáles son las dificultades, importancia y función de un proyecto no profesional, creo que cabe preguntarse qué sea eso de la profesionalidad. Y me parece que la palabreja tiene, al menos, dos sentidos diferenciados. En primer lugar, ser un profesional en algo implica tener toda una serie de conocimientos y habilidades para hacer algo. Verbigracia, saber hacer un mueble si se es carpintero, o cómo reparar un coche si se es mecánico. En este primer sentido, poseer una profesión viene a ser equivalente a poseer un oficio.

Pero hay otro sentido en el que se puede comprender tener una profesión. Éste ya más peliagudo. Dado que los profesionales, en el primer sentido, suelen cobrar por las actividades propias de su oficio, se suele equiparar la profesionalidad en un campo, con el hecho de ganar dinero en él. Siguiendo con los mismos ejemplos anteriores, el carpintero sería profesional en la medida en que vendiese sus muebles, y el mecánico, en la medida en que cobrase por las reparaciones que realizara. En este segundo sentido, tener una profesión se equipara a tener un empleo.

El problema aparece cuando estos dos sentidos del término profesionalidad no están claramente determinados, y se los usa indistintamente. Aparecen entonces, algunas curiosas paradojas como la siguiente: si aceptamos que la remuneración económica es una medida de la profesionalidad de una persona, entonces, también deberíamos aceptar que entre más dinero reciba una persona en su campo profesional, más profesional se lo deberá considerar. De modo que —y no me acusen a mí ahora, que yo no los he obligado a aceptar los anteriores condicionales— tendremos que concluir que es mucho más profesional en la sanidad Paco Porras o Rappel, que ese amigo nuestro doctorando en neurología, que lleva toda su vida estudiando; pero apenas recibe una pequeña beca. Así pues, ustedes verán, pero ante la disyuntiva de reconocer que el término profesional tiene varios sentidos, o de dejarme operar por Paco Perejil, yo me inclino por lo primero, que aún tengo suficiente apego a mis vísceras, como para dejarlas en manos de un profesional sólo en el segundo sentido.

Y dicho lo anterior, ya puedo comenzar a dar mi opinión (a riesgo de recibir algún coscorrón de modestia de parte del jefe) Estoy convencido de que el Sitio de Ciencia-Ficción es un proyecto totalmente profesional en el primer sentido, aunque no lo sea en el segundo. Y eso lo hace aún más difícil de mantener, y aún más improbable, y precisamente por ello, aún más loable y aún más admirable. Si mantener el buen hacer en un proyecto por el que se está recibiendo dinero ya suele ser difícil, imaginemos la dificultad de mantenerlo en un proyecto cuyo único pago es la respuesta positiva que provoca, y la satisfacción del trabajo bien hecho. Y no cabe engañarse, no se trata de que el dinero sea necesario para que las personas, que llevan a cabo un proyecto, puedan vivir en la holganza; se trata de darse cuenta de que en muchas ocasiones esa remuneración económica no es sino la condición de posibilidad para que el proyecto pueda llevarse a cabo. Esto último, sobre todo si se trata de un proyecto de larga duración y alcance. Pues, si cabe imaginarse a una persona realizando un esfuerzo sobrehumano para realizar una importante tarea durante un breve tiempo, al final, en la mayoría de casos, la tarea acaba por poder más que la persona si se alarga demasiado. Quizá pueda aclararlo todo con un ejemplo; el Buen Doctor, Asimov, escribió a lo largo de su vida más de quinientos libros. No me cabe duda de que si no se hubiera dedicado profesionalmente, ahora únicamente en el segundo sentido, a la literatura, también habría escrito libros, como lo hizo en la primera etapa de su vida; pero estoy convencido de que no hubiera podido llegar a los quinientos, y probablemente ni siquiera a una quinta parte de esta cantidad.

Pese a todo lo demás, algo ha cambiado en los últimos años, algo que ha logrado que se haya producido el auge de toda una serie de iniciativas que, como el Sitio de Ciencia-Ficción, sin ser profesionales, en el sentido de no percibir pecunia, sí que lo son en el sentido del buen hacer y la profesionalidad. Se trata de Internet, desde luego. La Gran Red no ha logrado que estas iniciativas reciban dinero (al menos no al nivel que cabría esperar del mercado al que se abren); pero sí ha logrado dos cosas, si cabe más importantes. Por un lado, ha conseguido abaratar infinitamente los costos materiales. No implica el mismo gasto la edición de un fanzine que el mantenimiento de una página web. Y menos aún, si se tiene en cuenta que, mientras que la misma página web puede dar cabida a miles de visitantes que disfruten del mismo contenido, en el caso del fanzine, se han de editar el mismo número de ejemplares que consumidores potenciales haya, con la dificultad añadida de calcular cuál es ese fantasmagórico número de compradores potenciales. Esto nos lleva a la segunda consecuencia de la aparición de Internet en el terreno de las iniciativas no lucrativas. Internet permite que un contenido pueda llegar a literalmente millones de personas, con las únicas barreras y límites de las lenguas en las que estén escritos. De modo que, por un lado abarata costos de producción, y por otro, permite que los productores reciban, si bien no un pago en monedas, sí un pago en reconocimiento mucho mayor de lo que, incluso productores profesionales (en los dos sentidos) de otras épocas, podrían haber esperado.

Este último pago altera considerablemente las expectativas tradicionales del mercado, al implicar una democratización inesperada. Los consumidores no se ven obligados a consumir aquello marcado por las grandes corporaciones, sino que pueden escoger libremente entre todos los contenidos ofrecidos en la red. Y puesto que el único criterio para escoger entre una página y otra, sobre el mismo contenido, es la calidad general de sus materiales, finalmente acaba sucediendo que proyectos no lucrativos estén, en las listas de los buscadores, muy por encima de proyectos pertenecientes a corporaciones que, fuera del ámbito de Internet, son las que marcan las pautas.

De modo, que tanto en cuanto consumidores, como en cuanto productores ocasionales de cultura, la aparición de Internet la hemos de saludar como una positiva revolución, pues, tal la imprenta en el s. XV, supone el poner al alcance de muchos lo que antes estaba al alcance de sólo unos pocos, verbigracia un proyecto fantástico como el llevado a cabo durante ya diez años por Don Francisco, en este caso no Quevedo, sino José Súñer Iglesias.

© Raúl Alejandro López Nevado
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Raúl Alejandro López Nevado es colaborador habitual del Sitio de Ciencia-ficción