Especial Décimo Aniversario
Profesión o afición, esa es la cuestión
Especial Décimo Aniversario
por Musidora

Por no profesional, se entiende una actividad que no es remunerada económicamente y además, en el fondo de las mentes, insinúa también falta de titulación, de medios y/o de calidad en el resultado.

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española:

Profesión: Empleo, facultad u oficio que una persona tiene y ejerce con derecho a retribución.

Con derecho a retribución, dice. O sea, que si una persona ejerce esa facultad u oficio tiene el derecho a cobrar por ella, pero no necesariamente ha de hacerlo para considerar esa actividad como una profesión, entonces sería un empleo. Por otro lado, retribución significa recompensa o pago de una cosa. Puede no haber pago en dinero, pero sí otro tipo de recompensas, intercambio, satisfacción. Al fin y al cabo, recompensa no solamente se refiere a la remuneración de un servicio, si no también a premiar un beneficio, favor, virtud o mérito. Si consideramos que el aplauso público, el captar la atención de la audiencia, oyentes, lectores, socios, el recibir felicitaciones o halagos, el que otras personas se impliquen de una manera u otra en la elaboración del proyecto, participando directamente o formando parte del elenco al que va dirigido, es una recompensa más que notable al trabajo realizado, ya tenemos retribución bien calculada en la fórmula.

Y de ahí, Profesionalidad: calidad de profesional y Profesional: Dícese de la persona que ejerce una profesión. Dícese de quien practica habitualmente una actividad, incluso delictiva, de la cual vive. Dícese de lo que está hecho por profesionales y no por aficionados. Persona que ejerce su profesión con relevante capacidad y aplicación.

De todas estas acepciones, solamente una se refiere a la retribución económica si entendemos vivir de como tal, porque aquí, como en recompensa, no se menciona el vil metal. Y de todos los significados del precioso verbo vivir, solamente encontramos uno que se asemeje a lo que buscamos y éste es: vivo de mi trabajo que tiene como explicación la ambigua y discutible significación de pasar y mantener la vida. Si consideramos ahora que el ejercicio de una actividad que nos agrada nos resulta indispensable para pasar y mantener la vida, otra ecuación resuelta. Que esta actividad pueda ser incluso delictiva según el diccionario, es toda una sorpresa, pues normalmente ese tipo de trabajos se pagan en negro, bajo mano, de estranquis, sin papeleo, contrato, sueldo base, impuestos, declaración de renta, y no deja de ser cuanto menos curioso que una persona que dedica su vida con gran empeño a una actividad paralela al empleo con el que se gana el pan, sin retribución económica, sea considerada menos profesional que un caco de tres al cuarto. Los altos mandamases del delito ya son otra cosa, porque no me cabe la menor duda de que harán su labor con relevante capacidad y aplicación.

He aquí el meollo de la cuestión, ya hemos quedado en que la profesión se ejerce con derecho a pago pero que esa no tiene por qué ser condición indispensable para practicarla y ahora nos cuentan que ser profesional de algo es realizar un trabajo de cualquier índole con capacidad y aplicación, ¿cuántos proyectos independientes, que no reciben más recompensa que la satisfacción de estar haciendo algo bien hecho, se llevan a cabo con la mejor de las disposiciones, por personas perfectamente capacitadas y con una aplicación que haría temblar a cualquier empleado o empleada con nómina? Ah, pero es que los llevan a término aficionados. Veamos….

Aficionado/da: Que cultiva o practica, sin ser profesional, un arte, oficio, ciencia, deporte, etc.

Y advierte el diccionario, con gran tino: a veces se usa despectivamente. Pero no nos da más explicaciones sobre cuál es exactamente la diferencia entre profesional y aficionado, ninguna alusión a la calidad del resultado, a los medios que se usan para conseguirlo, a si hay que tener un títulín o no, cuántas horas hay que dedicarle al asunto para pasar de aficionado a profesional. La única diferencia es la recompensa. Un aficionado es aquella persona que cultiva o practica una actividad, entonces, de manera no profesional; que no está suficientemente capacitado, que no recibe recompensa alguna (salvo, quizás, una palmadita en la espalda de sus progenitores) que no se aplica al tema con más empeño que a otra cosa y que no necesita de ese ejercicio para pasar y mantener la vida.

Entiendo que un profesional de los proyectos independientes no sea, a su vez, un profesional de las cosas de las que hable a través de ellos. Me explico, un sitio de Internet dedicado a la ciencia-ficción no tiene por qué estar hecho por un escritor que no puede vivir sin sus letras, pero eso no quita que su labor de difusión sea profesional según los otros términos. Es probable que las personas que prefieren dedicarse en cuerpo y alma a lo que más les llena, tengan que tener a la vez un empleo con el que poder pagar facturas y alimentarse y que, sin embargo, no le pongan el mismo entusiasmo, capacidad y dedicación. Serían profesionales de su actividad principal y aficionados en su empleo. Qué cosas.

A partir de ahí, con el libre albedrío y la conciencia que los dioses nos han otorgado, cada cual, y no los demás, debe ser quien determine si la actividad que realiza la quiere llevar a cabo profesionalmente, aunque no le paguen, con dinero, por ello. Dedicarse a proyectos independientes implica un sacrificio difícil de entender para los que siguen creyendo que nada que no tenga por medio dinero vale la pena. Pero el mundo está lleno de personas que hacen su labor mucho mejor que otras que cobran por ello, e Internet es una interminable muestra de esto, con lo que tendremos que empezar a cambiar nuestros anquilosados puntos de vista sobre lo que es considerado profesión, y, como es habitual, el diccionario llegará con décadas de retraso a esa conclusión, cuando todos nosotros ya lo tengamos más que asimilado.

© Musidora
(995 palabras)
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