Material adicional
por Francisco José Súñer Iglesias

Dependiendo del grado de querencia por un universo, el aficionado puede llegar a convertirse en un coleccionista casi maníaco que acapara todo el material que puede encontrar sobre él. Sin meterme en el tema de las maquetas y las figuritas, al que mi naturaleza iconoclasta y en absoluto fetichista le encuentra poco sentido, hay un aspecto de esta tendencia que si resulta cansina, por no decir que irritante, y son los múltiples detalles argumentales y de ambientación que se citan tomando como fuente el material adicional y que dejan al simple aficionado, como yo, desconcertado y con cara de poker.

Como es sabido, una vez que la película o serie de películas se ha asentado en el mercado, empieza a surgir a su alrededor una falange de admiradores que piden más y más, y están dispuestos a pagar por ello. Como rodar nuevas películas resulta un proceso caro, largo y complicado, resulta más fácil ofrecer los guiones originales, las notas de ambientación, y cualquier tipo de documentación de trabajo que pueda ser encuadernada y puesta a la venta.

El negocio es evidente, y ese material limitado, hay que ir más allá: se novelizan las películas, se ceden los derechos para series de dibujos animados y tebeos, se encargan incluso biografías para los personajes (principales, secundarios y hasta meritorios sin frase), se elaboran historiografías y cronologías detalladas, se diseñan aparatos y vestuarios nuevos, lo que sea necesario.

Todo se vende, todo se compra.

Entonces empiezan los problemas. El primero es con el propio material, como el proceso no suele estar planificado y en las más de las ocasiones el material adicional no deja de ser pura carnaza, las líneas temporales se deslizan siglos, personajes bien muertos (baloteados, descuartizados e incinerados) aparecen inopinadamente, y cuestiones que quedaron claras en la película que dio origen a todo el negocio resultan ya tan incongruentes con la parafernalia montada alrededor que se retoca la escena (o se hace desaparecer) para que nadie caiga en la cuenta.

Eso es problema de quien consume este tipo de material, a mi no me afecta, lo que me afecta es que ese consumidor haga referencias continuas a todo esto: individuos que no han tenido ni nombre en las películas son nombrados una y otra vez, personajes que ni existían son grandes héroes, guerras, situaciones, hechos de los que sólo se sabe en una compilación editada en Bora-Bora se convierten en referencias casi sacras.

En este estado de cosas, cuando ante algún detalle que me acaban de exponer con todo lujo de detalles pregunto ¿En qué película sale eso? inocente de mi (pensando que quizá sea una escena recuperada en el corte del director, o de la versión extendida, o de la versión extendida con extras y tomas falsas, o de la versión de los productores, o del montaje de la señora de la limpieza, con metraje tirado a la basura y recuperado a tiempo por la diligente fámula) se me responde: No, eso se dice en la página 12 del número 32 de la segunda época del cómic de las aventuras del tipo borracho que sale en la versión remasterizada.

No voy a decir que todo ese material se deba prohibir y quemar el existente en una pira purificadora, hay quien lo disfruta y mucho, pero si pediría a sus consumidores que no pierdan el norte y dejen de trasladar los conocimientos enciclopédicos acumulados en decenas de cómics, novelizaciones, compilaciones, vidas ejemplares y vademécumes especializados, al resto de los mortales, que sólo conocen unos pocos detalles vistos en un par de peliculillas sin complicaciones.

© Francisco José Súñer Iglesias
(596 palabras)