Una cuestión práctica
por Francisco José Súñer Iglesias

Se me ha echado en cara repetidamente mi afición a comentar libros que ni siquiera he terminado de leer. El argumento más lógico es que si no lo he terminado por completo, no puedo saber si el libro acababa por levantar el vuelo y conseguir culminar de forma apoteósica.

Cualquiera con algo de experiencia lectora sabe que eso es muy improbable, por no decir que imposible, si un libro empieza mal y se desarrolla peor es difícil conseguir acabarlo bien, no es una cuestión de inspiración o sudoración, es que simplemente nadie que sea capaz de escribir treinta o cuarenta páginas decentes ha perdido el tiempo emborronando las doscientas que las preceden.

Un poco al hilo del argumento anterior, hay quien lo considera una falta de respeto hacia al autor y el editor. No digo que no, insisto en que una opinión fundamentada en la lectura completa del libro resulta más amplia y completa, pero me voy a permitir contar un sucedido hostelero.

Hace algún tiempo quede a cenar con unos conocidos en un restaurante que ninguno conocía, pero que a todo el mundo le venía bien, a unos por cercanía, a otros por facilidad en lo que respecta al transporte. Fue un desastre. Por lo pronto, y pese a la reserva previa, nos hicieron esperar media hora antes de darnos mesa, ya sentados, otro cuarto de hora hasta que un camarero se digno a traernos las cartas, una vez pedida la comanda otro tanto hasta que trajeron la bebida y dos de los primeros platos (éramos cuatro), que se quedaron helados mientras aparecían los dos restantes. A todo esto el vino no fue el que pedimos, de la segunda tanda de primeros uno estaba equivocado, y la comida ni estaba bien preparada ni bien aliñada. Con los segundos el desastre continuó, hasta tal punto llegó la cosa que ni esperamos la segunda tanda de segundos (propiamente dicho) pedimos la cuenta (de lo servido hasta el momento) y salimos de allí más bien indignados.

¿Alguien se resistiría a no contar el sucedido una y otra vez? ¿Callaría la pésima calidad del local por no haber llegado a los postres? Todo lo contrario, cualquiera procurará advertir a amigos y conocidos de lo nefasto del restaurante y procuraría que nadie más pasara por la mala experiencia.

Con un libro no tiene porque ser muy diferente, callar una lectura insatisfactoria y poco gratificante sólo conseguirá que alguien se acerque al él inocentemente y sufra la misma decepción.

La diferencia obvia entre el caso del restaurante y un libro es que en el primero la incompetencia y la mala calidad eran cuestiones objetivas y fácilmente verificables (por lo que sé, acabó por cerrar), con respecto al libro siempre hay que tener en cuenta la subjetividad de cada lector, pero con todo, advertir de las propias experiencias siempre puede ser interesante para alguien.

© Francisco José Súñer Iglesias
(478 palabras)