Zapatazo y tentetieso
por Francisco José Súñer Iglesias

Según la definición de Manuel Díez Román en el Glosario de Ciencia-Ficción el fandom es:

    Si nos atenemos a la traducción del inglés es el dominio de los fanáticos; en la realidad suele ser así, un conjunto de unos 100-200 en España.

Yo no hablaría tanto de fanático como de fan, de simple aficionado con inquietudes, reelaborando el texto:

    El fandom es el conjunto de los aficionados activos.

Sin cifras. Habrá más o menos de esos aficionados activos, y lo cierto es que existe algo que se puede identificar como un conjunto de personas con inquietudes comunes, o al menos bastante parecidas, y que esa afinidad las lleva a interactuar entre ellas para colmar sus ansias de saber y conseguir obras a las que de otro modo tendrían difícil acceso. Si la interacción es muy continuada surge la necesidad de guiar ese flujo de conocimiento y sistematizar los encuentros, y de ahí surgen las asociaciones.

No creo que haya más, en realidad el fandom es una masa amorfa, que en nada se parece a una mente colmena y que tiene tantas opiniones y formas de concebir el género como individuos identificables. Ni siquiera se puede decir que esté articulado alrededor de las asociaciones. En España, se pueden contar a bote pronto (y sin intención de ser exhaustivo), desde el punto de vista genérico la AEFCFT y las Tertulias donde todo el mundo es bien recibido y no se le hace ascos a nada, y más especializados los clubs Star Trek y las asociaciones Star Wars, con sus objetivos claros y definidos y con un contacto no demasiado intenso con el resto de las asociaciones que no toquen su área de interés específica. Obviamente eso no impide que alguien pueda ser socio de la AEFCFT, del club Star Trek del barrio, de la base local de Fuerza Rebelde y participar en la TerBar correspondiente, pero no es un caso habitual. No existe pues la Asociación Española del Fandom, con sus estatutos, consignas y comisarios políticos.

Por otro lado, en cuanto se juntan dos personas con parecidos intereses, aunque con visiones muy distintas de ellos, ya hay pie para el conflicto. Cuando esas dos personas se ven en la necesidad de interactuar, en un principio, intentarán colaborar y acercar posturas, o al menos hablar sobre el tema sin que esto deba tener mayor trascendencia, pero si esos puntos de vista están demasiado alejados o los egos resultan demasiado poderosos como para permanecer demasiado tiempo cerca, surgen las discusiones, los desencuentros, las envidias, las pérdidas de compostura y los malos modos. Da igual que se trate de ciencia-ficción, de aeromodelismo o de fútbol. Es inherente a la naturaleza del ser humano, nada ni nadie tiene la exclusiva sobre ello.

Ante este panorama resulta entonces de lo más chocante leer aquí y allá comentarios culpando al fandom de todos los males de la ciencia-ficción española (y no voy a decir que mundial, pero casi) adjudicándole infames cualidades que no se ven ni en las familias peor avenidas ni en los ambientes de trabajo más degradados, acusándole de ser cerrado, obtuso y endogámico, en resumen, que si el fandom desapareciera volverían a crecer los bosques amazónicos, se taparía el agujero de ozono, los bancos dejarían de exprimir a sus clientes, el SIDA se podría tratar como el resfriado común y se acabaría el hambre del mundo.

Es bastante evidente, al menos para mi, que el fandom no es tan terrible, es más, no es ni bueno ni malo ni todo lo contrario. Cualquier grupo humano con intereses comunes peca de los mismos defectos (y virtudes) con los que se quiere denostar al fandom, en todos los ámbitos será posible encontrar esas mismas envidias, alianzas, buenas amistades, odios y momentos simpáticos. El fandom no tiene la exclusiva de nada, y resulta exagerado en grado sumo hacerlo transcender más allá de su entidad real.

Antes lo he definido como un ente amorfo, y quizá sea por eso por lo que se le ataca de una manera tan sistemática y con tanta dureza, no puede defenderse y como puching resulta ideal, encajará todos los golpes sin devolver ni uno, es el empedrado al que se culpa de todo lo malo y el niño que lo rompe todo. Denostar al fandom es fácil, cómodo y limpio; nadie se da por ofendido, nadie responde a la provocación. Como enemigo es genial, siempre será vencido y nunca atacará. En el peor de los casos es como gritar a las paredes, tampoco va a dar respuesta a nada.

Dejemos al fandom en paz, que él, particularmente, no le ha hecho nada a nadie.

© Francisco José Súñer Iglesias
(738 palabras)