El origen de mi pasión por la ciencia-ficción
por Jorge Romo

Lo he estado meditando por un buen rato. Nada ha absorbido más mi interés estos últimos días. Ni el atascado metro de la ciudad de México, ni los exámenes, ni las chicas han podido desviar mi atención sobre este pequeño asunto: de dónde rayos surge mi gusto por la ciencia-ficción. Para serles sincero, después de meditar horas y horas, he llegado a una sola conclusión: ¡no tengo la más mínima idea!

Se me han ido ocurriendo algunas cosas que tal vez podrían ayudar. Por ejemplo, cuando era niño, me entusiasmé demasiado al ver por primera vez en mi vida aquella primera película de Star Wars. Unos años más tarde, el videojuego de Bucky Oíhare consiguió apantallarme por completo. No obstante, como muchos ya saben hubo una profesora que supo, directa o indirectamente, despertarme el gusto por el género.

Con todo esto no quiero dar a entender que ya encontré en lo más profundo de mi persona el origen de mi gusto por la ficción científica. Es más: quizás mi gusto no está condicionado por la sociedad en la que me he desenvuelto, sino que más bien, la pasión por el género ya estaba ahí. Tal vez, y como decía Asimov, la lotería genética me jugó una gran pasada. Sospecho que cuando se unió en mi cuerpo la guanina número 1,112,156 con la citosina número 2,156,431 para formar una cadena de ADN, esta combinación formó con el tiempo un gen que sería el culpable de que me gusten las novelas de Lem y Bradbury.

Así pues, ese gen cienciaficcionero (espero que no sea egoísta) ha conseguido que me maraville por la ciencia y en especial por la posibilidad de vida en otros planetas. No está de más decir que también ha hecho que me gusten las portadas de Martínez Roca y Denoël. Tal vez por esto me encanta el cine de science fiction y no me pierdo ninguna producción de Scifi Channel. Entonces, puedo afirmar que toda aquella obra artística que refleje un ambiente o una escenografía de ciencia-ficción será indudablemente atractiva y apasionante para mí. Por mencionarles algún ejemplo, me fascina la portada de la novela OMS EN SÉRIE de Stefan Wul: Los colores, la representación del comehombres derrotado por los humanos, Terr observando el paisaje encima de aquel animal alienígena que ahora será solamente un débil recuerdo para los oms, me llena de regocijo.

Pero hay algo que me gusta más: los videos musicales con ambientes futuristas. Los grupos de hoy en día, tienen a su lado la magia de la tecnología y de los efectos especiales. Cada día, todas esas imágenes se vuelven más espectaculares y consiguen un realismo inigualable.

En el vídeo de la canción Digital Love, de Daft Punk, un astronauta lleva a cabo sus actividades diarias en el espacio, mientras que su ciudad, ubicada en un planeta lejano, es asaltada por los secuaces de un terrible villano. Resultado: el grupo musical de moda, donde toca su novia, ha sido secuestrado. Los colores son fenomenales; los dibujos, al estilo japonés, consiguen envolver al espectador con su brillo más que psicodélico.

El vídeo de Fly Away from here, de Aerosmith, es otra expresión de esto que les menciono. Sumado a los escenarios y la ropa de los músicos y actores, las escenas que más me agradan son las que muestran una ciudad futurista, al estilo de El Quinto Elemento, como escenario de una pelea entre dos robots gigantes. Al final, la batalla se libra en el espacio. Creo que es un vídeo de lo más original. También se puede ver en.

Finalmente, en el video de Iím Gonna Getcha good! de Shania Twain que puede ser visto en podemos presenciar un futuro muy lejano, donde los robots son algo completamente común. Shania Twain, la protagonista, viaja en una moto de estilo futurista perseguida por un robot gigantesco, mientras que el ambiente imperante me recuerda de alguna manera al ciberpunk.

Me podrán decir que esas pequeñas historias no tienen lógica. Muy de acuerdo, mas la propuesta visual me parece sensacional. Quizás para muchos, estos videos o los ambientes cienciaficcioneros no sean nada del otro mundo. No obstante, me encantan y creo que me permiten recordar que aunque no sepa exactamente el origen de mi gusto por el género ¡qué más da! Está aquí, muy dentro de mi persona, alegrándome la vida día con día.

© Jorge Romo
(732 palabras)