Las Hispacones como crisol
por Francisco José Súñer Iglesias

Hablando hace poco con unos amiguetes (no, los de la Tertulia Canalla Mostoleña, no) sobre la trayectoria de las Hispacones llegamos a la conclusión de que convocatoria a convocatoria, fiascos aparte, cada vez resultaban ser más plurales y ofrecían un panorama progresivamente más amplio del estado de la ciencia-ficción y la fantasía en España.

Una de las lamentaciones, sin embargo, venía dada por el hecho de que muchos grupos más o menos establecidos no veían en las Hispacones el escaparate que deberían ser. Aficionados a sagas como la de Star Trek o Star Wars, a los escritos de Tolkien y a otras muchas manifestaciones, ya tienen sus propias convenciones para hablar de ello, y en apariencia no les interesa mezclarse, al menos formalmente, con los demás aficionados al género fantástico, no ya sólo para intercambiar experiencias e impresiones y dar a conocer sus oscuros objetos de deseo, sino para abordar temas más mundanos como pueden ser la articulación de asociaciones, problemas legales, preparación de infraestructuras en la organización de eventos, etc., etc. En definitiva, servirse de la Hispacon como punto de encuentro e intercambio de experiencias más allá del aspecto lúdico.

Por lo que ocurrió en Cádiz en el 2004, y la mala o nula respuesta de ciertos grupos de aficionados, no parece que las Hispacones atraigan según que curiosidades. Es una lástima porque serían una magnifica plataforma de conocimiento mutuo, de difusión de otras formas de entender la fantasía y la ciencia-ficción y profundizar en las claves de cada una de sus aficiones particulares desde puntos de vista diversos, tanto opuestos como complementarios, incluso para comprender las influencias cruzadas que cada una de estas manifestaciones han tenido entre si.

También hablamos de lo terriblemente aburrida que sería una Hispacon sin el color ni la salsa de los actos más lúdicos, o con demasiada gente tomándose en serio a si misma por metro cuadrado. Sería inimaginable una Hispacón donde hora tras hora únicamente se programaran sesudas conferencias del estilo Metaliteratura en la ciencia-ficción libertaria de los años cincuenta y sesenta; Fantasía y sociedad: por qué la iniciación a la ciencia-ficción siempre ocurre durante una larga enfermedad; Siguiendo las huellas del cuento moralizante rural hasta las nuevas tendencias cyberpunkarras, y así quince al día, o interminables mesas redondas sobre Por qué lo que escribo sólo lo entiendo yo y mis cuatro amiguetes; Editar en español, reír o llorar; Ciencia-ficción de consolación contra fantasía de provocación, presentación tras presentación de gruesos librotes a cual más trabajado, talleres literarios, performances, instalaciones...

Mi única participación en una Hispacón fue en la de Xatafi 2003, me encargué del Xatafi Virtual, participé en una mesa redonda y presencié algunos actos. No se puede decir, pues, que esté muy al tanto de lo que se cuece realmente en una Hispacón, excepto por las muy bien documentadas crónicas que se despachan al poco de acabar cada una de ellas, pero si tengo claro que cualquier acto bien publicitado y mejor presentado mueve gente. Tanto en la mesa redonda (creo que fue sobre publicar en Internet, o algo así), como alguno de esos otros actos a los que asistí (una presentación sobre la astronave Rayo, organizada dentro de la Aznarcon por el Escuadrón Delta) pude comprobar que la asistencia de público fue pareja, y no precisamente escasa. Tanto los aznarkistas (muy interesados en Internet como medio de comunicación, ya que gracias a él existen como grupo organizado) como los asistentes a la mesa redonda (que de esa forma podían ver colmada su curiosidad por saber que puñeta es eso de La Saga de los Aznar) tenían la posibilidad de enriquecer sus conocimientos y experiencia acudiendo a ambos actos, programados dentro, por y para la Hispacon, sin exclusiones ni excepciones.

No contar con una mayoría amplia de tendencias en una Hispacon sería una lástima porque, como se demostró en Vigo, lo mejor entonces es olvidarse de programas e infraestructuras, montarse una Barracon con los amiguetes y hablar de lo que le interese a cada uno, y ese no parece que sea el objetivo.

© Francisco José Súñer Iglesias
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