Percepción índigo
por Jesús Poza Peña

La necesidad de clasificar una obra literaria dentro de un determinado género es una característica profundamente anglosajona. Cierto es que el interés por los diferentes géneros y sus características se remonta como poco hasta la Grecia clásica, pero no deja de ser evidente que nuestra moderna necesidad social de clasificación es un fenómeno anglonorteamericano. El gran mercado de ventas literarias es los EEUU, un país de más de 250 millones de habitantes que comparten la misma lengua.

No ocurre tal cosa en Europa, lo que supone una cortapisa para la difusión de la cultura. En un mercado de este tamaño, donde los libros se venden en grandes superficies, es necesario que el comprador encuentre con facilidad el libro que busca. De ahí la necesidad de una clasificación exhaustiva y sistemática. Es curioso, sin embargo, que muchas novelas puedan cambiar de estantería dependiendo de la visión que la crítica ha vertido sobre ellas. Cuando se compra un ejemplar de NOSOTROS, de Zamiatin hay que recurrir a las secciones de literatura extranjera por orden alfabético, o a las de clásicos internacionales. Mientras tanto las estanterías de Ciencia-ficción están repletas de novelas franquicia, cuyo valor literario es, en la mayoría de los casos, altamente dudoso.

Esta situación claramente tendenciosa daña el valor de nuestro género literario. Un género no tiene por qué tener unas fronteras delimitadas severamente, al contrario, permite tomar de aquí o allí con libertad. PERCEPCIÓN ÍNDIGO es lo que erróneamente se suele llamar space opera, cuando realmente no necesitamos un término heredado de esa necesidad anglosajona de clasificación para nombrar nuestro propio arte; Folletín Espacial es mucho más adecuado y comprensible desde nuestro punto de vista. Y sin embargo que nadie espere encontrar naves que se levantan de la tierra como por arte de magia, o combates de cazas en el vacío. Aunque la narración está enmarcada en las aventuras, venganzas, amoríos y traiciones de sus protagonistas, el marco de especulación científica en que se asienta pretende ser lo más verosímil posible, sin centrarse en la mera aportación de datos técnicos.

En este sentido la frontera entre la ciencia-ficción hard, otro término que en realidad no describe nada, y el folletín de aventuras espaciales se difumina, como pueda ocurrir en otras obras recientes como la serie SUCESIÓN de Scott Westerfeld, de la que sin duda mi novela es deudora. A mí, como padre de la criatura, me gusta pensar en esta novela como una mezcla de ciencia-ficción y pastelería fina. En fin, juzguen ustedes mismos.

La portada es obra de Gonzalo Jaime Xibixell, dibujante de cómic y animación. Entre otras actividades ha participado en la película DRAGON HILL, ganadora de un Goya en 2003 y en series de tanto éxito como Las Tres Mellizas.

© Jesús Poza Peña
(457 palabras)