Las franquicias y otros animales
por Enric Quilez Castro

Una de las críticas que se han vertido con cierta frecuencia sobre el mundo de los libros-franquicia de fantasía y ciencia-ficción, como los de Warhammer, Star Wars o Star Trek, es que no aportan nada nuevo al mundo de la literatura fantástica y sin embargo restan ventas a la literatura más tradicional (o más rompedora) ¿Hasta qué punto es esto cierto?

Es difícil determinar la influencia de las franquicias en el mercado del fantástico. Desde luego, no es un fenómeno local sino de tipo mundial. Prácticamente todas las ellas (por no decir todas) son anglosajonas y muchas están basadas en fenómenos culturales ajenos al literario, como las películas, las series de televisión o los juegos de rol.

Por lo tanto, lo primero que cabría preguntarse es si este fenómeno está restando potenciales lectores de verdad a la literatura. Yo creo que en buena parte no. Sí que es cierto que muchos jugadores de rol, trekkies o forofos de Star Wars también son aficionados a la ciencia-ficción o a la fantasía escrita y que las franquicias desplazan otras lecturas ajenas al fenómeno. Pero creo que hay muchos más aficionados ajenos al mundo literario. Esta afirmación se sustenta en el hecho de que hay muchos más interesados en las películas o en las series de televisión que no en la ciencia-ficción escrita.

Es más, incluso me atrevería a afirmar que muchos fans de películas y series de ciencia-ficción no las ven como tales, sino que las catalogan como aventuras o incluso como fenómenos paranormales (lo digo porque conozco casos concretos)

Así pues, existe una cierta superposición entre ambos ámbitos que pueden restar clientes potenciales a los lectores tradicionales de ciencia-ficción, pero dicha intersección no es tan importante. En buena medida se debe al hecho de que una parte del grupo de lectores de ciencia-ficción, por ejemplo, suelen rechazar bastante las franquicias por considerarlas fenómenos ajenos al mundillo.

Lo que sí que es cierto y que puede afectar mucho más negativamente es el espacio que ocupan los libros-franquicia en las estanterías de las librerías. Como suelen ser libros con buenas ventas, es evidente que le van a robar espacio o incluso desplazar completamente a libros de J. G. Ballard o de Gene Wolfe que se venden mucho menos y, posiblemente, aportan muchas más cosas al género (aunque a gustos, colores)

Si le añadimos que los libros-franquicia suelen tener una rotación más rápida de género que libros más clásicos, que pueden llegar a venderse bien pero en un período de tiempo mucho más largo, es normal siguiendo las reglas del mercado que los libreros y las grandes superficies primen más a los primeros.

¿Por qué los libros-franquicia tienen menor período de rotación? Creo que es simple: porque se leen deprisa y sus lectores suelen ser más numerosos y voraces. Incluso, al estar escritos por diferentes autores, su frecuencia de aparición es menor. Es evidente que un libro-franquicia se lee con mayor rapidez que un libro más denso de un autor más literario.

Otro elemento negativo es que las franquicias acentúan la fama de literatura poco seria tanto entre el lector como en los libreros y no es de extrañar que muchas veces encontremos este tipo de libros mezclados con obras de carácter esotérico o paranormal.

En resumen, que sí, que afecta, pero es difícil precisar cuál es el efecto real, ya que los públicos lectores de franquicias y los de literatura fantástica clásica, si bien tienen elementos comunes, no son idénticos en absoluto.

No es éste el único fenómeno comercial que sigue pautas parecidas. Dentro del propio mundo de la ciencia-ficción o de la fantasía, hay grupos de lectores exclusivamente interesados en un autor o en una temática. En los años ochenta y parte de los noventa, en España había un grupo de lectores que únicamente leían libros de Isaac Asimov y en menor medida de Arthur C. Clarke, mientras que en la actualidad, hay lectores de fantasía que sólo leen a J. K. Rowling (Harry Potter) o a Terry Pratchett (Serie de Mundodisco)

Son muy similares a las franquicias, aunque escritas por un único autor, si bien existen trampas. Por ejemplo, bajo el sello de Isaac Asimov toda una serie de autores más o menos conocidos escribieron series de novelas de robots que aún hoy pueden encontrarse en el mercado (ROBOT CITY, ROBOTS EN EL TIEMPO) al igual que Arthur C. Clarke produjo en colaboración con Paul Preuss o Gentry Lee series como las de Venus Prime o Rama.

Algo parecido ha hecho Harry Harrison con su serie de Bill, héroe galáctico en que alguna de sus novelas ha sido escrita a cuatro manos con otro autor (como el recientemente fallecido Robert Sheckley)

También las 3 B's (Greg Bear, Gregory Benford y David Brin) han explotado el fenómeno de las Fundaciones de Asimov, con una nueva trilogía ambientada en la época de Hari Seldon. O el hijo de Frank Herbert, en colaboración con Kevin J. Anderson exprimen el filón de la ya de por sí dilatada saga de Dune con tres precuelas a la primera novela (DUNE) e incluso con pre-precuelas sobre el Jihad Butleriano.

Otro fenómeno ligado a las cosas que triunfan son los libros de acompañamiento. Un buen ejemplo de ello es EL SEÑOR DE LOS ANILLOS que ha generado a su alrededor un fenómeno editorial espectacular de ediciones ilustradas, libros sobre las versiones cinematográficas, ensayos sobre la obra de Tolkien, cursos de Quenya (una de las lenguas de los elfos) recopilaciones de cartas y hasta la publicación de los bosquejos originales de su mitología profusamente comentados.

Y, por supuesto, cuando un libro funciona, no sólo se convierte en saga, sino que además se lleva al cine, se sacan juegos y juguetes de todo tipo e imaginería diversa: vasos, toallas, calendarios... la lista es inacabable.

¿Que Harry Potter vende y Tolkien está de moda? Pues promocionamos los libros de magia y a los amigos de Tolkien, como C. S. Lewis y vendemos Narnia y la llevamos al cine, con la esperanza de otra serie interminable de películas y su lucrativo merchandasing. Y si no, llevamos la serie de Terramar de Ursula K. LeGuin al cine, en formato animado.

No me extrañaría que pronto apareciese La canción de hielo y fuego en cine o televisión, si es que no la están preparando ya, aunque tal vez esperen a que el fenómeno esté más asentado a nivel mundial o a que Martin decida explotar su filón directamente.

Cuando algo funciona, hay que exprimirlo hasta la saciedad. De ello se quejaba Charles Platt en un polémico artículo titulado La violación de la ciencia-ficción hace ya muchos años. Si bien no comparto muchas de las cosas que dice, ésta es con una de las que estoy bastante de acuerdo.

Por desgracia, fenómenos como éstos los veremos cada vez más, tanto dentro como fuera de la literatura fantástica, así que más vale que nos vayamos acostumbrando. A fin de cuentas, ¿quién quiere pasar hambre pudiendo nadar en la opulencia?

© Enric Quilez Castro
(1.178 palabras)
Publicado originalmente en El mundo de Yarhel el 3 de enero de 2006


Locución de Francisco José Súñer Iglesias
Producido por Francisco José Súñer Iglesias para el Sitio de Ciencia-Ficción
Fondo musical: Caida (parte II) de En Busca Del Pasto
bajo licencia Creative Commons 2.5 (by-nc-sa)