La máquina viva
por Miguel Esquirol

El implante, la conexión neuronal, el ciborg, el hombre máquina, son las pesadillas que unen a la máquina al ser vivo. Este matrimonio imposible y trasgresor debilita para siempre el concepto del ser vivo. Quizás cuando el primer niño de probeta naciera a medio camino entre el vientre inorgánico y el aséptico laboratorio aquella línea que un día creyeron infranqueable empezó a desaparecer. A partir de aquel día todo era posible, ahora vemos como cada vez más cuerpos vivos empiezan a ser los receptores de ingenios que el mismo hombre ha ideado. Algún día esto será muy común y aquel día, nuevamente, tendremos que preguntarnos qué es lo que nos hace humanos o qué es lo que nos hace seres vivos.

Pero ahora démosle la vuelta al problema. Ya no pensamos en seres vivos que van adquiriendo cada vez más partes mecánicas, no hablamos ya del hombre de un millón de dólares ni de la cadera de titanio de la abuela. Hablamos ahora de máquinas que poco a poco van adquiriendo cualidades vivas. Y esa otra unión prohibida también se encuentra en el centro mismo del discurso de la vida.

Aun nuestra tecnología está pensada con circuitos y partes, con ensamblajes y piezas separadas. Qué ocurrirá cuando empecemos a hacer crecer órganos, cuando logremos criar circuitos en tejidos vivos, cuando dominemos al DNA y podamos programar nuestras máquinas en su Genoma.

La ficción ha explorado este fenómeno. Desde los niños fecundados en fábricas de A BRAVE NEW WORLD de Huxley hasta los controles del juego EXISTENZ de la película de Cronenberg, fabricados a partir de seres vivos y con toda las características de uno.

Pienso ahora en un capítulo de la nueva Battlestar Galáctica. La piloto Starbuck queda atrapada en una luna junto a una nave cylon. Cuando se acerca para ver si la puede utilizar para huir del planeta descubre que una bala a atravesado la nave dejando un reguero de sangre, y que cuando intenta entrar al interior del aparato descubre que el este parece un vientre, un abdomen, una matriz viva llena de intestinos, líquidos vitales y piel desnuda y palpitante. El exterior de la nave es metálico y navega en el espacio, pero la nave no tiene piloto, ella misma es su propio piloto. La piloto Starbuck entonces tiene que introducirse en el cuerpo muerto de la nave, extraer el cerebro herido y averiguar por cual conducto circula oxígeno y finalmente descubrir qué membranas, papilas o glándulas le permiten conducirla de regreso a casa. Evidentemente lo consigue y pronto se elevará de la atmósfera enrarecida de aquella luna. Navegará entonces por el espacio en esta especie de unión promiscua mucho más extraña que la que nombramos arriba. Ya no es un ser vivo dentro una máquina ni máquina dentro un ser vivo. Ahora el ser vivo se encuentra dentro del ser vivo.

Son muy interesantes los cylones. Estos son robots creados por el hombre que han decidido luchar contra él. En una lucha sin cuartel como en MATRIX, como TERMINADOR, las máquinas se revelaron y huyeron hacia un destino desconocido. Años después regresan para vengarse del ser humano. Pero cuando regresan ya no son las mismas máquinas, hechas de circuitos y piezas, que el hombre ha construido. Ahora regresan máquinas vivas, ingenios creados por los robots. Primero los humanos crearon las máquinas, ahora las máquinas inventaron seres humanos.

La máquina viva, la estética perversa del corazón palpitante de una maquinaria nos llena de intranquilidad. Una reciente publicidad de coches muestran a un vehículo como si tuviera columna vertebral y músculos que lo mueven. Un ordenador cada vez más se asemeja a un cerebro encerrado en la dura corteza de un cráneo que nos observa. Incluso el frío lente de la cámara que se mueve y nos enfoca cada vez tiene más la apariencia de un frío ojo.

¿A dónde nos llevará este camino? ¿A la íntima unión de la piloto navegando en el interior de una nave espacial? Al contacto orgánico de la conexión cervical de EXISTENZ más parecido a un cordón umbilical que a la fría y dolorosa conexión de Matrix. ¿Cual será nuestra relación con lo vivo, lo orgánico e incluso lo humano?

© Miguel Esquirol
(699 palabras)
Publicado originalmente en El forastero el 20 de marzo de 2006


Locución de Francisco José Súñer Iglesias
Producido por Francisco José Súñer Iglesias para el Sitio de Ciencia-Ficción
Fondo musical: The Big Jump de Derek
bajo licencia Creative Commons 2.5 (by-nc-sa)