Hasta la vista, maestro
Especial Stanislaw Lem
por Alfonso Merelo Sola

Stanislav Lem, el mejor escritor de ciencia ficción de la Europa del este, ha muerto a la edad de 84 años.

El gran Lem ha sido uno de los mas influyentes autores en los últimos 50 años.

No se entiende la ciencia-ficción sin sus aportaciones. Novelas inolvidables como SOLARIS o EL INVENCIBLE se combinaron con los relatos mas políticamente incorrectos, e hilarantes, protagonizados por Ijon Tychy, o sus fantásticas fábulas de robots.

Nos deja como legado todo su obra, que por suerte disfrutamos en España con unas mas que decentes traducciones, que contiene mas genialidad en cada línea que en muchas obras de otros autores mas punteros.

Recuerdo lo extraordinario de los diarios de las estrellas y sus reinterpretaciones históricas y de todos los tópicos de la ciencia ficción (¿se acuerdan de la escena final de SPACE BALLS en la que los astronautas retroceden en el tiempo y se encuentran con sus yo futuros y pasados? pues ya estaba en los viajes y en el año 1957).

Sin duda LA INVESTIGACIÓN o LA FIEBRE DEL HENO son singulares tratamientos de la mente y de la percepción de los sentidos. Pero el culmen de esa profundización en la mente humana es SOLARIS. El planeta desconocido, incomprensible para la mente humana y que trata de acercarse a los astronautas terrestres mediante sus recuerdos. Recuerdos que son solo eso: recuerdos, sin validez alguna ya que están mediatizados por nuestros propios deseos. El análisis es lúcido: no somos ni siquiera nuestros recuerdos ya que estos son falsos.

Esa es una de las muchas y magnificas conclusiones que desarrolló este escritor y filósofo de la condición humana. Es una irreparable pérdida, pero, afortunadamente, nos deja mucho que leer y que pensar.

Maestro, que usted lo haya pasado lo mejor posible.

© Alfonso Merelo Sola
(338 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Memorando el 27 de marzo de 2006

Artículos del especial


Lem y la sonrisa cómplice, por Alfredo Álamo
Hasta la vista, maestro, por Alfonso Merelo Sola
Dos lecturas de Solaris, por Dixon Acosta