Sobre los canones
por Francisco Ontanaya

No me resisto a darle otra vuelta de rosca al tema. Entre otras cosas, porque estamos votando un canon para la ciencia ficción en Se Dice, y ver las elecciones de cada uno y sus ideas de lo que es canónico da algo de lo que pensar.

En realidad, este es un tema eterno. Recuerdo por ejemplo aquella serie de artículos de varios VIP's del mundillo (en sentido no peyorativo; estaba desando usar esa expresión) en la revista Gigamesh y el consecuente maremagnum de mensajes en su lista de correo. Entre las muchas opiniones que se expusieron me llamaron de forma especial la atención, si no me falla la memoria, las de aquellos que negaban la validez de los canones literarios en base a la individualidad de los lectores.

El caso es que yo sí creo en los canones. Y digo los canones, así, en plural (y sin acento, por cierto). Y con ello no digo que creer de forma ciega y absoluta en un único canon no sea poco práctico. ¿Cómo podría yo confiar en una selección de obras de ficción especulativa que incluyera, por ejemplo, DUNE o EL JUEGO DE ENDER, títulos que me parecen menores? Y así y todo, ese canon tendría una parte útil (para mí y para cualquiera). Eso es lo que me hace creer en la validez de los canones.

Porque, ¿qué es una obra canónica? Una obra canónica no es una que resulta extraordinaria a todos sin excepción. Es una de las que, si mil personas confeccionaran su propio canon, aparecería en un número importante de ellas. Y ahí es donde entra en juego el criterio personal. Ningún canon debería sustituir el criterio del lector, eso es impepinable. Ni aunque existiera uno tal que pudiera acertar de forma indiscutible. ¿De qué le sirve a Fulano que una obra le parezca buena si no sabe por qué es buena? Antes sería preferible que leyera obras menores, pero sabiendo en qué es en lo que fallan.

Si te ponen en la mano, no obstante, esos mil cánones, entonces puedes empezar a usar tu propio criterio. No es difícil intuir si las preferencias que denota Pepito o Mengano se alejan más o menos de las tuyas, o descubrir qué obras son reconocidas por lectores de gustos dispares. Al final del proceso, reflexionar sobre los cánones que has conocido te da la oportunidad de encontrar el que se ajusta a tu criterio. Porque, mal que le pese a los individualistas más acérrimos, todos tenemos mucho en común (incluso los especímenes raros como el que escribe); suficiente al menos para encontrar puntos de coincidencia con los gustos de los demás. Y aun así, mal que le pese a los snobs fundamentalistas, cada uno tiene sus rasgos particulares, y por eso mismo los canones son una herramienta útil, pero no una BIBLIA ni un CORÁN para satisfacer algún patético orgullo elitista.

En pocas palabras: yo creo en los canones. Y no es una revelación ni una condenación eterna que tenga que lanzar sobre vosotros, oh pobres e ignorantes mortales. En realidad, es sólo un acto de sentido común que uno hacía el otro día mientras se cepillaba los dientes. Qué se le va a hacer si no me siento menos hereje por no rechazarlos, ni más santo por no aceptarlos a pies juntillas. Si ambos extremos tienen defectos, no puede haber nada más triste que posicionarse en uno de ellos sólo por resaltar los males del otro.

Aunque, por supuesto, no hace falta que os cuente cómo somos por estos lares…

© Francisco Ontanaya
(593 palabras)
Publicado originalmente en Las crónicas del tecnomante el 10 de diciembre de 2005
CC 2.0


Locución de Francisco José Súñer Iglesias
Producido por Francisco José Súñer Iglesias para el Sitio de Ciencia-Ficción
Fondo musical: Funkylectro de Stargarden
bajo licencia Magnature (Podcast)