Desde el Infierno
por J. P. Bango

Cómo ya os he contado alguna vez: cuando acabo de visionar una película acuden a mi entusiasta cerebelo cinéfilo un buen número de emociones, muchas de ellas exageradas, afortunadamente, inducidas por el exacerbado cúmulo de ruidos y sensaciones ampulosas que todavía desprende una pantalla de Cine debidamente acondicionada. Precisamente, para aprovechar esa inercia positivista, no suelo tardar mucho en volcar sobre un inmaculado papel binario las sensaciones desprendidas de lo que acabo de ver, sentir... No rehuyo la reflexión, claro, pero procuro que la espontaneidad domine esos momentos posteriores al visionado y, sobretodo, que mis letras desprecien cualquier verbo que exilie el inigualable placer de la primera sensación, de la primera vez. Sin embargo, hay veces que esa emoción primaria se ve saboteada por alguna imagen exasperante o una secuencia lamentable que, injustamente, devalúa no ya la valoración global de una película sino su percepción última, su recuerdo.

Pero, alguna vez sucede lo contrario: ver que una parte es cien veces mejor que un Todo; encontrar sustratos de genialidad en productos cuestionables; comprobar que, efectivamente, hay quien sabiéndolo hacer de otro modo, renuncia a esa posibilidad, la desprecia. Se acomoda. Esto, podéis imaginarlo, también es difícil de olvidar cuando uno escribe una crítica amparado por la Regla de la primera sensación.

Todo esto viene a colación precisamente porque acabo de volver a ver SPIDERMAN 2. Los más veteranos lectores del Cronicón Cinéfilo, recordaréis la crítica y la valoración, más bien despiadada (en comparación a lo que se destila en un garito virtual, éste, acostumbrado a cohabitar con el panegírico), sin duda, por debajo de sus verdaderos méritos (que son muchos: lo sabía entonces y lo repito ahora) y cualidades. Este nuevo visionado subscribe (podía no haberlo hecho, no creáis: la segunda vez suele ser de índole crítica) todas las virtudes comentadas en aquel entonces y subraya alguna más evidente, como por ejemplo el hecho incuestionable de ser un más que digno producto de entretenimiento familiar a todas luces dominado por la lucidez narrativa, incluso en aquellos momentos de fastuosa (y tantas veces incontrolable) y muchas veces prescindible acción pirotécnica.

Esa cualidad, justamente exigible a este director (y no, por ejemplo, a Rob Bowman o Poul Anderson), demuestra que el acomodo sigue, sin embargo, fagocitando buena parte de su talante transgresor, de su condición de heredero contemporáneo del mejor Tex Avery, cualidades que demuestra, y de qué manera, en la necesaria e ineludible secuencia de la matanza del quirófano: tres minutos de gozosa trasgresión formal donde el bueno de Raimi recupera la cámara subjetiva, el montaje simbólico, primario, cuasiexpresionista, la planificación fragmentaria y efectiva, el humor negro de complicidad irrestible (¿Hay algún mecánico en la sala? comenta un cirujano armado de una sierra quirúrgico-industrial momentos antes de amputar los implantes maquinales del Dr. Octopus), puro cartoon de ascendencia bizarra que, directamente, toma sus fuentes de la propia cinematografía de Raimi y, en concreto, de sus dos mejores productos: EL EJÉRCITO DE LAS TINIEBLAS y DARKMAN.

En esta secuencia, también de aires Cronenbergianos (por cierto, protagonizada por el más cronenbergiano de los antagonistas de Spiderman), Raimi nos da una buena muestra de lo bien que sabe hacerlo cuando deja de lado el compromiso con lo previsible, con lo que sus productores esperan de él como inocuo satisfacedor de gustos prefabricados, de historias inanes y complacientes.

Es un momento cinéfilo brillante, imprescindible, que traiciona en parte al resto de la película, que sabotea su esencia primigenia (por fortuna) para recordarnos que tras ese espíritu aparentemente acomodado ruge el gemido de una bestia que pretende escapar de la trivialidad... que trata de salir del Infierno.

© J. P. Bango
(602 palabras)
Publicado originalmente en El cronicón cinéfilo el 22 de enero de 2006


Locución de Francisco José Súñer Iglesias
Producido por Francisco José Súñer Iglesias para el Sitio de Ciencia-Ficción
Fondo musical: Jorg de Chris Harvey
bajo licencia Magnatune (Podcast)