Destripando la ciencia ficción
por Fran Ontanaya

Todo empezó en el foro de ciencia ficción de Se Dice, con este párrafo:

    [...] como ya he dicho anteriormente la ciencia-ficción siempre será minoritaria porque es un género provocador de ideas. Y hay mucha gente que prefiere vivir sin cuestionarse las cosas, es muy difícil leer un género en que la mayoría de obras dan la tuerca a muchas ideas preconcebidas, [...]

Luego ya vino el rollo:

Con la realidad en la mano, estoy convencido de que ese párrafo no es correcto. ¿Porqué? Por que las novelas más provocadoras, las que más se meten con la política, los conflictos sociales, con el sistema, etc., las que más invitan a la reflexión… esas, de hecho, las conoce, las lee y las respeta todo el mundo. Y digo 1984, UN MUNDO FELIZ, LA NARANJA MECÁNICA, MATADERO 5, FAHRENHEIT 451, LA GUERRA DE LAS SALAMANDRAS… Por eso, yo tengo mucha confianza en el criterio del público general a la hora de elegir a qué parte de la ciencia-ficción le otorga reconocimiento. Los lectores de fuera del género son exactamente tan listos y tan tontos como los de dentro. La única diferencia, en realidad, es que los de fuera son más, y tienen más (mucho más, y de inmensa calidad) entre lo que elegir.

Aunque otros autores de mérito se queden en la sombra para el gran público (léase Ursula K. LeGuin, Daniel Keyes, Theodore Sturgeon, et alter), lo que nunca les atrae es el resto, las aventurillas, la literatura best-seller que erróneamente, por circunstancias históricas (el origen folletinesco de la ciencia-ficción), consideramos demasiado a menudo ciencia ficción normal. La gente que lee best-sellers fuera de la ciencia-ficción ya tiene su propio suministro, y adecuados a su propio lenguaje, igual que los lectores de best-sellers de ciencia-ficción tienen los suyos y con su propio lenguaje. Que, dentro de sus parámetros, les puede parecer no sólo entretenido, sino revolucionario (igual que a mucha gente le pareció revolucionario que Dan Brown dijera que Da Vinci había pintado a María y no a Pedro al lado de Jesús). Por eso, es normal que los aficionados a la ciencia-ficción más inquietos se sientan atraídos también (y sólo) por las grandes obras de la literatura universal, así como los más inquietos entre los demás lectores por (sólo) las grandes obras de la ciencia-ficción.

En cualquier caso, hay que ser capaces de entender un hecho muy importante. Cuando fuera del género se pueden leer cosas como HOTEL SARAJEVO, por ejemplo, no puede extrañar nada, en absoluto, que para mucha gente (entre la que me incluyo) la mayor parte de la ciencia-ficción tenga la capacidad de remover conciencias de un perrito caliente.

La ciencia-ficción, sin demérito de su capacidad de serlo, y quien quiera que me tire la primera piedra, no ha solido ser un género verdaderamente provocador. La ciencia-ficción ha acostumbrado a ser un género de evasión que, siguiendo la famosa ley de Sturgeon, de vez en cuando se ha superado a sí mismo y ha dado obras maestras. Que, en un porcentaje razonable, han tenido repercusión fuera de su propia parcela. Igual que otras obras de la novela negra, la fantasía épica, la novela histórica, el surrealismo, el realismo mágico, la novela erótica, el terror, la novela de aventuras, la novela de viajes, la novela rosa, la novela de detectives, de abogados… Y con una visión más o menos amplia de lo que es la ciencia-ficción, y lo que es el resto de la literatura, se ve (en mi opinión) que la ciencia-ficción ha ocupado en buena medida, y hasta ahora, el lugar que se merece.

Sea como fuere, yo no despreciaría mucho el criterio de los que leen a Kafka, Faulkner, Pushkin, Hemingway, Goethe, Steinbeck, Bécquer, Hugo, Tolstoi, Dostoievski, Shakespeare, Cervantes… y menos para echarles en cara que no añadan según que nombres a la lista.

Y por si era poco, un par de mensajes después el rollo continuaba:

Es cierto que la ciencia-ficción tiene más libertad (más radio de acción) para escoger sus parámetros. No obstante, a veces se ve cómo esto es contraproducente, porque los autores se extienden en largas explicaciones de todo aquello que, por no ser conocido, no se puede dar por supuesto.

Si me perdonáis que me ponga insoportable, yo creo en la ficción como algo integral más allá de géneros y temas. A la hora de crear una situación disparatada, anormal, que rompa los parámetros del lector, me vale (a Kafka y a Rulfo les valía) cualquier escenario que resulte adecuado a la trama. Con la ciencia-ficción se pueden introducir novedades científicas que añaden una panoplia extra de recursos y situaciones conflictivas, pero también se pueden hallar muchísimos sin entrar en la ciencia-ficción. Con lo cual la ciencia-ficción es potencialmente más variada (con más puntos de vista), pero no necesariamente más (ni menos) profunda en un sentido humano que la historia de unos niños en la guerra de Yugoslavia o la de un esquizofrénico en una familia demasiado normal. El maestro Dick tiene una novela con esa última trama, CONFESIONES DE UN ARTISTA DE MIERDA, en la que consigue que personajes ordinarios nos parezcan incomprensibles, alienígenas, y que el esquizofrénico nos parezca racional y normal, sin entrar en ningún momento en la ciencia-ficción. Y no es porque sea Dick; Jerome Charyn, un tipo de fuera del género, tiene una novela por el estilo (EL HOMBRE BARBO).

Pero dejo de divagar. Lo que echo en falta para poder ver la ciencia-ficción como una literatura provocativa es que haya más equivalentes de esa clase de historias en la ciencia-ficción, que no se pierda (o desaproveche) tanto el sentimiento, el drama, la tragedia, la madurez, la alienación de lo conocido, incluso la abrasiva, cáustica y a veces descorazonadora transparencia de una crónica realista, en favor de la exhibición pirotécnica en torno a personajes individuales y con poca empatía. Robert Silverberg, cuando quería, apuntaba por ese camino; me acuerdo ahora de ESPINAS, MUERO POR DENTRO o ALAS NOCTURNAS. Cosas como ESPACIO REVELACIÓN, HIPERIÓN, EL JUEGO DE ENDER o las Fundaciones me entretienen y les saco provecho hasta que paso la última página, igual que me entretiene un Ken Follet. Pero, en el fondo, lo que escribe Follet no me ha aportado nada a posteriori, como tampoco lo hizo Reynolds pese a divertirme un rato. Y nadie dice que Follet sea la cumbre de la literatura occidental.

Volviendo al tema, a mí me gustaría de veras que la ciencia-ficción fuese más popular. Claro que para serlo tendría que abrir sus ventanas, coger más referencias del resto de la vida, aparte de las de su propio hibernadero, para utilizarlas en su marco especulativo. El lector no tiene que ser sólo un espectador; la ciencia-ficción tiene que fundirse con él, hurgar en sus impulsos, emociones, traumas, miedos, construirse a sí misma con ellos, y dejar un cambio que perdure, que sea trascendente, porque esa es la diferencia entre la Gran Literatura y la pequeña literatura.

…y luego se preguntan por qué no tengo conversación de ascensor.

© Fran Ontanaya
(1.142 palabras)
Publicado originalmente en Las crónicas del tecnomante el 8 de agosto de 2006
CC 2.5


Locución de Francisco José Súñer Iglesias
Producido por Francisco José Súñer Iglesias para el Sitio de Ciencia-Ficción
Fondo musical: Barcelona Dawn (live) de MuSiK
bajo licencia Creative Commons 2.0 (by-nc-nd) con permiso del autor