Especial Noveno Aniversario
En compañía o en solitario. ¿Cómo recorrer el camino de la ciencia-ficción?
Especial Noveno Aniversario
por Dixon Acosta

Un viejo adagio reza que vale más estar solo que mal acompañado. Sin embargo, esta postura filosófica popular riñe con una verdad histórica, el ser humano es animal social, por más esfuerzos que haga en cultivar el arte de la soledad. Es difícil pensar a alguien solo, Adán tuvo que gritar por una compañera, Robinson luego de sufrir encontró a Viernes o quizás Viernes rescató al náufrago. Casi resulta antinatural ir contra la corriente social.

La ciencia-ficción no es indiferente a la disyuntiva entre soledad y compañía. Quienes tomamos en serio este género literario y artístico, consideramos que la ciencia-ficción parte de la tradición humanista de preguntarse por el pasado y proyectarse hacia el futuro, haciendo las preguntas esenciales, como las han formulado la mitología, la religión, la filosofía y otras ciencias humanas (sociología y antropología). Las cuestiones fundamentales, quiénes somos, de dónde venimos, para dónde vamos, cuál es el sentido de nuestra existencia. Sin embargo, hay una diferencia entre la ciencia-ficción y esas creencias, disciplinas o prácticas humanas, en nuestro género de interés no necesariamente se crean iglesias o escuelas entre sus seguidores (escuela en el sentido de doctrina, pues se sabe de la existencia de cursos académicos sobre la ciencia-ficción, por fortuna).

A pesar de utilizar términos como fanáticos o culto para referirnos a quienes siguen a obras y autores, los aficionados no han fundado sectas (a no ser que existan sociedades secretas), sólo se habla de asociaciones, clubes, incluso comunidades bien sea de lectores o cinéfilos, cuyos integrantes organizan encuentros, foros, congresos y repiten los ritos de cualquier evento académico o farandulero. Considero que en el caso de la ciencia-ficción, la necesidad de buscar sociedades o asociaciones, resulta como alternativa a la sutil discriminación de algunos sectores e incluso frente a las mismas dudas de los aficionados.

Es lógico que las personas que tienen algo en común, se atraigan y busquen espacios y tiempos en compañía, es el origen de la institución del matrimonio y de otras empresas productivas y reproductivas. Sin embargo, todavía existen seres misantrópicos, que huyen de las multitudes, una especie de monjes ascetas. Usualmente encontramos dos tipos, los que realmente son especialistas y dibujan una sonrisa comprensiva al leer a los del segundo tipo, los aficionados esporádicos, quienes no son expertos, diletantes que escriben con alguna frecuencia sus opiniones. Reconozco que pertenezco al segundo grupo, en mi caso además las responsabilidades formales de la vida, impiden que pueda integrar un grupo o una comunidad dedicada al tema de la ciencia-ficción y participar de un diálogo, seguramente fértil y fluido.

Aunque soy un convencido que la creación debe ser individual, un ejercicio solitario, en cierta medida autocrático (Dios no necesitó formar una comisión o llamar a un referendo para dar rienda suelta a su imaginación), el disfrute de la obra se pretende que sea masivo, comunitario. En ese sentido, la necesidad de crear sociedades o asociaciones es positiva, como medio de reflexión y análisis, mientras no se convierta en mecanismo de refuerzo de la discriminación de los sectores que subestiman a la ciencia-ficción, ni conlleve el fanatismo de algunas iglesias o la rigidez de ciertas escuelas.

Un círculo por naturaleza es cerrado, pero no debería serlo tanto que sea necesariamente excluyente y por consiguiente excluido. En el caso de la ciencia-ficción, las asociaciones deben propender por la divulgación y análisis de las grandes obras y autores, evitando la creación de un gueto de seres marginados, vistos por los demás como excéntricos, loquitos simpáticos o rotundamente peligrosos.

© Dixon Acosta, (590 palabras)
Dixon Acosta es colaborador habitual del Sitio de Ciencia-Ficcion y QuintaDimension