El futuro en que vivimos
4. El derecho a leer
por Francisco José Súñer Iglesias

Hay dos noticias sin relación aparente que me están haciendo reflexionar acerca de la poca o nula voluntad de adaptación que muchas industrias tienen respecto a las nuevas tecnologías.

La primera noticia viene desde Francia. Allí, en el momento de escribir estas líneas, se está debatiendo por el procedimiento de urgencia en la Asamblea Nacional, una nueva ley de protección de la propiedad intelectual que hará ilegal prácticamente cualquier cosa que no sea reproducir la música o película, adquiridas con todas las de la ley, en la intimidad del hogar y en los aparatos que se decidan adecuados para ello.

Si el texto prospera no se podrá reproducir un CD en un ordenador, no se podrá ver un DVD en sistemas operativos cuyo software no provea de mecanismos de control de Copyright (DRM) no se podrá prestar ese CD o DVD, no se podrá pasar a MP3 para escucharlo cómodamente en otras circunstancias distintas a las que el legislador decida, no se podrá hacer una copia de seguridad en prevención de robos o deterioros, por si fuera poco, los proveedores de Internet tendrá la obligación de evitar que cualquier archivo cuyo contenido esté protegido mediante Copyright viaje por las redes...

En realidad no conozco el texto de la ley francesa más que por resúmenes de prensa y esto que cuento no deja de ser una aproximación apresurada y probablemente inexacta, pero en esencia es una ley hecha a medida de la industria del entretenimiento y las sociedades de gestión de derechos de autor, una ley que, en vez de luchar contra la falsificación sistematizada de CD y DVD y concienciar (que no criminalizar) al consumidor sobre la falta de ética que supone transformar y redistribuir el producto cultural en condiciones distintas a las deseadas por su autor, ataca directamente, no voy a decir que a uno de los derechos fundamentales del hombre, pero si a la esencia misma de la cultura; cultura no es sólo creación y distribución, es intercambio y recreación, descubrimiento y mezcla.

Evitar que la cultura se desarrolle libremente y limitar su ámbito a lo que decidan editoras y productoras, cortar de raíz lo que es uno de los fundamentos del libre intercambio de ideas y dejar a decisión de los oligopolios no sólo el como y el donde, sino hasta quien puede disfrutar de la cultura, si es matarla.

Uno de los pilares en los que se basará este recorte de los derechos fundamentales del hombre (ahora si) son los DRM, (del inglés Digital Rigths Management) que supondrán la definitiva paralización del libre intercambio cultural. Un libro, un CD en su formato actual, sólo necesitan que alguien los lea o los reproduzca en el aparato adecuado. Un libro electrónico o un CD con DRM sólo podrán ser reproducidos en un aparato de características muy específicas capaz de decodificar ese DRM. Y será ilegal crear programas o aparatos que se salten esos DRM. En Francia están en ello.

En resumen, serán los editores quienes decidan como se accede al conocimiento. Tan escalofriante como eso. Richard Stallman (uno de los impulsores del software libre) ya lo previó hace años en su relato EL DERECHO A LEER. Ese futuro estremecedor ya está aquí, ¿qué son si no las zonas de los DVD? Son una limitación artificial sin ninguna finalidad técnica. Sólo evitar la libre circulación de la cultura, incluso pagando por ella ¿Por qué no me voy a poder comprar, supongamos, el DVD de NUEVE REINAS en Argentina si resultara ser más barato que en España, portes incluidos? Porque a la industria cinematográfica no le da la gana.

Y todas estas protecciones, tan artificiales como histéricas, contrastan, asombrosamente, con la reacción de otra industria que también obtiene su base de clientes de la adicción y las agresiones publicitarias; la tabaquera.

A principios de 2006 España va a ser un país libre de humo de tabaco. No se podrá fumar en ningún local público, con ciertas excepciones en el ramo de la hostelería, no se podrá publicitar el tabaco, y no se tratará la adicción por parte de la seguridad social (lo más hipócrita de toda la ley) ¿Cómo ha reaccionado la industria tabaquera ante esto? Nada de histerias, nada de lamentaciones, nada de victimismos persecutorios ni aventar los miles de puestos de trabajo que se perderán (o no) Ha reaccionado como debe hacerlo la industria; ha diversificado el producto, ha bajado los precios hasta límites insospechados (un euro y medio la cajetilla de 20 cigarrillos) todo, para llegar a un público más joven y evitar que las restricciones le supongan un varapalo económico.

No entro a valorar lo perjudicial del tabaco, sólo expongo como han reaccionado dos industrias ante situaciones adversas, la del entretenimiento lloriqueando echándose a las tetas del estado, presionando de forma obscena para que se modifiquen las leyes a su favor, poniéndose en contra del producto que venden y de sus compradores (el escándalo de los CD con virus de SONY todavía no está cerrado). La tabaquera, al contrario, perseguida y perjudicada notablemente por la ley se ha adaptado a ella y ha hecho un esfuerzo de dedicación y talento para intentar sobrevivir.

Lo que resulta paradójico del caso es que la industria de la cultura, donde se supone que está la inteligencia, ha demostrado no tenerla en absoluto, ha recurrido a la fuerza bruta, a la publicidad engañosa (como lo es pretender meter en el mismo saco a falsificadores y usuarios domésticos) a la presión burda para modificar la ley a su favor y en contra del ciudadano, mientras que la industria que se aprovecha de las adicciones y los instintos más básicos de los consumidores está dando una muestra ejemplar de adaptabilidad y búsqueda imaginativa de soluciones.

Los próximos años serán años interesantes. Si prospera la iniciativa legislativa francesa, y ésta se propaga por el resto de Europa, podemos vernos abocados a un futuro negro, donde la cultura, secuestrada, estará vedada para quienes no puedan pagar por su disfrute; el canon por préstamo en las bibliotecas es un ejemplo escalofriante de lo que hablo.

Revisión del 17 de enero de 2006: Parece que la cordura se hace dueña del asunto, tras su rechazo, el gobierno francés ha modificado el proyecto de ley distinguiendo claramente lo que es falsificación de lo que no lo es.

Revisión del 26 de enero de 2006: Finalmente, incluso las tabaqueras tienen que claudicar ante la presión impositiva y aumentar el precio del tabaco... aunque no todas dan la batalla por perdida e insisten en atacar de frente los cambios del mercado.

© Francisco José Súñer Iglesias
(1.092 palabras)

Locución de Francisco José Súñer Iglesias
Producido por Francisco José Súñer Iglesias para el Sitio de Ciencia-Ficción
Fondo musical: Jungle2 de Matvingtsept
bajo licencia Creative Commons 2.0 (by-nc-nd)